'Dos fiscales'

'Dos fiscales'

Cine & Teatro

'Dos fiscales': el estalinismo como pesadilla kafkiana

Sergei Loznitsa, cineasta ucraniano de origen bielorruso, indaga en la representación del mal en una película sobre el penal soviético de provincias donde el régimen totalitario ruso torturó al disidente político Georgy Demidov

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Hay películas sobre el nazismo para aburrir, pero son muchas menos las dedicadas al estalinismo. La izquierda sigue teniendo la hegemonía cultural y siempre es más cómodo contar las maldades del fascismo que las del comunismo. Hemos pasado de los tontos útiles a los olvidadizos por conveniencia. Sin embargo, hay quien se empeña en hurgar en ese pasado siniestro. Por ejemplo, el cineasta ucraniano de origen bielorruso Sergei Loznitsa (Baranovichi, 1964), de quien llega a las pantallas la perspicaz y desasosegante Dos fiscales, situada en la Unión Soviética en 1937, en plena pesadilla del Gran Terror estalinista. Loznitsa es un director de larga trayectoria, cuya carrera se puede subdividir en tres grandes bloques: sus dos vertientes claramente diferenciadas como documentalista y sus largometrajes de ficción, apartado al que pertenece Dos fiscales. En todos los casos, su cine es político, centrado en el pasado soviético y el presente de sus herederos. Sus películas más relevantes están disponibles en Filmin. 

Una de sus facetas es la de documentalista que observa y deja testimonio del presente, en cintas como Maidan (2014) sobre la revolución popular ucraniana para romper con la tutela de Moscú, y La invasión (2024), acerca de sus desoladoras consecuencias, o Mr. Landsbergis (2021) sobre el heroico profesor de música que lideró la independencia lituana. También pertenecen a este bloque dos estimulantes miradas, no exentas de malévola ironía, sobre los aspectos menos edificantes de las conmemoraciones históricas: Austerlitz (2016), que observa a los turistas que vistan los campos de exterminio nazi, al borde de convertirse en parques temáticos, y Victory Day (2018), sobre la celebración del aniversario de la entrada de las tropas soviéticas en Berlín, convertida en otro parque temático, en este caso de nostálgicos del comunismo

'Dos fiscales'

'Dos fiscales'

Sin embargo, su mayor aportación al documental es el rescate de archivos visuales de sombríos episodios del pasado. Estos largometrajes están construidos sin el apoyo de una voz narradora que contextualice los hechos, ni entrevistas que aporten puntos de vista. Son las propias imágenes históricas desnudas las que exponen el horror. A este grupo pertenecen El último imperio (2015), sobre el desmoronamiento de la Unión Soviética y El juicio (2018), con las filmaciones del proceso orquestado en Moscú en 1930 contra un grupo de ingenieros y economistas a los que se acusaba de pertenecer a un partido opositor inexistente. Todo se basaba en falsas pruebas creadas por la OGPU y los acusados acabaron confesando sus supuestos crímenes ante una sala abarrotada de fervientes comunistas. Fueron condenados a penas de cárcel y algunos acabaron fusilados. Este juicio teatralizado fue la primera probatura de lo que después sería la Gran Purga

Otro documental de este estilo es State Funeral (2019), que reúne las imágenes del lacrimógeno duelo popular y los funerales de estado del padrecito Stalin. Sin embargo, el más sobrecogedor es Babi Yar. Context (2021), que reconstruye con filmaciones de la época el asesinato de 33.771 judíos ucranianos en el barranco de Babi Yar, en las afueras de Kiev. Lo llevaron a cabo, entre el 29 y el 30 de septiembre de 1941, los Einsatzgruppen de las SS y sonderkommandos ucranianos, con la connivencia de buena parte de la población local. La parte final de la película documenta el ahorcamiento público de algunos culpables detenidos tras la recuperación de la zona por el Ejército Rojo y se cierra con el aterrador testimonio de una superviviente de la masacre en un juicio celebrado en 1946. 

'Babi Yar'

'Babi Yar'

Esta cinta tiene su continuación en The Kiev Trial (2022), que reúne todo el material del juicio de 1946. Estos dos documentales le generaron a Loznitsa reacciones de hostilidad en su país, porque la matanza de Babi Yar es una incómoda vergüenza nacional, por la anuencia de buena parte de la población local. A este bloque de documentales pertenece también Sobre la historia natural de la destrucción (2022), inspirada en el libro del mismo título de W. G. Sebald y centrada en los bombardeos aliados de ciudades alemanas durante la guerra. 

