La Moreneta, Virgen de Montserrat, en su trono el día de su procesión por los actos del 'Mil·lenari'

La Moreneta, Virgen de Montserrat, en su trono el día de su procesión por los actos del 'Mil·lenari' Luis Miguel Añón / CG

Historia

La otra Virgen de Montserrat catalana: en el Pirineo y con estética kitsch

Antes de llegar a su ermita un Sant Jordi da la bienvenida al lugar

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Si hay una virgen conocida en Cataluña, esa es la de Montserrat. Con su tez negra y el sobrenombre de la Moreneta, se ha ganado un lugar en el corazón de muchos catalanes.

Ayuda también el hecho de estar en una montaña con formas particulares, que en su día estuvo bajo el mar y cubierta por un halo de misterio y leyendas de fenómenos paranormales e históricos. Todo suma.

En cualquier caso, la devoción por esta imagen religiosa no se circunscribe a la montaña de Montserrat de Barcelona. Son muchas las iglesias que tienen alguna talla o figura de esta virgen en algunas de sus capillas. Pero hay una que sorprende a las puertas del Pirineo.

Se trata de una figura más de la Moreneta, sí, pero el lugar en concreto es otro. Se encuentra, sí, a las puertas del Pirineo, en Sant Quirze de Besora. Y la estética del lugar es otra, mucho más ecléctica, por no decir kitsch.

Un origen particular

Lo curioso es que el origen de la capilla es previo al kitsch. Todo empieza en 1860. El impulsor del templo fue el empresario Josep Guixà, fundador de una de las primeras hilaturas textiles de la península en el pueblo.

Como era típico en la época, la construcción de la fábrica, junto al río Ter, vino también acompañada de la edificación de toda una colonia para dar cobijo a los trabajadores.

Quién estuvo allí

Fueron más de 300 personas las que pasaron por allí. Para ellos se construyeron varias viviendas, algunos negocios y, como no, una pequeña capilla, que estuvo dedicada a la Moreneta.

Todo ello quedó abandonado tras el cierre de la fábrica en 1987. Las edificaciones quedaron allí, sin vida. Aun así, la colonia y la capilla sobrevivieron incluso a la Guerra Civil.

Así pasaron los años y el templo dedicado a la Virgen de Montserrat de Sant Quirze de Besora resistía. La maleza iba creciendo y, de alguna manera, alguien lo fue manteniendo.

Sólo eso explica que, de camino a la capilla, uno se encuentre con una vegetación exuberante, conformada por bambúes, tejos, secuoyas y cipreses. Si uno los atraviesa, puede dar con ella.

Un Sant Jordi de bienvenida

Un rótulo artesanal con “Capilla de Montserrat” y la exhortación a “estimar el entorno” dan la bienvenida al visitante. Un camino donde también aparece otro de los patronos catalanes.

Una talla de Sant Jordi, situada en un tronco, recuerda esa iconografía tradicional catalana, que alcanza su culmen en el templo de adoración a la Moreneta.

Cómo es la capilla

La capilla tiene una estructura bastante estándar: una planta triangular, parcialmente abierta al frente, para dar la bienvenida a los devotos. Y, en el interior, llega la sorpresa.

Una estética ecléctica, colorida, completamente kitsch rodea a la virgen. Arcadas arabescadas, barandillas de hierro colado, escaleras diminutas y una lámpara colgante cobijan el altar.

Allí se encuentra la imagen central y protagonista: la Moreneta. Está en una cavidad con relieve montañoso de Montserrat como fondo, evocando la montaña santa en miniatura.

Bajo la talla principal, un fresco muestra a Cristo entre ángeles músicos, reinterpretando el gótico catalán con toques ingenuos.

Placa conmemorativa

A ello se suman vidrieras simuladas que incorporan fotos antiguas y recuerdos marianos. Incluso el suelo, un mosaico hidráulico con zócalo de azulejos, resulta especialmente curioso.

Un rótulo en catalán antiguo, “Homenatje a la Verge de Montserrat”, y una placa de 1956 datan algunas restauraciones.

Todo esto hace que cada año este lugar atraiga a centenares de curiosos e incluso feligreses que acuden el 27 de abril, día de la festividad, a la capilla de Sant Quirze de Besora.

Cómo llegar

El lugar no está muy lejos de Girona, apenas a hora y media. Se va por la C-66 y, a la altura de Besalú, se enlaza con la autovía A-26 (Eix Pirinenc) hasta Olot. Allí se continúa por la carretera C-37 y, al salir del túnel de Bracons, se enlaza con la C-17, que tiene una salida hacia el pueblo.

Desde Barcelona, en cambio, son aproximadamente dos horas. El camino es mucho más directo: se toma directamente la C-17 hasta la salida de Sant Quirze de Besora, siguiendo el valle del Ter.