Imagen extraída de la película 'The historiy of sound'

Imagen extraída de la película 'The historiy of sound'

Cine & Teatro

'The History of Sound': la más bella y trágica historia de amor imposible

La última película de Oliver Hermanus, una bella y trágica historia de amor sustentada en la contención y la imposibilidad de la pasión

También: 'Cronos': Barcelona, 17 de agosto de 2017

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Se estrenó en el Festival de Cannes, donde cosechó críticas entre desdeñosas y despectivas (con alguna honrosa excepción). Estaba previsto que llegara a los cines españoles, pero Universal —que este verano tenía entre manos La Odisea de Nolan— decidió al final no estrenarla en salas. Ha acabado estrenándose en streaming, casi de tapadillo, en SkyShowtime. Y, sin embargo, para mí es una de las grandes películas del año.

Les hablo de The History of Sound, de Oliver Hermanus, protagonizada por dos estrellas en alza: Paul Mescal y Josh O’Connor. La crítica más perezosa de inmediato la comparó con Brokeback Mountain; tienen elementos en común, sí, pero me parece mucho más próxima al Maurice de E. M. Forster.

Ausencia de pasión

Entre las recriminaciones que se le han hecho: es muy lenta, apenas pasa nada y no consigue transmitir la pasión. Muchos parecen no haber entendido que es una película sobre lo que germinó, pero finalmente no pudo arraigar. Su tema no es la pasión, sino su imposibilidad. Y la narrativa y la puesta en escena que el director despliega —y a muchos ha exasperado o aburrido— están dedicadas a contar eso: una ausencia, un vacío.

La trama arranca en 1917, cuando dos estudiantes de música se conocen en Boston e inician una relación amorosa. Lionel (Mescal) ha crecido en una remota granja de Kentucky y David (O’Connor) tiene más mundo, ha vivido en dos continentes, ha perdido a sus padres y tiene claras las verdades de la vida. Cuando Lionel se muestra conmovido por la pérdida de sus progenitores, él le responde con rotundidad: “Todas las personas que conoces morirán”.

La primera separación llegará cuando David es llamado a filas y enviado a combatir en Europa en la Primera Guerra Mundial, mientras que Lionel se salva por su miopía y regresa a la granja paterna.

Años después se reencontrarán y, durante un verano inolvidable, recorrerán lugares remotos de Maine para grabar en cilindros de cera canciones folclóricas que cantan los lugareños. El viaje está claramente inspirado en las expediciones etnomusicológicas del folclorista John Lomax y su hijo Alan.

Tras ese verano, llegará una segunda y definitiva separación. A partir de ahí, el largometraje se centra en Lionel, que viaja a Roma para cantar en un coro, y allí mantiene una relación con un joven italiano. Después se traslada a Oxford, donde está a punto de casarse con una joven aristócrata.

Imagen extraída de 'The history of sound'

Imagen extraída de 'The history of sound' Universal

En ambos casos, cuando llega el momento de comprometerse, opta por la huida. Su existencia es una fuga permanente, debatiéndose entre el empeño de autoengañarse y el recuerdo de David, que dejó de escribir cartas y cuya pista ha perdido.

Muchos años después, Lionel descubrirá la verdad de lo sucedido y en homenaje a su amigo emprenderá un viaje al Lake District, tierra de poetas, de agreste belleza, en el noroeste de Inglaterra. Y ya anciano —lo interpreta en esas escenas finales el gran Chris Cooper— recibirá un paquete con aquellos cilindros que grabaron y él daba por perdidos. Y entre ellos encontrará uno que es una confesión.

Imagen extraída de 'The history of sound'

Imagen extraída de 'The history of sound' Universal

Inspirada en un par de relatos del escritor estadounidense Ben Shattuck, The History of Sound es mucho más que la historia de una relación homosexual torpedeada por las convenciones sociales. Es la evocación de un amor, de su imposibilidad y su pervivencia en la memoria. Una exploración del anhelo de lo que no pudo ser.

La clave de no mostrar

¿Es lenta y aburrida porque no sucede apenas nada y no transmite pasión? No, es sutil, elíptica, elusiva, precisamente porque habla de la ausencia. Y sí, se toma su tiempo y da mucho espacio a las canciones que los dos amigos graban. ¿Por qué? Porque es a través de ellas —con una delicadeza exquisita— como se cuenta la evolución de ese amor imposible.

Hay una escena bellísima en la que un niño le pregunta a Lionel cómo puede ser que esos cilindros atrapen las canciones y él le explica la esencia del sonido y el milagro de cómo esos artilugios logran preservarlo. Sin embargo, esos cilindros que guardan el pasado, la historia del sonido de tantas vidas, no podrán preservar la relación descarrilada de los dos protagonistas.

En la época en la que está ambientada la trama, su amor iba contracorriente. Hermanus da algunas pinceladas del contexto social, pero nunca subraya, ni se deja arrastrar hacia el melodrama. La contención marca el tono y el cineasta juega una y otra vez con la elipsis. Basten dos ejemplos del excepcional manejo de este recurso.

Imagen extraída de 'The history of sound'

Imagen extraída de 'The history of sound' Universal

El primero, el inicial encuentro sexual entre los protagonistas, en el que, sin mostrar el acto físico, logra transmitir toda la tensión erótica del momento. Y el segundo, el de la despedida en una estación de tren, tras pasar el verano juntos, en el que la cámara se centra en el leve temblor de la mano de David.

Una actuación precisa

Una parte enorme del logro del largometraje hay que atribuírselo a los dos actores. Mescal y O’Connor tienen la virtud —nada frecuente— de transmitir emociones sin mover un solo músculo. Sus miradas expresan todo un mundo interior. El director, Oliver Hermanus, desarrolló su carrera en su país de origen, Sudáfrica, con varios títulos de temática homosexual, que no conozco.

Hasta que saltó a la escena internacional con la producción británica Living, un remake de Vivir de Kurosawa, con guion de Kazuo Ishiguro. Bill Nighy interpretaba a un gris funcionario que, al descubrir que padecía una enfermedad terminal, trataba de dar sentido a su anodina existencia.

The History of Sound es —como la excelsa Sueños de trenes estrenada también en streaming el año pasado— una película cuya estética es deudora de las lecciones de Terrence Malick. Pero la virtud de ambas es que no caen en el error de tratar de imitarlo. El virtuosismo estético de The History of Sound nace de la cuidada fotografía.

De colores apagados, de Alexander Dynan, que trabajó con Paul Schrader en su trilogía de los hombres atormentados en busca de redención: El reverendo, El jugador de cartas y El maestro jardinero. En esas cintas, la tonalidad era un instrumento para plasmar el paisaje moral de sus protagonistas. En este caso está al servicio de una bella y trágica historia de amor imposible.