En cuanto al cine de ficción de Loznitsa, se había caracterizado hasta ahora por su manejo del absurdo con un punto esperpéntico, mediante escenas grotescas que se alargan hasta generar incomodidad en el espectador. Un ejemplo paradigmático es My Joy (2010), que cuenta las desventuras de un camionero ucraniano que se desvía de su ruta y acaba en la Rusia profunda. Y sobre todo Donbass (2018), crónica de los disparates cotidianos, las mentiras propagandísticas y la imbecilidad humana que reinan cuando los separatistas prorrusos toman el control militar de una parte de esta región

Sin embargo, en Dos fiscales el director opta por un planteamiento muy distinto, de una austeridad y morosidad radicales, que conectan este largometraje de ficción con el despojado rigor de sus documentales basados en filmaciones de época. El punto de partida es un relato autobiográfico del físico y prisionero político Georgy Demidov, que fue detenido y torturado con falsas acusaciones, y acabó en el gulag de Kolima. Allí conoció a Varlam Shalamov, el autor de Relatos de Kolima. En 1958 Demidov fue rehabilitado. 

'Donbass'

'Donbass'

El argumento de la película es muy simple: en un penal soviético de provincias, un anciano prisionero político recibe la orden de quemar las cartas que los condenados escriben y los guardianes nunca envían. Logra esconder una que le llama la atención: es un pedazo de cartón con un texto escrito con sangre. La carta, en la que un preso del pabellón especial se queja del injusto trato recibido, llega a manos de un joven fiscal recién nombrado. Un idealista que cree en la revolución y en la justicia. Pese a los insistentes intentos de disuadirlo por parte de los gerifaltes de la prisión, logra entrevistarse con el autor de la misiva. Se trata de un viejo jurista comunista, torturado de forma brutal para que firme una confesión que se niega a firmar. El joven fiscal decide viajar hasta Moscú para exponer el caso ante el fiscal general -el segundo fiscal del título-, que en la época era Andrey Vyshinsky. Un siniestro personaje real, de actitud parsimoniosa y ceremoniosa, que aparece en el documental El juicio, y que después fue ministro de Exteriores. Los desvelos del joven para que prevalezca la justicia parecen surtir efecto, pero su candorosa inconsciencia ha desencadenado un proceso implacable… 

Dos fiscales plantea una pregunta relevante: ¿cómo representar el mal sin banalizarlo ni caer en la pornografía del exhibicionismo del horror? En el caso del nazismo, esta pregunta ha producido respuestas osadas: desde el documental Shoah de Lanzmann hasta La zona de interés de Glaser. En el caso del estalinismo, una aproximación posible era la que planteaba la negra -muy negra- comedia británica de Armando Iannucci La muerte de Stalin (basada en el comic del mismo título de Fabien Nury y Thierry Robin). Habrá quien considere que con ciertos temas no se puede bromear y quien lamente que se acaba humanizado -aunque sea por su mezquindad e instinto de supervivencia- a parte de la camarilla que rodeaba al asesino de masas. Pero ridiculizar a los tiranos y sus lugartenientes es un modo de derrotarlos moralmente, como supieron ver en plena guerra Lubitsch (To Be or Not To Be) y Chaplin (El gran dictador). 

'El juicio'

'El juicio'

La propuesta de Loznitsa toma un camino muy diferente, pero también evita la banalización y lo trillado. Dos fiscales es un ejercicio formal de un rigor apabullante. Su puesta en escena es bressoniana, de metódica austeridad. Buena parte del metraje consiste en una sucesión de largas esperas, de puertas con sus respectivos guardianes que las abren y las cierran y dan acceso a nuevos espacios carcelarios que desembocan en otros, en una sucesión que parece no tener fin. Y cuando el joven fiscal acude a Moscú a entrevistarse con su jefe, vuelve a suceder lo mismo: esperas, puertas cerradas, autoridades que miran con frialdad, guardan silencio y muestran actitudes disuasivas… La película elude las escenas de brutales torturas, el drama descarnado, los gritos de dolor y desesperación… Muestra la glacial e implacable burocracia del terror

La prisión estalinista es como el castillo de Kafka y el joven fiscal es como el agrimensor K. Al final, en el tren de regreso desde Moscú, comparte compartimento con dos tipos extraños, en los que se intuye algo siniestro; estos personajes parecen sacados de La fiesta de cumpleaños de Harold Pinter. Dos fiscales impacientará a los impacientes, pero es una obra cinematográfica deslumbrante, que muestra el estalinismo bajo el prisma de lo kafkiano y del teatro del absurdo.