Un montaje del actor Sergi López

Un montaje del actor Sergi López CG

Examen a los protagonistas

El independentista recalcitrante

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El actor Sergi López (Vilanova i la Geltrú, 1965) es la versión simpática de su desagradable amigo de la infancia Toni Albá, el hombre que se hizo famoso por imitar al Emérito en el teatro, en la televisión y hasta en las primeras comuniones de hijos del lazismo.

Me lo presentó Isabel Coixet, no recuerdo si antes o después del rodaje de Mapa de los sonidos de Tokyo, y nos inflamos a copas en un bar (me ganó en la presunta contienda etílica) mientras manteníamos una conversación fluida y agradable.

Ambos tuvimos el detalle de no sacar temas vidriosos. Yo sabía que él era independentista y el sabía que yo no, pero ninguno de los dos, pese al alcohol ingerido, se empeñó en amargarle la vida al otro. No he vuelto a verlo desde entonces y lo recuerdo como un tertuliano admirable.

El hombre sigue siendo independentista y recientemente efectuó unas declaraciones a este diario en las que aseguraba que la charlotada del 1 de octubre de 2017 le emocionó en gran medida y le hizo comprobar de nuevo que el catalán era un pueblo admirable. Ni el menor asomo de autocrítica: lo hicieron todo muy bien y hay que dejar de entregarse al derrotismo y recordar con orgullo la gesta de hace nueve años.

Aunque López no siente especial simpatía por España (como concepto), lo cierto es que España no lo trata nada mal. Ni Francia, de la que nunca se ha quejado, aunque comparta con España la supuesta represión ejercida sobre los catalanes de bien.

La película de Oliver Laxe Sirat lo ha colocado nuevamente en el candelero, por lo que no vendría mal alguna muestra de agradecimiento a la industria del cine español.

Corre la teoría por los digitales lazis de que el señor López se ha quedado sin nominación a los Goya de este año por su independentismo desinhibido, pero que se confía que en los Gaudí se le haga justicia.

Yo no lo tengo tan claro, pero si así fuese tampoco sería de extrañar, por lo que habría sido juicioso aparcar sus últimas declaraciones hasta después de la ceremonia de los Goya (que, por cierto, se celebrará este año en Barcelona).

Bien está que los cineastas españoles recurran al señor López, pues es un buen actor, pero si la industria ha querido aplicarle un escarmiento (lo cual tampoco está del todo claro), no creo que haya opción a la queja: si tú no nos quieres, pues nosotros tampoco a ti.

A diferencia del infame Toni Albá, López nunca ha insultado a nadie ni se ha ciscado jamás en España, justo es reconocerlo. Pero esa contumacia en el error cuando la industria española del cine lo ha tratado objetivamente bien puede acabar perjudicándole.

Y es fácil cogerle manía si no te has emborrachado con él y has comprobado en tus carnes que es un tipo tan agradable como divertido.