Catherine O'Hara, actriz
Mucho más que 'Solo en casa'
Ahora que se nos ha muerto la gran Catherine O´Hara (Toronto, 1954 – Los Ángeles, 2026), ese pedazo de actriz cómica, todas las necrológicas la recuerdan como la mamá de Macaulay Culkin en Solo en casa. Algunos añaden a la lista su participación en el clásico de Tim Burton Bitelchús (y su tardía secuela, Bitelchús, Bitelchús), o la serie de televisión que rodó con su amigo y fellow canadian Eugene Levy entre 2015 y 2020, Schitt´s creek.
Pero casi nadie ha recordado la que, para mí, es la mejor parte de su producción: los cuatro largometrajes que rodó a las órdenes de Christopher Guest (que merecería ser conocido por algo más que ser el marido de Jamie Lee Curtis), formando parte de una especie de compañía estable en la que también figuraban Parker Posey (descubierta, ¡a su edad!, por su aparición en la serie The White Lotus) o el ya citado Eugene Levy.
Tras escribir y protagonizar ese clásico del desmadre cinematográfico rockero que es This is Spinal Tap, dirigido por Rob Reiner, que en paz descanse, y centrado en las lamentables andanzas de un falso grupo de heavy metal, el señor Guest decidió hacerse con la batuta de director y rodar una serie de falsos documentales (mockumentaries, les llaman en Estados Unidos) centrados en los sectores del país más propicios a la chufla.
Una serie teñida siempre, eso sí, de una cierta ternura, no exenta de admiración, hacia gente que puede que no vaya a ninguna parte, pero lo hace a muy buen paso: Waiting for Guffman era la historia de un grupo de pueblerinos, miembros de una compañía de teatro de aficionados, que se pasaban la vida esperando que apareciera un tal Guffman, presunto empresario que se los iba a llevar a Broadway. Lamentablemente, Guffman, como Godot, no llegaba jamás.
Best in show retrataba a los propietarios de perros que los paseaban por todos los concursos de belleza canina de la comarca a la espera de un merecido premio que, como el señor Guffman, tampoco llegaba nunca.
En A mighty wind, la comunidad martirizada con cierta ternura eran los intérpretes de música folk, con su purismo y su envidia a los traidores como Bob Dylan, que se habían electrificado para llegar a una audiencia más amplia; broma sobre el propio oficio de todos los involucrados en ella, For your consideration retrataba a una serie de actores sin suerte que aspiraban inútilmente a recibir un Oscar…
En todas estas farsas, Catherine O´Hara brilló con luz propia, bordando su papel de ser humano patético que aspira a una vida mejor para su compañía teatral amateur, para su chucho, para su grupo de folk o para sí misma, esa actriz ninguneada.
Catherine O´Hara nunca tuvo reparos en ser una actriz secundaria. Entre otros motivos, porque su presencia mejoraba cualquier película que la incluyera en su reparto. Algo la empujó hacia la comedia (su sentido del humor, probablemente, no hay que olvidar que empezó con monólogos de bar), y en la comedia se quedó.
Cuando Christopher Guest la llamaba, se apuntaba sin preguntar de qué iba su nuevo largometraje. Y algo parecido le ocurrió con Tim Burton.
Ya entiendo que todo el mundo la recuerde por Solo en casa, pues fue un éxito descomunal, pero yo la prefiero en sus roles de metepatas profesional de los mockumentaries del señor Guest. Y, además, confieso que nunca vi Solo en casa.