Imagen de la serie ‘Entrepreneurs’: un retrato de la estupidez contemporánea

Imagen de la serie ‘Entrepreneurs’: un retrato de la estupidez contemporánea

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‘Entrepreneurs’: retrato de la estupidez contemporánea

Nadie como 'Pantomima Full' para retratar a lo más tonto de la sociedad, con especial atención a la gente pretenciosa de su generación que incurre en los más ridículos tics 'moderniquis' para maquillar un poco unas vidas que dan bastante 'penica'

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Rober Bodegas y Alberto Casado, cómicos, escritores y escritores cómicos, parecen obsesionados por un tema: la estupidez contemporánea, a la que han dedicado lo mejor de su talento desde que formaron el dúo Pantomima Full, primero en el teatro y luego, a partir de 2016, con sus hilarantes cápsulas en las redes sociales, que les garantizaron justa fama.

Nadie como ellos para retratar a lo más tonto de la sociedad, con especial atención a la gente pretenciosa de su generación que incurre en los más ridículos tics moderniquis para maquillar un poco unas vidas que dan bastante penica. Quienes no les ven la gracia los acusan de practicar una crueldad excesiva con sus víctimas. Quienes sí se la vemos, pensamos que a veces se quedan cortos.

Pero, por regla general, las cápsulas sarcásticas de Pantomima Full constituyen un panorama muy completo de la estupidez española con pretensiones.

imagen de la serie 'Entrepreneurs'

imagen de la serie 'Entrepreneurs'

El paso de la cápsula en redes a la serie de televisión era inevitable, ya que se supone que el artista tiene que crecer. Y se ha aprobado con nota gracias a Entrepreneurs (diez episodios de veintitantos minutos de duración), que puede (y debe) verse en Disney Plus y que es, junto a Poquita fe, de lo más grande que ha dado la telecomedia española en los últimos años.

El hambre con las ganas de comer

Entrepreneurs (ese palabro que tanto le gusta a Donald Trump) narra las lamentables andanzas de Gonzalo Castellanos (Rober Bodegas) y Jacobo Torres (Alberto Casado) al frente de un co working que han montado con el dinero del padre del primero, Bosco (Gonzalo de Castro), un millonario propietario de hoteles y todo tipo de negocios que ya no sabe qué hacer para que el inútil de Gonzalo (que ya ha hundido media docena de locales nocturnos: “Igual la restauración no es lo mío”, concluye el hombre, fatalistamente) se gane la vida o, por lo menos, lo aparente.

Jacobo, por su parte, es un gurú de la autoconfianza, un life coach que cobra por arreglarles la vida a los demás sin haberse tomado la molestia primero de ayudar a despegar la suya. El co working atiende por No comfort zone porque Jacobo está obsesionado por sacar a todo el mundo de su zona confort. O sea, que se han juntado el hambre y las ganas de comer, y las consecuencias las paga una pandilla de pringaos a los que se cobra por hacerles creer que son emprendedores a lo Trump, genuinos entrepreneurs.

Imagen de 'Entrepreneurs'

Imagen de 'Entrepreneurs'

Ante la catastrófica marcha de los acontecimientos, Bosco se trae a su hija Julia (Aura Garrido) de Nueva York, donde vive con un abogado insufrible que presume de ganar 200 K al año (Santiago Arvesú, tronchante protagonista de la película de Víctor García León Selfie, un tipo que no ha tenido la suerte que merecía), para que ponga orden en No comfort zone. Pero las cosas no salen según lo previsto y hasta ahí puedo leer.

Aprobado con nota

Dirigida (en parte) por Álex de la Iglesia y con la aparición de gente como Raul Cimas, Secun de la Rosa o Leonor Watling (en el papel de una aristócrata que se encapricha brevemente de Gonzalo, hasta que se da cuenta de que, además de vago e idiota, no está a su nivel de pasta), Entrepreneurs muestra a unos personajes que, además de lerdos, se trabajan duramente la estupidez de la que disfrutan y que los pone a merced de gente como Jacobo y Gonzalo.

Evidentemente, lo que funciona en una cápsula (cuatro pinceladas por personaje se bastan y se sobran) puede no hacerlo en una serie, motivo por el que aquí encontramos un poco más de penetración psicológica en la caterva de losers, así como una mirada ligeramente más empática hacia ellos: diez capítulos llenos de tontos haciendo tonterías alejarían al espectador más canalla.

En resumen, Pantomima Full se ha hecho mayor y ha aprobado con nota su salto de la cápsula a la sitcom. Y si mucha gente piensa igual que yo, puede que tengamos segunda temporada de Entrepreneurs. Que así sea.