Juan-Galo Macià, presidente de Engel & Volkërs para Iberia y América del Sur
La responsabilidad de los directivos de las empresas va siempre más allá de sus propias actuaciones. De ellas depende en buena medida el prestigio de la firma y la percepción que la sociedad tiene de ella. Por eso son tan censurables actuaciones como las de Juan-Galo Macià al frente del negocio Engel & Völkers en España.
El recurso de emplear un sistema de falsos autónomos para operar numerosas sucursales en Barcelona y Valencia no sólo ha sido detectado y sancionado por la Inspección de Trabajo, sino que también cuenta con el veredicto de la Justicia. Mientras los tribunales no dejan de sentenciar en contra de la empresa, que ya acumula multas por un valor superior a los 22 millones de euros, Macià no deja de hacer promoción de su imagen personal, para lo que no escatima tiempo en las redes sociales.
El problema es que gestiones como la suya no afectan únicamente a su imagen. También impactan de forma negativa en la de los trabajadores y sus familias. Y, en último término, de los inversores que han apostado por un proyecto y que ven cómo el riesgo que conlleva toda operación de este tipo se ensancha de forma caprichosa.