La joya de Barcelona que Hitler quiso llevarse a Alemania

La joya de Barcelona que Hitler quiso llevarse a Alemania

Historia

No es modernista: la joya de Barcelona que Hitler quiso llevarse a Alemania

El dictador nazi quiso apoderarse del trono de un rey cedido a Jesucristo

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Hitler nunca invadió España. El dictador nazi tuvo siempre en Franco un aliado discreto, de aparente neutralidad. Aun así, el fascista alemán tenía grandes intereses en el país y, más concretamente, en la ciudad de Barcelona.

La catedral de la ciudad albergaba uno de los tesoros medievales más preciados para el führer, un objeto que para muchos no tiene más que un valor histórico, pero que para Hitler era mucho más.

No se trata de un edificio ni de una pintura, sino de algo más mundano y real, en todos sus sentidos: el trono de oro del rey Martí l’Humà.

Se trata de una pieza de valor incalculable que obsesionó a Adolf Hitler, hasta el punto de que el dictador intentó trasladar a Alemania este aposento para que formara parte de su particular museo de reliquias.

Una reliquia de poder divino

Lo curioso es que las razones tienen poco que ver con su valor histórico, ni siquiera artístico. Para los nazis, este objeto tenía un valor esotérico.

Si uno se remonta a la historia, nada ofrece pistas sobre ese poder. En realidad, era un objeto cotidiano, un trono que perteneció a Martín I de Aragón, conocido como "el Humano".

Dónde está

En tiempos en que la religión tenía un gran peso, el monarca dejó escrito que, tras su muerte, el trono pasara a manos del Rey de Reyes, es decir, Jesucristo. Es por eso que, en 1410, cuando Martín falleció, el trono pasó a manos de la Iglesia y se convirtió en una reliquia de poder.

El aposento real pasó de ser un asiento para mortales a servir de sitial a la custodia de la catedral de Barcelona, la pieza litúrgica que guarda la hostia consagrada. Todo un símbolo.

La Catedral de Barcelona

La Catedral de Barcelona Loca Barcelona

De todos modos, el trono también tiene un gran valor material. Se trata de un trono plegable de oro que acompañaba al rey en sus viajes y que, tras su muerte, fue utilizado en momentos históricos como la entrada de Fernando el Católico en Barcelona en 1480.

Su simbolismo religioso y su conexión con la soberanía catalanoaragonesa lo convirtieron en un objetivo prioritario para la obsesión nazi por las reliquias históricas. Hitler lo quería en su poder.

Guardada en Francia

Para lograrlo, el líder nazi quiso aprovecharse del gran momento de debilidad e inestabilidad que vivió España en plena Guerra Civil. Supo que, en 1937, la Generalitat decidió enviar el trono real y la custodia a París para protegerlos del conflicto.

Las piezas formaron parte de la exposición Art catalan du Xe au XVe siècle, celebrada en la sala Jeu de Paume durante la Exposición Internacional.

La primera obsesión de Hitler

El objetivo era doble: salvaguardar el patrimonio de posibles bombardeos y realizar una labor propagandística de la cultura catalana en el extranjero.

Cuando la exposición se trasladó al castillo de Maisons-Laffitte, cerca de la capital francesa, la noticia de la existencia de esta "silla sagrada" llegó a oídos de Hitler.

El alemán empezó entonces a mover hilos y a hacer gestiones diplomáticas para que el trono fuera enviado directamente a Berlín. Hubo incluso presiones.

Sin embargo, las negociaciones no fructificaron. En 1940, tras la caída de Francia en manos de las tropas nazis y bajo circunstancias complejas, la pieza fue finalmente devuelta a Cataluña. El trono de Martí l’Humà pudo escapar del destino que sufrieron otras obras de arte europeas expoliadas por los nazis.

La obsesión del Tercer Reich

¿Qué tenía de especial? En realidad, el valor que le dio Hitler. El dictador estuvo obsesionado con la búsqueda sistemática de objetos con carga mística.

El alemán ya había logrado hacerse con la Lanza del Destino en Viena (el arma con la que el soldado romano Longinos supuestamente atravesó el costado de Jesús) y había intentado robar la Piedra de Scone, pieza clave en la coronación de los reyes británicos.

Otra pieza deseada

Fue esa obsesión la que llevó a Hitler a querer el trono cedido a Jesucristo. Pero no fue la única: los jerarcas nazis volvieron a tierras catalanas en otras ocasiones en busca del Santo Grial, aunque tampoco tuvo éxito.

El trono de la catedral de Barcelona, por tanto, no fue tan especial, sino una pieza más en ese rompecabezas de reliquias con las que el nazismo pretendía legitimar su poder a través de la historia y el mito.

Hoy, el trono permanece en su lugar original, lejos de Berlín, en la catedral. Actualmente se expone en la sala del museo catedralicio junto a la custodia mayor,

Cada año, además, el aposento vuelve a adquirir protagonismo y recorre las calles de Barcelona durante la procesión del Corpus.