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El escritor Bob Pop / JC

Bob Pop: “La ficción LGTBI aún no ha mostrado todas las formas en que una persona puede serlo”

El escritor y colaborador televisivo reedita su primer libro, un paseo por el laberinto de las saunas que resulta un recorrido por su memoria y su vida

20 min

Bob Pop, nombre artístico de Roberto Enríquez (Madrid, 1971), está de enhorabuena. El estreno de su serie Maricón perdido ha sido un éxito, y no sólo eso, con motivo de ese estreno, se ha reeditado su primer libro, Mansos.

La novela, que corresponde al cuarto capítulo de la ficción televisiva, es un recorrido por los pasillos de las saunas gay que el propio autor frecuentaba en su día. Un universo que le permite también recorrer su memoria y encontrar quién es él y qué lugar ocupa en el mundo.

Sin tapujos

El escritor no tiene problema alguno en desnudarse animicamente en el libro, ni en la televisión, ni en la entrevista con Crónica Directo, en la que repasa qué ha supuesto para él reeditar esta autoficción que le enfrenta a su yo del pasado.

Con las ideas claras, Bob Pop asegura no querer sentar cátedra de nada, ni ser un referente LGTBI ni de cualquier otra cosa, sólo espera que cada cual cuente su historia y salir de las tabúes y complejos que aún tienen muchas personas del colectivo.

Portada de 'Mansos'
Portada de 'Mansos'

--Pregunta: En Mansos se mezcla el mundo de las saunas gay con tu memoria, ¿es un ejercicio de estilo?

--Respuesta: Es un laberinto mental. Aplico la estructura, el laberinto de la sauna a mi propio pensamiento y al cerebro.

--No se habla mucho del mundo de las saunas, ¿cree que ya han pasado de moda o que no se quiere visibilizar?

--No lo sé, porque hace mucho que no voy. Pero me parece un universo tan particular, con códigos tan cerrados... Escribo el libro con la intención de explicarle a quien no haya ido como son esos espacios, como laberintos, los protocolos, el ritual, las miradas, el intercambio económico… y creo que sigue siendo así. Es cierto que la novela está escrita antes del boom de las aplicaciones de ligue, con lo que es una novela muy carnal y presencial. Pero si se ha convertido en una novela histórica, de maravilla, porque igual soy autor de novela histórica y no lo sabía.

--Era más la duda de si, precisamente, esas aplicaciones de ligue no han dejado de lado ese mundo, que para muchos es sórdido a la vez que un universo en sí mismo.

--Como escenario un poco claustrofóbico, además es perfecto. Las saunas y los lugares de cruising eran lugares, al menos para mí, donde podías estar solo sin que nadie te considere un solitario. Eran muy buenos espacios para narrar y pensar, porque como yo no ligaba mucho… y entendía los bailes y rituales de apareamiento. Yo creo que falta que pensemos en esas realidades antes de escribirlas incluso, porque si empezamos a pensar en los ritos y formas que nos relacionamos en esos ámbitos, habría una reflexión sobre quiénes somos, cómo nos relacionamos, como herimos a los demás… Todo eso sería muy interesante y nos haría mejores. Y espero que alguien haga ese análisis de redes sociales, aplicaciones. Sí he leído reflexiones sobre ellas por parte de dos mujeres y desde el punto de vista femenino, pero no lo he leído desde un punto de vista masculino gay.

--¿Se obvia?

--Yo creo que hay cierto miedo de no estar entendiéndolo bien, tememos estar malinterpretándolo, por eso me interesa la autoficción porque te doy mi mirada, te estoy dando mi punto de vista, no pretendo pontificar nada. A mí me gustaría que hubiera espacio para tantas miradas como fueran posibles. Hay infinitos modelos de comportamiento cis-hetero en la ficción, pero la ficción LGTBI tanto en novela como en audiovisual no nos ha mostrado todas las formas en que una persona puede serlo. Y está bien que ampliemos esa posibilidad. Es como si nos diera miedo ampliar el territorio de la ficción, como si pensáramos que los códigos que nos han dado son los que se entienden, como si tienes que ofrecerle al público un personaje que ya ha visto en la ficción. Lo interesante, en cambio, es coger esa realidad y trasladarla a las ficciones para que se viera que no hay un código cerrado. Creo que tiene que ver con los miedos a explicar cosas demasiado abiertas y que el espectador no lo capte, es un problema de menosprecio al lector. Tenemos que intentarlo.

--¿Crees que también existe demasiado pudor a la hora de contar experiencias como la tuya?

--Eso es muy personal. Yo no soy pudoroso, pero respeto muchísimo a quien lo tenga. Lo que no sé es qué especie de reacción con el pudor propio puedo generar en mis lectores. En la novela su propio pudor se va a ver interpelado. Cuando algo nos toca de un modo u otro es que algo hemos hecho bien como autores.

--¿A ti entonces no te costó desnudarte de esta manera?

