Gente pasea por la calle bajo una ola de calor
En colaboración con
El verano pone a prueba al corazón: por qué una simple ola de calor puede acabar en urgencias
La combinación de altas temperaturas, deshidratación y determinados tratamientos puede favorecer bajadas bruscas de tensión e incluso complicaciones cardíacas o renales
Noticias relacionadas
Con la llegada del verano, los servicios de Cardiología vuelven a insistir en un mensaje que conviene no pasar por alto: el calor obliga al organismo a realizar un importante esfuerzo para mantener estable la temperatura corporal. Ese mecanismo, completamente normal, puede convertirse en un problema cuando existen patologías cardiovasculares o se toman medicamentos para controlar la tensión arterial.
Cuando el termómetro se dispara, “el organismo dilata los vasos sanguíneos para eliminar calor, lo que provoca una disminución natural de la presión arterial”, explica el doctor Juli Carballo, jefe de Cardiología del Instituto del Corazón Teknon, perteneciente al Grupo Quirónsalud. A ello se suma la pérdida de líquidos y sales a través del sudor, que reduce el volumen de sangre que circula por el cuerpo. “Si el paciente ya recibe tratamiento antihipertensivo, ambos efectos pueden sumarse y favorecer mareos, debilidad o incluso desmayos”, señala el especialista.
El calor cambia las reglas
Aunque fármacos como los diuréticos o los vasodilatadores son imprescindibles para muchos pacientes, durante una ola de calor requieren una vigilancia especial. Los primeros aumentan la eliminación de líquidos y los segundos potencian la dilatación de los vasos sanguíneos, justo cuando el organismo ya está haciendo ese esfuerzo de forma natural.
“Eso no significa que haya que dejar la medicación”, subraya el doctor Carballo. “En algunos casos puede ser necesario ajustar temporalmente las dosis, pero siempre bajo indicación médica”. El especialista, además, insiste en que suspender el tratamiento por iniciativa propia puede resultar mucho más peligroso que soportar unos días de tensión algo más baja.
Doctor Juli Carballo, jefe de Cardiología del Instituto del Corazón Teknon
Y es que esa situación ocurre con más frecuencia de la deseable. Muchos pacientes se marean, comprueban que la tensión ha descendido y deciden dejar las pastillas durante unos días. Una decisión que puede tener consecuencias importantes.
“El mareo no siempre está provocado por la medicación. Muchas veces responde a la combinación entre calor, deshidratación y otros factores”, explica el doctor Carballo. Interrumpir el tratamiento puede provocar un nuevo aumento de la presión arterial o favorecer la descompensación de enfermedades como la insuficiencia cardíaca, además de incrementar el riesgo de sufrir un infarto o un ictus.
Un equilibrio muy delicado
La deshidratación tampoco afecta igual a todas las personas. Un corazón sano suele ser capaz de adaptarse a la disminución de líquidos, pero quienes padecen insuficiencia cardíaca cuentan con un margen de maniobra mucho menor.
“Cuando disminuye el volumen de sangre, el corazón puede no ser capaz de mantener un riego adecuado hacia los órganos”, explica el cardiólogo. Como respuesta, el organismo activa mecanismos hormonales que retienen agua y contraen los vasos sanguíneos. Aunque inicialmente parecen una ayuda, terminan aumentando el esfuerzo cardíaco y pueden agravar la enfermedad.
A esta situación se suma otro órgano especialmente vulnerable: el riñón. Corazón y riñones trabajan estrechamente coordinados y cualquier alteración en uno acaba repercutiendo sobre el otro.
Cuando existe deshidratación llega menos sangre al riñón y éste recibe menos oxígeno. Si, además, el paciente toma diuréticos u otros medicamentos que modifican la circulación renal, el riesgo aumenta. En muchos casos se trata de una insuficiencia renal aguda reversible si se detecta pronto, aunque no siempre ocurre así. Por eso los especialistas recomiendan actuar antes de que aparezcan complicaciones.
Señales que nunca conviene ignorar
Los síntomas de alarma suelen ser bastante claros, aunque a veces se confunden con un simple agotamiento por el calor. Un mareo intenso, pérdida de conocimiento, dificultad para respirar, dolor en el pecho, palpitaciones persistentes o una sensación acusada de debilidad requieren valoración médica.
También conviene prestar atención a los signos de deshidratación, como una sed muy intensa, la boca seca, orinar poco o una orina especialmente oscura. Si estas molestias no mejoran rápidamente o aparecen de forma intensa, es recomendable buscar asistencia sanitaria.
Si el episodio ocurre en plena calle o en la playa, la prioridad es sencilla: detener cualquier esfuerzo, buscar sombra y colocar a la persona tumbada con las piernas ligeramente elevadas para facilitar el riego al cerebro. Si está consciente puede beber agua poco a poco. Pero si pierde el conocimiento, presenta dolor torácico, dificultad respiratoria o no mejora en pocos minutos, hay que avisar inmediatamente a los servicios de emergencia.
Vacaciones sí, pero con sentido común
La hidratación es otro aspecto que exige cierta personalización. No todos los pacientes necesitan beber la misma cantidad de agua. Mientras una persona hipertensa sin otras patologías puede requerir aumentar la ingesta de líquidos durante los días de calor, quienes padecen insuficiencia cardíaca suelen tener restricciones específicas.
“No existe una pauta universal”, recuerda el doctor Carballo. “Cada paciente debe seguir las recomendaciones de su cardiólogo. Beber mucho más de la cuenta tampoco siempre es beneficioso”. Respecto a las bebidas con sales minerales, añade que una alimentación equilibrada suele aportar los electrolitos necesarios y que estos preparados solo están indicados en situaciones concretas.
El ejercicio tampoco desaparece durante el verano, aunque sí necesita adaptarse. Los especialistas aconsejan caminar o realizar actividad física a primera hora de la mañana o al atardecer, evitando siempre las horas centrales del día y las temperaturas extremas. También recomiendan no hacer ejercicio durante la digestión y detenerse inmediatamente si aparecen mareos, dolor en el pecho, falta de aire o palpitaciones.
Para concluir, antes de comenzar las vacaciones, el jefe de Cardiología del Instituto del Corazón Teknon lanza una recomendación. “Igual que protegemos la piel del sol, también debemos proteger el corazón. No hay que suspender la medicación por cuenta propia, es importante mantenerse bien hidratado, evitar las horas de más calor y consultar con el médico si aparecen síntomas”.