Oscar Pierre, fundador de Glovo
Los expertos coinciden en que las grandes empresas son más capaces de competir en la economía global. Y pocos ejemplos más de escala de una start-up que Glovo, la empresa de Barcelona que pasó de idea de unos cuantos socios a enseña líder en última milla en España.
El modelo, sobre todo ahora que ha regularizado su mala praxis laboral, es sumamente interesante.
Pero ese mérito en levantar un negocio de la nada palidece cuando se trata mal al cliente. Es lo que le pasó a una familia sevillana, ha explicado Consumidor Global, que topó con los habituales problemas de una firma que descuida al consumidor.
Pedido cancelado, chats interminables y falta de sensibilidad y atención: todo lo que provoca que un ciudadano cambie inmediatamente de proveedor.