--Nada. Piensa que esta novela la publiqué hace 10 o 12 años, cuando nadie sabe quién soy. Para mí uno de los juegos más guays de poder reeditarla es cambiar el Roberto Enríquez por Bob Pop. Editorialmente ahora hablo de un lugar distinto. Pero no me ha costado tanto porque cuando hablo de algo intento ser lo más honesto posible. Ya que soy un privilegiado que puedo publicar una primera novela, aprovecho para contar lo que conozco. Además, me apetecía mucho trasladar una pesadilla a un espacio físico concreto y, sobre todo, hacer un ejercicio que no se nos permite en sueños que es poder reflexionar mientras vemos una pesadilla.

--¿Temes que ahora, precisamente porque te conocen, seas juzgado por ese pasado?

--No, me parece interesante generar alguna conversación. En el libro no cuento nada de lo que me avergüence. De hecho, cuando lo releo para hacer el cuarto capítulo de Maricón perdido, pienso que está muy bien lo que cuento y me enfrenta a un cuerpo que ya no es el mismo, una reflexión que me interesa. Mi ejercicio de escritor en esta reedición es el de editor de mí mismo, que me parece muy interesante porque me veo en otro lugar que me sigue explicando y que me explica hoy en día. A veces también me frustra un poco porque pienso que estaba muy bien y mejor no escribir otra cosa y cagarla.

--Has mencionado la serie que has creado, ¿fue un impulso de ampliar la historia del libro?

--No, al contrario. Cuando estoy estructurando la serie con Berto hay un momento en que pienso que estaría bien explicar que el personaje llega a cierto éxito literario explicando el libro y convertir el libro en un episodio. Además, como Maricón perdido va de reapropiarse de la historia de uno mismo… Incluso tengo la ocasión de poner el final original de la novela y poner otro alternativo. Asimismo, añado una conversación con mi editor que nunca existió en que explicó lo que me has preguntado: exponerse, mostrarse… En qué momento se rompe el fino hilo entre lo que es literatura y un producto de consumo. Literatura es lo que tengo yo escrito en mi ordenador una vez lo tengo todo ordenado, pero una vez que llega a una editorial es otra cosa distinta. Todo ello unido a la desnudez constante del personaje.

Bob Pop y Candela Peña en el estreno de 'Maricón perdido' / EFE
Bob Pop y Candela Peña en el estreno de 'Maricón perdido' / EFE

--En Mansos se retrata a un Bob Pop solo, solitario. La imagen que das ahora no es precisamente esa. ¿Te has sentido muy sólo en la vida?

--Sí. Pero tiene que ver con las expectativas. Primero, con el hecho de ser un bicho raro, un niño gordo, marica, de pueblo. Yo través de la literatura descubro otros mundos maricas en los que la gente vive con libertad con amigos gays y lesbianas. En ese momento, no había novela gay como tal, pero leía a autores LGTBI de la época. Cuando llego a Madrid, a ese Chueca incipiente, siento que voy a llegar a la tierra prometida y me van a recibir con pancartas, globos de colores, abrazos y descubro que tampoco encajo. La tierra prometida no existe y allí sí que hay sensación de cierta soledad. No pertenezco a un mundo ni a otro, ¿dónde está mi sitio? A eso se suman los protocolos de cruising y ligue en sauna, que tiene un punto de tiempo en soledad. Por eso, sí que hay un punto solitario. Me gusta estar solo por decisión, pero es cierto que llevo un tiempo de estar muy bien acompañado.

--Hablas incluso de métodos para pasar desapercibido, como el caminar rápido.

--Y para que todo lo que te genera inseguridad pase lo antes posible. También aprendí a hablar muy rápido para que se notara muy poco la pluma cuando siempre en el cole me sabía la respuesta de la pregunta del profesor. Es esa cosa de darle a todo cierta velocidad. Por lo que no deja de ser paradójico que, de repente, mi propio cuerpo me enfrente a eso y me ralentice y me paralice y me diga, pues ahora te paras un poquito porque lo mando yo. La novela es una historia de alguien que cree que quien manda es su cabeza y que su cuerpo es algo que se dedica a arrastrar. Es muy interesante contar eso desde ahora y reescribirlo con el yo de ahora.

--Lo que te enfrenta a ese yo del pasado.

--¡Claro! Pero me interesa porque es alguien con quien me reconcilio muy fácilmente (bromea).

--Tanto ahora como en el libro cuentas el diagnóstico de tu enfermedad como algo mental, ¿pero le supuso un shock?

--Sí, lo que, por suerte, es que en esa época estaba yendo a terapia. El shock lo descubrí en terapia cuando me dicen que dibuje mi propio cuerpo y lo pongo sin cabeza. Y es que para mí eran dos cosas completamente disociadas. Yo confiaba plenamente en mi cabeza, como mi gran herramienta de diversión, liberación… y mi cuerpo era algo como un lastre. Y hablando con mi terapeuta y reflexionando yo, me parece que es muy paradójico que mi cabeza decida boicotearme y paralizar mi cuerpo. Una forma muy burda de subrayarme que mi cuerpo depende de mi cabeza y uno depende del otro. Y eso que me había hecho sentir tan bien que era mi cabeza, resulta que es una canalla y una traidora.

--Mencionas la terapia, ¿te ha servido mucho?

