'Esto no es un misterioso asesinato'

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Cine & Teatro

'Esto no es un misterioso asesinato': los genios del surrealismo protagonizan una trama de Agatha Christie

Los cineastas belgas Christophe Dirickx y Matthias Lebeer estrenan una serie donde mezclan los mundos estéticos y fantásticos de la escritora policiaca y del pintor René Magritte

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"Bello como el encuentro fortuito de una máquina de coser y un paraguas sobre una mesa de disección" escribió Lautréamont en Los cantos de Maldoror, creando una poderosa imagen de esa belleza de lo insólito que inspiró a los surrealistas. Parafraseando a Lautréamont podríamos decir: “Delicioso como el encuentro fortuito entre una trama de novela de Agatha Christie -con su mansión en la campiña y sus cadáveres- y un grupo de artistas del movimiento surrealista en el papel de sospechosos”. Esto no es una pipa tituló Magritte uno de sus cuadros más famosos, jugando con la idea de que la representación de una pipa no es una pipa y al mismo tiempo creando una paradoja con la frase negativa que acompaña a la pipa o a su representación.

Parafraseando esta célebre sentencia, los belgas Christophe Dirickx y Matthias Lebeer han creado una serie titulada Esto no es un misterioso asesinato (This is not a Murder Mistery), que consta de seis capítulos y se estrena en Filmin el 7 de abril. Tiene en ella un protagonismo destacado su compatriota René Magritte, invitado en 1936 por una aristócrata británica a pasar unos días en una mansión en la campiña de West Sussex. Lo acompañan otros surrealistas -Salvador y Gala Dalí, Man Ray y Lee Miller, y Max Ernst- de los que va a organizar en un edificio adyacente la primera exposición de este movimiento de vanguardia en Inglaterra. 

La mansión que aparece en la serie es real, se llama West Dean House y en esa época pertenecía a William Dodge James, cuyo único hijo varón y heredero era Edward James, poeta, coleccionista y mecenas de los surrealistas, a los que encargó obras emblemáticas como el Teléfono afrodisiaco o Teléfono langosta de Dalí (cuya gestación como icónico object surréaliste asoma en un capítulo). James fue retratado en dos ocasiones por Magritte: en El principio del placer y en el celebérrimo La reproducción prohibida (en el que aparece de espaldas y su imagen, también de espaldas, se refleja -o más bien replica- en un espejo, en una escena imposible). 

'Esto no es un misterioso asesinato'

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En Esto no es un misterioso asesinato a Edward James se lo sustituye por una mujer llamada Lord James como propietaria de la mansión. Aquí empieza la ficción, que se prolonga con la aparición de un primer cadáver, al que seguirán varios más. La primera víctima es una joven artista, prima de la propietaria de la casa, a la que encuentran muerta en una cama, junto a un traspuesto Magritte. Ambos aparecen con los rostros cubiertos con unos echarpes de seda blanca, imitando otro famoso lienzo del pintor: Los amantes. El asesinato trae a la mansión a un inspector jefe de Scotland Yard muy flemático y ataviado con traje y bombín. En la secuencia en la que sube al tejado y su figura se recorta contra las nubes se crea una imagen que es un claro guiño a los lienzos de Magritte protagonizados por señores con bombín que flotan en el cielo. Acompaña al inspector una detective negra y regordeta, que no para de estornudar por sus alergias y que resulta ser muy lista. 

Los invitados surrealistas y los miembros del servicio pasan de inmediato a la condición de sospechosos. El principal es Magritte, que ha aparecido en la cama junto a la muerta. Para demostrar su inocencia despliega unas inusitadas dotes detectivescas y empieza a recabar pistas para la pareja de investigadores de Scotland Yard.  No tardan en aparecer más cadáveres. La policía prohíbe que nadie abandone la mansión y ya tenemos montado un típico who-done-it estilo Agatha Chirstie, en este caso protagonizado por un grupo de artistas surrealistas. A los cadáveres que se van acumulando en el presente se les suman varios cadáveres del pasado que aparecen en sucesivos flasbacks: el hermano de la dueña de la mansión; el hijo pequeño de la primera asesinada, ahogado en una piscina, y sobre todo la madre de Magritte. 

