La cineasta Laura Baumeister / PABLO GÓMEZ

La cineasta Laura Baumeister / PABLO GÓMEZ

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Laura Baumeister: "La estilización de la pobreza nos remite a la porno-miseria"

La realizadora retrata una historia de maternidad alejada de los cánones situada en los márgenes de la sociedad

26 abril, 2023 00:00

Hay un mundo al que la sociedad muchas veces no mira. El cine lo hace a veces, y en ciertas ocasiones de manera condescendiente y con una voluntad tan moralista que hace bella la miseria. Por eso, enfrentarse a La hija de todas las rabias no es fácil.

La nicaragüense Laura Baumeister debuta en el largometraje con una película que sucede en uno de los mayores vertederos de la capital del país, Managua. Allí, en las afueras, hay familias enteras que tratan de sobrevivir a diario sin apenas ser vistas, en los márgenes.

Debut

La cineasta, procedente de la sociología, se ha sumergido de lleno allí, para trabajar con ellos, después de realizar una visita cuando apenas tenía 16 años. Lo que vio se quedó impregnado en su retina y, tras dos cortometrajes, ha decidido debutar en el largo con una historia que le toca también por proximidad. Pero también al espectador.

La trama de la cinta narra la historia de una madre que se ve prácticamente obligada a tener que dejar a su hija en una fábrica de reciclaje donde la gente trata de ganarse la vida y de salir, con ayuda de las ONG, de ese lugar al que la sociedad les ha empujado.

Crónica Directo habla con la realizadora para conocer cómo ha podido levantar esta historia, cómo ha sido el trabajo con los protagonistas y qué puede hacer el cine por estos hijos de la rabia.

--Pregunta. ¿Por qué quiso tanto contarla? ¿Y cuánto tiempo ha costado levantar esta película?

--Respuesta. Estuvimos cinco años desarrollándola desde que comenzó la idea hasta que se estrenó. Yo había estudiado en México, había hecho cortos allá y en Alemania, y me interesaba mucho regresar a Nicaragua y hacer mi ópera prima allá. Sentí esa conexión bien primaria hacia mi país y sabía que quería seguir trabajando temas que atraviesan la maternidad y el rol de la mujer alrededor de eso. Asimismo, al ser socióloga trato de encontrar proyectos que me obligan a investigar, que me acercan a realidades distintas a las mías. Así me nutro un montón. Siento la necesidad de no estar hablando sólo de mi propia clase o de mi propia familia. Este era un lugar que yo había conocido desde adolescente, y me había impactado, como creo que impacta a cualquier persona que lo vea. Me había quedado con un montón de preguntas, y para mí eso es una buena premisa. Regresé a este lugar, y nos comenzamos a acercar a través de los líderes comunitarios, las ONG, y establecimos un vínculo, y ya para cuando filmábamos era algo súper cómodo.

--¿Cómo fue ese proceso? ¿Convencerlos para que se involucren en este proyecto?

--A mí me remitió a lo que fue en su momento para Herzog hacer Fitzcarraldo o a la época de los 30 en Europa cuando el cine era una novedad, porque entonces llega a los espacios y genera momentum, atracción, es como una feria de atracciones que llega al pueblo, o en este caso llega al barrio. La gente quiere saber qué está pasando, había esa disposición de entrada, el tema era cómo encauzarla para fines logísticos. Nos acompañaron bastante algunas ONG, una directora de casting que hace teatro popular que sabía muy bien cómo trabajar en este tipo de entorno.

--Claro, pero ¿cómo hacer o explicar que no era utilizarlos para un fin personal o lucrativo?

--Apostando por la transparencia y la claridad de los honorarios, de lo que se iba a hacer. Con sentido de horizontalidad y transparencia del vínculo económico, pero sí hay que decir que había una apertura bien bonita, y también obviamente con un montón de retos porque son espacios informales por naturaleza, personas que trabajan en la informalidad, que muy probablemente muchos nunca terminaron ni cursaron años de escuela y el tema del compromiso, y que la gente tenga su celular a mano y tal implicaba retos. Al final, nos íbamos moldeando un poco a la realidad.