--A mí la terapia me parece fundamental para que te dé herramientas. A mí, por ejemplo, me ha servido para saber que hay cosas en mí que no puedo cambiar y lo único que puedo hacer es evitar las cosas que me dañen. Eso se aprende con terapia y con los años, pero si hay terapia, mucho mejor. Lo que creo es que si necesitamos terapia debería ser accesible y poder confiar en ella para entender qué nos pasa y nos dé mecanismos para luchar contra ello. Con lo que todos los prejuicios contra las terapias me parecen absolutamente rancios.

--Y ahora que se habla de la ley trans y ha generado tanta polémica, ¿cómo ves que ahora no sea necesaria la terapia para la autodeterminación?

--Si la terapia es obligatoria hay un punto muy cruel e innecesario, porque cuando la terapia se convierte en un justificante de a qué lugar perteneces y quién eres es bastante invasivo y cruel. Y tiene que ver también con la historia del colectivo LGTBI. Que la validación tenga que venir de fuera hace mucho daño. ¿Por qué nos tienen que legitimar constantemente? Parece que el sistema nos tenga que avalar exteriormente cosas que son mucho más profundas e importantes. Que una persona trans quiere hacer terapia, adelante, por supuesto, pero que no sea la terapia la que determine quién es.

--¿Y cuando aparecen políticos que acusan de ayudar en demasía a los lobis gays, qué te suscita?

--Me parece una pataleta. Tengo la sensación de que vamos por buen camino porque se están poniendo muy nerviosos y esto está bien. Pero vamos a ver una reacción que nos va a doler. Yo siempre digo que no recuerdo un Madrid más homófobo como las semanas inmediatamente anteriores a la aprobación del matrimonio igualitario. Ese momento en que para mí Madrid dejó de ser hostil, volvió a ponerse hostil porque estaban muy desesperados para evitar que pasara, porque la conversación estaba yendo por unos derroteros que no les interesaba. Ahora está pasando igual, se está avanzando en derechos como los feministas, del colectivo LGTBI, luchas por los derechos sociales y hay un sector que reacciona de forma virulenta y bajan al barro.

Bob Pop en el teatro / EP
Bob Pop en el teatro / EP

--Nunca has escondido tu ideología, pero no es algo habitual en televisión. ¿Crees que faltan voces más valientes a la hora de declararlas abiertamente?

--La televisión no quiere esa ideología tan clara, no quiere esas cosas y, a la vez, como todo es tan de máquina de carne, tengo la sensación de que todo lo que se dice en televisión es tan bajo que nadie cree que sea el lugar donde decir las cosas. Es un problema del formato. Le exigimos al medio que sea cada vez más ligero, esté más de fondo sin que nos importe lo que se dice ahí. Yo me colé por una rendija del sistema y lo hackeé de algún modo e hice una cosa muy loca en televisión. Yo he trabajado mucho tiempo al otro lado, siendo crítico de tele y tenía esa sensación de que nos decían que en la televisión sólo tenías que ser eso, algo pasajero donde te metes en problemas.

--Curiosamente, los vídeos tuyos que más se viralizan son los más políticos.

--La viralidad es muy peligrosa porque al final te adaptas al formato breve y derivamos la conversación a un ping pong y eso es grave. Me parece bien que se genere discusión en las redes pero no son el lugar donde desarrollarla. Deberíamos buscar espacios de tranquilidad y de seguridad donde pudiéramos hablar de todo con la máxima tranquilidad. Y ojalá la televisión, sobre todo la pública, tuviera espacio para todo y donde se pueda hablar con calma.

--¿Este posicionamiento político te ha costado?

--Si es así no me he enterado.

--¿Qué otros proyectos tienes?

--No lo sé. Ahora mismo estoy en un abismo. Estoy con Andreu, tengo planeado escribir una novela para el próximo año y no sé que va ser de mi vida.

--¿La novela será autobiográfica?

--Seguramente, porque es lo que más me conozco y con lo que más me divierto, pero a lo mejor vuelo hacia otros lados y más genéricos.

--Por curiosidad, ¿con qué referentes contaba?

--Las novelas de Capote, Oscar Wilde, Gloria Fuertes. De repente, el descubrimiento de la generación beat, que me daba una perspectiva de otra vida, otros mundos, otra manera de contar las cosas, que me interesaba muchísimo. Lorca, que como adolescente me hacía ver unos destellos, una forma de ver la relación con otros seres humanos que me daba algo. Estaba como un traductor criptogay.

--El libro en cambio recuerda a esas primeras obras de Terenci Moix de La torre dels vicis capitals, Onades sobre una roca deserta y Món mascle.

--Fíjate que los primeros libros de Terenci no los he leído. Yo empecé a leerlo en la adolescencia con Terenci en el Nilo y sus memorias.

--¿Y si bien tú tenías referentes, crees que ahora tú te has podido convertir en uno?

--Eso me da muchísima vergüenza. Lo que me gustaría es que esta novela cayera en manos de alguien mejor que yo y con este material hiciera algo buenísimo. Cuando escribo no lo hago pensando que lo he petado, sino que espero que puede caer en alguien que sobre esto haga el novelón.