Antonio Cabrales, en una imagen de archivo / EUROPA PRESS - TONY SLADE

Antonio Cabrales, en una imagen de archivo / EUROPA PRESS - TONY SLADE

Examen a los protagonistas

Antonio Cabrales

19 febrero, 2023 00:00

Cuidado con lo que firmas


Pedro Sánchez no solo es un hábil conspirador que ha llegado donde ha llegado gracias a su propio esfuerzo (que también, pues tiene más resiliencia que las cucarachas de los apartamentos del Bronx), sino que además disfruta de una suerte o potra o baraka (falsamente atribuida a su antecesor socialista en el cargo, Rodríguez Zapatero) que le ha otorgado la mejor oposición con la que pueda contar cualquier político con mando en plaza. Pongamos como ejemplo el caso Cabrales.

Propuesto por el PP, Antonio Cabrales (Madrid, 1964) es un economista de prestigio que aspiraba a ejercer de asesor en el Banco de España y que se ha quedado con las ganas por haber firmado hace unos años sendos manifiestos en favor de dos apestados del calibre de Clara Ponsatí y Andreu Mas-Collell, a los que, al parecer, le unía una cierta amistad. Si lo llega a proponer el PSOE, el PP habría saltado con lo de costumbre; es decir, que Sánchez es el líder de la anti España y siempre está dispuesto a colaborar con los enemigos del Estado para mantenerse a flote (esto último es cierto, pero en el caso que nos ocupa no viene a cuento). Cabrales estaba bien visto por Sánchez (no sé si tendría algo que ver la presencia del prestigioso economista en el comité que defendió hace un tiempo la tesis doctoral del señor presidente) y parecía tener el cargo en el bolsillo. Pero entonces saltaron los de The Objective con el infamante documento en el que aparecía la firma del interfecto en un texto de solidaridad con Ponsatí (quien, a su vez, se había quedado sin beca financiada por España en Estados Unidos por su adscripción al procesismo), y el bueno de Cabrales adoptó una actitud modelo yo pasaba por aquí, pero ya me voy que debió dejar pasmado a Núñez Feijoo: pásese usted la vida acusando al presidente de su país de vendepatrias para que le cuelen a un señor que no es que sea separatista, pero no ha guardado la prudente distancia con el lazismo. Una nueva prueba de que, con la oposición que tiene, a Sánchez le ha bajado Dios a ver.

Por lo que he leído en la prensa de papel, la actitud progresista ante las inoportunas firmas del señor Cabrales habría sido quitarles importancia y priorizar su condición de gran economista, que nadie le discute. ¿Nos iría a todos mejor con Cabrales en el Banco de España? Lo ignoro. Puede que sí, puede que no, puede que ni una cosa ni otra. Lamentablemente, en el mundo en general y en el de la política en particular, los actos tienen consecuencias, y aunque Cabrales, a la hora de firmar lo que no debía, considerara que solo se trataba de una muestra de buena fe hacia una profesora con la que había coincidido en la Pompeu Fabra, lo cierto es que, de una u otra manera, se estaba solidarizando con una declarada enemiga del Estado. ¿Lo invalida eso para el trabajo que iba a desempeñar en el Banco de España? Una vez más, no lo sé, pero lo que sí me consta es que la firmita constituye una buena mancha en su expediente profesional: no olvidemos que la señora Ponsatí es una fugitiva de la justicia española que, desde su escaño en Bruselas, hace la puñeta todo lo que puede al país que le dio la beca americana y luego se la quitó por bocazas que muerde la mano que la alimenta.

Si el señor Cabrales es tan bueno en lo suyo como dicen, no creo que tenga problemas para encontrar otro curro tan chachi como el del Banco de España. Con su candidatura, a los del PP se les ha quedado cara de tonto, pero no es del todo descartable que ya la tuvieran antes. Aunque solo fuera en atención a la bendición de su tesis doctoral por Cabrales y unos colegas suyos, Sánchez podría haber salido en su defensa, pero el hombre, como todos sabemos, elige cuidadosamente sus batallas para no perder ni una. Ante la bienvenida metedura de pata de Feijóo y los suyos, la actitud de Sánchez puede resumirse en algo como esto: “Hola, Cabrales, Adiós, Cabrales. Y ahora, me disculparás, pero tengo un cirio montado con los de Podemos que a ver cómo lo arreglo. Ha sido un placer, Cabrales, ¡que te vaya muy bien!”