Carmen Butrón y plato guisado

Carmen Butrón y plato guisado CG

Gastronomía

Carmen Butrón, cocinera: "El mejor guiso se hace con 1 kg. de carne de cerdo, 4 dientes de ajo, 1 pimiento rojo y 2 zanahorias"

La clave del sofrito lento que convierte una carne guisada tradicional en un plato más sabroso sin recurrir al caldo

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La carne guisada ocupa un lugar central en la cocina española tradicional. Es un plato de cuchara, sencillo en apariencia, pero con una profundidad de sabor que lo ha convertido en un clásico en miles de hogares. Su presencia en la mesa suele asociarse a la tradición, a las comidas en familia y a recetas transmitidas durante generaciones.

Más allá de su sencillez, este guiso admite matices que cambian por completo el resultado. Así lo demuestra la cocinera Carmen Butrón, que propone una versión en la que se prescinde del caldo habitual. En su lugar, utiliza agua caliente, vino blanco y un sofrito muy trabajado que concentra todo el sabor del plato.

El secreto del sofrito

El primer paso clave está en el tratamiento de la carne. El objetivo es lograr un sellado correcto de la carne de cerdo, en este caso cabeza de lomo, hasta que quede bien dorada. Este proceso ayuda a conservar los jugos naturales y a potenciar el sabor final del guiso.

Después del sellado, el protagonismo pasa al sofrito. Aquí se construye la base del plato con ingredientes simples pero decisivos. La combinación de técnicas lentas y fuego medio permite que cada elemento aporte su carácter sin prisas.

La cebolla se convierte en pieza fundamental del proceso. Se utilizan dos unidades que, al pocharse lentamente, generan una textura suave y un marcado dulzor natural. Este paso es esencial para conseguir una salsa equilibrada y con cuerpo.

La base del guiso

A la cebolla se suman el ajo, el pimiento rojo y la zanahoria. Estos ingredientes no solo aportan matices de sabor, sino que enriquecen el fondo del guiso de forma progresiva. La cocción lenta permite que se integren por completo.

El resultado es un sofrito que sustituye la necesidad de un caldo tradicional. La mezcla de verduras libera sus jugos, creando una base rica y concentrada que envuelve la carne durante toda la cocción.

Fondo de sabor

En este punto, la receta se apoya en principios recogidos en recomendaciones de seguridad alimentaria de la AESAN, así como en criterios de cocina saludable promovidos por la OCU y el Ministerio de Agricultura. Estas fuentes coinciden en la importancia de técnicas de cocción lenta y control del fuego para mejorar textura y digestibilidad.

Se destaca también la relevancia de usar ingredientes frescos y de manipular correctamente la carne para evitar riesgos. La combinación de estos factores refuerza la idea de que un buen guiso no depende de complicaciones, sino de técnica y calidad.

Tradición en la mesa

La cocina casera mantiene su valor gracias a recetas como esta, que apuestan por la sencillez y los ingredientes básicos. La carne guisada sigue siendo una opción recurrente por su capacidad de adaptación y su carácter económico.

Este tipo de platos forman parte de la memoria gastronómica y se mantienen vigentes por su versatilidad. La combinación de tradición y pequeños ajustes técnicos permite mantener viva una receta sin perder su esencia.

Un resultado que perdura

El cierre de esta receta se define por su equilibrio. El resultado final es un guiso de textura suave, con una salsa intensa y un marcado sabor casero. La integración de ingredientes y la cocción lenta consolidan un plato que sigue ocupando un lugar privilegiado en la mesa.

En definitiva, la carne guisada demuestra que la tradición no está reñida con la técnica. Un plato sencillo, pero capaz de ofrecer un resultado profundo y reconfortante en cada bocado.

Receta del guiso

Esta es la receta del guiso de Carmen Butrón:

Carne de cerdo (cabeza de lomo, 1 kg

Dientes de ajo, 4 unidades

Cebollas, 2 unidades

Pimiento rojo, 1 unidad

Zanahorias, 2 unidades

Vino blanco, 125 ml

Agua caliente

Hojas de laurel, 2 unidades

Tomillo u orégano, 1 cucharadita

Aceite de oliva virgen extra

Sal

Pimienta

Corta la carne en tacos de tamaño medio para que se cocinen de forma uniforme. Calienta un chorrito de aceite en una cacerola amplia a fuego medio-alto. Añade la carne y deja que se dore bien por uno de los lados sin moverla.

Dale la vuelta, añade sal y pimienta al gusto y termina de sellarla por todos los lados. Cuando esté bien dorada, retírala de la olla y resérvala. En la misma cacerola, añade los ajos picados y sofríelos ligeramente.

Incorpora las cebollas picadas junto con una pizca de sal para que se pochen antes. Cocina a fuego medio, removiendo de vez en cuando, hasta que la cebolla esté transparente.

Añade el pimiento rojo y las zanahorias cortadas en trozos. Sofríe todo junto durante unos minutos hasta que las verduras estén bien pochadas. Vuelve a incorporar la carne a la cacerola junto con el laurel y el tomillo o el orégano.

Vierte el vino blanco y mezcla bien para integrar todos los sabores. Deja cocinar unos minutos hasta que el alcohol se evapore por completo. Añade agua caliente hasta cubrir la carne por completo.

Cuando empiece a hervir, baja el fuego a medio y deja que se cocine lentamente. Cocina durante unos 40 minutos, removiendo de vez en cuando para que no se pegue.

Una vez la carne esté tierna, sube el fuego para que la salsa reduzca. Deja unos minutos más hasta que la salsa espese y tenga un color más intenso. Sirve caliente y acompaña, si quieres, con pan o unas patatas.