Jair Domínguez, en un programa de TV3

Jair Domínguez, en un programa de TV3

Examen a los protagonistas

Jair Domínguez

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Cómo lucrarse con el odio

En Cataluña, cada equis tiempo, a alguno de nuestros humoristas patrióticos (perdón por el oxímoron) se le calienta la boca y dice algo que le trae problemas con la justicia, aunque nunca llega la sangre al río.

Habitualmente, entre los odiadores profesionales del concepto España, el que daba el cante solía ser Toni Albà, famoso por su imitación del Rey emérito, que paseó durante años por TV3, algunos escenarios y hasta ciertas comuniones (mi hermano se lo encontró en la de la hija de unos amigos). Pero llevamos ya cierto tiempo sin saber nada del bueno de Toni, cansado tal vez de sus esfuerzos baldíos por la independencia del terruño, y era de prever que le saliera un sustituto: como dicen los americanos, es un trabajo sucio, pero alguien tiene que hacerlo.

Por falta de quorum, le ha tocado al más previsible, Jair Domínguez, un hombre que se alimenta del odio a España (pese a su apellido, más español imposible). Hace un par de años, el amigo Jair dijo en una radio que había que combatir al fascismo con sus propias armas y, refiriéndose a Vox, aseguraba que lo mejor que se podía hacer era darle un puñetazo en la boca (Jair no ha llegado al extremo de Silvio Rodríguez, que ha pedido, y conseguido, un kalashnikov para hacer frente a Trump, pero seguro que juguetea con posibilidades antiespañolas no menos heroicas). Y ahora la justicia le reclama que se presente a recoger la citación.

Jugando a la Pimpinela Escarlata, Jair se está haciendo el inencontrable. Ayudado por nuestros Keystone Cops, los Mossos d'Esquadra, que se personan en el domicilio equivocado (dos veces), lo cual permite a nuestro héroe emitir tuits jocosos, muy del gusto de sus fans.

Vox le pide dos años de cárcel (condena que no se cumple si no tienes antecedentes), pero yo diría que se conformaría con arruinarlo en minutas de su abogado (el imprescindible Alonso Cuevillas). Dudo que la demanda de Vox llegue a alguna parte, pero no me parece mal que al señor Domínguez se le pegue un buen bocado a su cartera, dado que la mayoría de sus emolumentos se han abonado con dinero público, procedente de las arcas de TV3 y Catalunya Radio, donde le han pagado religiosamente para insultar (solo o en compañía de su fiel Peyu, humorista cazurro al que solo le falta la boina o la barretina) a más de la mitad de los catalanes de manera constante y hasta recalcitrante (sobre todo, en los largos años del prusés).

El humor y el patriotismo nunca se han llevado bien, y Jair Domínguez es una clara prueba de ello. Dejando aparte lo que le pase con Vox (nada, intuyo, ya que la demanda es absurda y solo contribuye a la gloria del demandado), es muy triste que alguien base su existencia en el odio al vecino. Un odio rentable, sí, que podría dejar de serlo si el PSC se tomara en serio (vana ilusión, como si no los conociéramos) esa necesaria purga en los medios de comunicación de la Generalitat que no se aprecia por ningún lado.