Ly Leap, en el icónico restaurante Indochine de Barcelona Barcelona
Ly Leap, dueño de Indochine, al cerrar su restaurante: "No me retiro, me transformo"
Este sábado, tras 18 años de actividad, uno de los establecimientos culinarios más famosos de Barcelona, con sabores asiáticos, hará su último viaje
Otras noticias: El desayuno saludable y nutritivo de Rosalía que repite a diario: “Es un ritual que sigo cada mañana”
Noticias relacionadas
Indochine Ly Leap cerrará en Barcelona tras 18 años de servicio, y será este sábado, 28 de febrero. Día en que lo hará por última vez. Así lo ha decidido su dueño tras casi dos décadas al frente de un restaurante que ha enamorado tanto a visitantes y turistas como a celebridades nacionales e internacionales.
Inspirado en los sabores de Asia —especialmente con influencias tailandesas y camboyanas—, donde su chef Ly Leap ha buscado reflejar recuerdos y sensaciones de su infancia. ¿Cómo lo consigue? A través de aromas y matices exóticos en su propuesta culinaria.
Comer a ras de peces
Ubicado en la calle Muntaner, 82, en Barcelona, el local tiene una ambientación muy característica. La decoración incorpora vegetación, estanques con peces y mesas bajas a ras de agua. Creando así una atmósfera que muchos comensales describen como un "viaje sensorial" distinto de lo habitual.
Restaurante Indochine Barcelona
"Es el momento: tengo 64"
Crónica Global se adentra, en esta pequeña selva, de la mano de su propietario Ly Leap para explicarnos el porqué de este cierre.
El protagonista explica que la decisión llega tras 18 años al frente del local y tras una vida entera trabajando en hostelería: "Ha llegado el momento".
Restaurante Indochine Barcelona
"No hablo de agotamiento ni de pérdida de ilusión, sino de un cálculo vital: cumplir 64 y encarar los 65 me obliga a 'pensar con la cabeza' y preguntarme cuánto tiempo me queda por disfrutar de todo lo que he pospuesto", afirma con lágrimas en los ojos.
Lágrimas de Camboya
"Si decidiera seguir 'con el corazón', sería hasta que me muera. Ha sido mi pasión y mi desvelo durante años", manifiesta Leap.
En ese punto, el cierre se presenta menos como una renuncia y más como un cambio de ritmo: seguir, pero sin el estrés de estar '24 horas pendiente'.
Un emotivo adiós
El tono se vuelve íntimo cuando describe el impacto emocional del adiós. Dice que lo que le "tritura" es haber volcado "horas y vida" en el lugar y sentir que ya no puede "compartir más" con tanta gente.
También fija el núcleo afectivo en su estirpe, sobre todo en su descendencia: "He luchado por mi familia, sobre todo por mi hija, que está a mi lado siempre. Eso es lo que más me llevo".
Y ahí aparece el conflicto central: se va porque quiere estar más con los suyos, pero el cariño del público le hace dudar: "Con tanta avalancha de reconocimiento… me hace tambalear: ¿he tomado una buena decisión?"
Ly Leap Barcelona
Cómo empezó
Dos años de obras, búsqueda de materiales y hasta un plano propio para decorar un espacio que ha resultado ser emblemático y esencial en el ámbito de la restauración.
Esa pasión se traduce en un relato muy físico de la creación del lugar: búsqueda obsesiva de materiales y un plano propio sin ser arquitecto ni decorador, pero con toda la ilusión del mundo.
¿El legado continúa?
¿Tendrá continuidad familiar este restaurante? "No, mi hija no quiere dedicarse a esto. Es farmacéutica", afirma Leap. "Ella ya ha visto suficiente creciendo, siempre, entre mesas y servicios".
Sobre el futuro del local, exclama una frase entre amarga e irónica: "Sí, vendrán unos chinos, un buffet libre". Paradójico.
A pesar de lo mal que lo pasará, sabe que tendrá que pasar página: "Esto es mi vida, tendré que hacer un duelo". Sin embargo, deja claro que no se 'marcha' del todo. "Se aparta para mirar con perspectiva el paisaje que solo se entiende cuando te alejas del tren", explica.
Restaurante Indochine Barcelona
Otros proyectos
Además de este Indochine, mantiene otros proyectos (Gyoza House y otro Indochine más clásico). Y plantea futuras aperturas en las que él sería más chef ejecutivo que chef permanente, entrando y saliendo, sin la esclavitud del día y la noche.
Su narrativa final es coherente: el cierre no es retirada, sino transformación del oficio hacia proyectos, enseñanza y un modo de vida donde sentir que el tiempo vuelve a existir.