'Esto no es un misterioso asesinato'

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Este último cadáver es real: la madre del pintor, con problemas mentales, se suicidó lanzándose a un río y el padre culpó a su hijo René de lo sucedido, porque le había encargado que la mantuviera encerrada con llave su habitación y él olvidó hacerlo. Además, según algunas versiones -aunque no todos los especialistas están de acuerdo-, el pequeño Magritte vio cómo sacaban del río el cadáver de la madre, cuyo rostro estaba cubierto por un echarpe blanco que llevaba al cuello. La imagen lo habría obsesionado y le habría inspirado el cuadro Los amantes

Esto no es un misterioso asesinato combina con inteligencia los clichés de las novelas de Agatha Chirstie y lo british -la mansión, la copita de oporto, la flema de los detectives, la presencia de bobbies uniformados vigilando la casa, los pasadizos secretos…- con guiños de los surrealistas. Aparecen varias obras emblemáticas, alguna de las cuales -la plancha con clavos de Man Ray- es utilizada como instrumento criminal. La serie se toma algunas licencias, pero solo comete un error de bulto imperdonable: es imposible que en 1936 el detective, al interrogar a Lee Miller, se refiera a ella como “la famosa reportera de guerra”. Entonces no era más que una modelo y una fotógrafa surrealista; su faceta de reportera bélica no empezó hasta que acompaño al ejército estadounidense en el desembarco de Normandía. 

'Esto no es un misterioso asesinato'

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Por lo demás, el parecido de los actores con los artistas a los que interpretan es más que razonable. Hay que mencionar al barcelonés Iñaki Mur en el papel de un histriónico e histérico Salvador Dalí, que en una escena se pone una barretina, habla un inglés macarrónico y de vez en cuando mete alguna frase en castellano o en catalán. Dirige la mayoría de episodios Hans Herbots, en cuya larga carrera destaca la magnífica serie La Serpiente (disponible en Netflix), sobre el caso real de un serial killer que en los años setenta mataba a incautos hippies que viajaban al Sudeste asiático en busca de la espiritualidad y exotismo.  

La denostada Christie sigue siendo una autora influyente. A pesar de que supuestamente la novela negra americana -más realista, con más carga social- debía haber acabado con su reinado, los enigmas de la británica y sus improbables detectives (Miss Marple y Hercule Poirot, belga como Magritte) siguen siendo populares. Puede que su literatura resulte rancia y excesivamente liviana para los paladares exquisitos, pero modas recientes como el llamado cozy crime parten de ella, a las plataformas no paran de llegar series inspiradas en sus obras, Kenneth Branagh lleva años empeñado en resucitar a Poirot… 

Sin embargo, las propuestas más interesantes nacidas de su literatura son aquellas que manejan sus clichés para crear jugosos pastiches con una vuelta de tuerca. Lo hizo Robert Altman en 2001 con Gosford Park, que partía de un brillante guion de Julian Fellowes (el creador de la exitosa y un poco acartonada Downton Abbey). Lo hizo Tom George en la deliciosa Mira como corren, con una impagable pareja de investigadores -Sam Rockwell y Saoirse Ronan- y en la que al final, como broche, aparecía la propia Christie como personaje. Y lo hace ahora esta serie belga rodada con el primor y la impecable ambientación de esas producciones de época de la televisión británica tipo Retorno a Brideshead

'Esto no es un misterioso asesinato'

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Esto no es un misterioso asesinato es un inteligente divertimento que juega con la idea de un artista que convierte el crimen en obra de arte (en la línea de El asesinato considerado como una de las bellas artes de De Quincey) o de un criminal con vocación estética. Y plantea también ciertos paralelismos entre la investigación detectivesca y la investigación de los artistas del surrealismo, con su exploración  del mundo onírico y la transgresión. 

Es probable que el espectador versado en whodonits adivine la identidad del asesino antes del final (en el que se suman a la fiesta Picasso, Freud y las coleccionistas millonarias Peggy Guggenheim y Nancy Cunard), pero eso no fastidia la función. Porque este ingenioso artefacto televisivo es disfrutable como coctel de Agatha Christie y surrealistas. En un panorama en el que abundan las series cansinamente repetitivas, estiradas hasta el infinito y prescindibles se agradece este simpático brote de originalidad.