Samantha Vallejo-Nágera y salsa de tomate

Samantha Vallejo-Nágera y salsa de tomate CG

Gastronomía

Samantha Vallejo Nágera, chef: "La acidez de la salsa de tomate no se corrige con azúcar, sino con 50 ml. de vino blanco"

El gesto que cambia por completo el sabor sin necesidad de añadir ingredientes extra

Otras noticias: Los chefs coinciden: "Los mejillones en escabeche no mejoran con limón, sino con 100 ml de vino blanco y 6 cucharadas de tomate frito"

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Hablar de salsa de tomate en España puede parecer algo básico, pero es uno de los terrenos donde más fallos se cometen en casa. Es una preparación sencilla, sí, pero también una de las más mal ejecutadas.

Desde una pasta rápida hasta unas albóndigas o un arroz, esta salsa es la base de muchos platos. Cuando está bien hecha, se nota. Cuando no, arrastra todo el resultado final.

El fallo que se repite

En este contexto, pocas voces tienen tanto peso como la de Samantha Vallejo-Nágera. La cocinera lo deja claro: el problema no está al final, sino en cómo se construye la receta desde el inicio.

Para ella, el gran error doméstico es intentar corregir la acidez con azúcar. Insiste en que ese gesto no mejora la salsa, sino que enmascara el sabor original del tomate.

Este planteamiento no es aislado. Otros cocineros coinciden en que el azúcar no modifica realmente la acidez, solo la disimula en boca.

La clave está en el origen

El tomate es el protagonista absoluto, pero no todo vale. Elegir tomates maduros y de temporada es fundamental para lograr una salsa equilibrada y con profundidad de sabor.

Cuando el producto es bueno, aparece un dulzor natural que evita tener que añadir ingredientes extra. Este punto es uno de los más repetidos por chefs y expertos.

Además, trabajar correctamente el tomate desde el inicio permite obtener una textura más fina y un sabor limpio. Pelarlo antes de cocinarlo es un gesto simple que marca la diferencia.

Un sofrito que lo cambia todo

Antes de añadir el tomate, hay que construir una base sólida. La recomendación general pasa por empezar con cebolla y ajo a fuego suave, sin prisas ni excesos.

El objetivo no es dorar, sino pochar lentamente hasta que las verduras queden blandas y ligeramente dulces. Ese fondo aporta equilibrio y profundidad a la salsa.

Una base mal hecha arruina el conjunto. Una bien trabajada puede elevar incluso los platos más sencillos.

El ingrediente inesperado

Cuando el sofrito está en su punto, llega el momento clave: añadir vino blanco en pequeña cantidad. Con unos 50 ml basta para transformar el resultado final.

Durante la cocción, el alcohol se evapora y deja un sabor más profundo y aromático. Este paso sustituye al azúcar como método para equilibrar la acidez.

No es un truco aislado. Cocineros como Martín Berasategui defienden el mismo enfoque: el azúcar sobra y el equilibrio se logra con técnica y producto.

Tiempo y paciencia

Una vez incorporado el tomate, comienza la fase decisiva. La salsa debe cocinarse a fuego suave durante unos 40-45 minutos, dejando que el agua se evapore lentamente.

Durante este proceso, los sabores se concentran y la acidez se suaviza de forma natural. Remover de vez en cuando ayuda a conseguir una textura homogénea y estable.

El resultado es una salsa espesa, intensa y equilibrada, muy alejada de versiones rápidas o corregidas a última hora.

Un detalle que marca la diferencia

La salsa de tomate es una receta aparentemente simple, pero llena de matices. No depende de atajos, sino de respetar el producto, el orden y los tiempos.

Evitar el azúcar, apostar por ingredientes de calidad y cuidar cada paso desde el inicio permite transformar un básico en una preparación con carácter.

Porque en cocina, como recuerdan los chefs, no se trata de arreglar al final, sino de hacer bien cada paso desde el principio.

Receta de la salsa de tomate

Esta es la receta de la salsa de tomate de Samantha Vallejo-Nágera:

1 kg de tomates maduros

1 cebolla

2 dientes de ajo

1 hoja de laurel

50 ml de vino blanco

Aceite de oliva virgen extra

Sal y pimienta al gusto

1 cucharadita de pimentón dulce (opcional)

Pela los tomates. Para hacerlo fácilmente, haz una cruz en la base, escáldalos unos segundos en agua hirviendo y enfríalos en agua con hielo. Pica los tomates en cubos pequeños y resérvalos. En una cazuela, añade un chorrito de aceite de oliva y pocha la cebolla picada junto con los ajos a fuego medio-bajo.

Cuando la cebolla esté transparente, añade la hoja de laurel y el pimentón dulce, removiendo con cuidado para que no se queme. Incorpora el vino blanco y deja que se evapore el alcohol durante unos minutos.

Añade los tomates picados y mezcla bien con el sofrito. Cocina a fuego suave durante 40-45 minutos, removiendo de vez en cuando hasta que la salsa reduzca. Ajusta de sal y pimienta al gusto. Opcionalmente, tritura la salsa si prefieres una textura más fina o déjala rústica.