Arroz blanco

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Gastronomía

Los chefs coinciden: "El arroz blanco no se hace con agua sino con 3 ajos, 2 hojas de laurel y un buen caldo casero"

Cocineros como Juanjo López o Quique Dacosta defienden sustituir el agua por caldo para conseguir un arroz blanco mucho más sabroso

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El arroz blanco es uno de esos platos que nunca fallan en casa. Sirve como acompañamiento, salva comidas rápidas y funciona igual de bien en invierno que en verano. Sin embargo, varios chefs españoles coinciden en que la mayoría lleva años preparándolo de una manera demasiado básica.

El cocinero Juanjo López, propietario de La Tasquita de Enfrente, ha reabierto el debate gastronómico con una frase que no ha pasado desapercibida: “El arroz blanco no se hace con agua sino con 3 ajos, 2 hojas de laurel y caldo”. Una técnica sencilla que, según explica, cambia por completo el resultado final.

Mucho más aroma

La propuesta del chef consiste en sustituir el agua por un caldo casero, ya sea de pescado, pollo o verduras, dependiendo del plato que vaya a acompañar el arroz. Además, recomienda añadir ajo y laurel para potenciar el aroma durante la cocción.

La clave está en algo muy simple: el arroz absorbe gran parte del líquido mientras se cocina. Por eso, si ese líquido tiene sabor, el grano también lo tendrá. El resultado es un arroz mucho más profundo, aromático y agradable, incluso aunque se prepare exactamente igual que siempre.

No es el único cocinero que defiende esta idea. Cada vez más chefs especializados en arroces aseguran que el verdadero secreto no está únicamente en el tipo de grano o en el tiempo de cocción, sino en el fondo líquido que se utiliza.

El papel del caldo

El chef Quique Dacosta, una de las grandes referencias de la cocina mediterránea, lleva años insistiendo en la importancia del caldo en cualquier receta de arroz. Para el cocinero, gran parte del sabor final se construye precisamente ahí.

Algo parecido defiende también el cocinero Luis Arrufat, especializado en la técnica del arroz y autor de publicaciones centradas en este producto. Ambos coinciden en que el caldo o el fumet determinan buena parte de la personalidad del plato.

La teoría es fácil de entender incluso fuera de las cocinas profesionales. Si el arroz absorbe el líquido durante la cocción, también absorbe todo el sabor que contiene ese líquido. Por eso un arroz cocido únicamente con agua suele resultar mucho más plano.

Pequeños cambios

Otros cocineros van incluso un paso más allá. Algunos añaden una pequeña cantidad de mantequilla al final de la cocción para conseguir una textura más melosa y untuosa. Son detalles mínimos que apenas complican la receta, pero que consiguen transformar un plato cotidiano.

También ayudan ingredientes sencillos como un chorrito de aceite de oliva, ajo dorado o unas hojas de laurel. Son trucos tradicionales que muchas familias ya utilizaban desde hace años y que ahora vuelven a ponerse de moda gracias a las redes sociales y a los consejos de chefs reconocidos.

Lo mejor de esta técnica es que no exige gastar más dinero ni dedicar demasiado tiempo. Basta con aprovechar un caldo casero que haya sobrado de un cocido, una sopa o unas verduras hervidas para notar una diferencia clara en el resultado final.

Un plato que cambia por completo

Hay recetas tan habituales que terminan preparándose casi en automático. El arroz blanco es una de ellas. Precisamente por eso sorprende tanto comprobar cómo un cambio tan pequeño puede modificar por completo el sabor, el aroma y hasta la sensación del plato.

Porque sí, seguirá siendo una de las recetas más simples de cualquier cocina, pero cuando se cocina con un buen caldo deja de ser un simple acompañamiento para convertirse en uno de esos platos que apetece repetir recién hecho, todavía humeante y lleno de sabor.