Póster de 'La hija de todas las rabias'

Póster de 'La hija de todas las rabias'

--Y yendo al contenido. Como bien menciona, vuelve a la maternidad. En este caso, ¿diría que es por obligación?

--Bien, como dijiste, la maternidad por obligación también implica un tipo de heridas originarias. El vínculo está atravesado por una pérdida y, en la película, ambas en una situación de fragilidad y de vulnerabilidad tan fuerte, que para mí el dejar a su hija en la fábrica de reciclaje me parece un gesto de cuido, porque seguir con ella, llevarla con ella a lo que tiene que ir a resolver, es exponerla aún más. Las relaciones humanas no son sólo una capa. Muchas veces el cuidado es un ‘te dejo porque te cuido’, incluso en una pareja, el alcohólico que deja a su pareja o quien deja a alguien porque ya no le quiere y no quiere hacerle daño. A veces dejar al otro es un acto de amor, y yo fui a jugar con eso, que obviamente es todo lo contrario a la idea de amor romántico sacralizado que tenemos.

--También rompe con la idea de estetizar la pobreza.

--La belleza es todo un tema, y la belleza está súper vinculada a los gustos. Lo que sí traté de rehuir con conciencia a la estilización de la pobreza porque creo que eso nos remite a la porno-miseria, al cine-mundo, corrientes principalmente latinoamericanas que han usado estos espacios para enaltecerlos o para embellecerlos. Entonces sí, rehuía con conciencia a la estilización, pero para mí en la hija hay mucha belleza y era algo que tampoco me lo quería privar. Había una necesidad de permitirme mostrar lo que yo veo y considero bello.

--Sin dejar lo poético, en todo caso. Porque hay hasta un momento onírico. ¿Por qué decidió añadir esas escenas en una cinta tan realista?

--Por un lado, porque los niños sueñan, como todas las personas, pero muchos ya olvidan sus sueños. A lo Peter Pan, han dejado de recordar sus sueños. Para mí el hecho de que ella viviera en un entorno carente no la iba a privar de eso. Y por otro lado, y eso sí era algo muy personal, yo soy alguien que los sueños forman parte de mi mundo, entonces para mí ahí era poderle regalar eso a ese personaje, la capacidad de que existe también ese universo onírico que te puede ayudar a resolver, a explicar, o en este caso incluso a tener una despedida.

Fotograma de 'La hija de todas las rabias'

Fotograma de 'La hija de todas las rabias'

--¿Pero es posible soñar en esos lugares?

--Sí, claro. Se puede soñar con salir de esos lugares como el preso que sueña que está en su casa, aunque son situaciones extraordinarias. La verdad es que es una marginalidad tan profunda y que pasa con los márgenes, que la sociedad te empuja a ese lugar, pero vos también ya te definís por estar en ese borde, entonces tampoco lo quieres dejar. Por tanto sí se puede soltar, pero es difícil y son casos muy extraordinarios.

--Esos márgenes, y esas situaciones que se viven hacen que crezcan esos ‘hijos de la rabia’ que dan título a la película, pero ¿somos conscientes de que generamos esas rabias y creando muchos hijos de esas rabias?

--No somos lo suficientemente conscientes del cóctel molotov que estamos generando. O sea, las desigualdades, la injusticia, la inequidad. Los mundos tan dispares dentro del planeta han llegado a niveles tan grotescos, tan inhumanos, que sí hay una rabia, un enojo que está creciendo, hay un enojo que está creciendo. Eso me parece que es claramente un síntoma de una sociedad que no es sana.

--¿Y es posible un futuro para estos hijos de la rabia, finalmente? ¿Qué futuro les espera?

--En el caso de El Salvador, por ejemplo, se podría decir que los hijos de la rabia son los mareros. ¿Y cuál es su futuro? Pues obviamente organizarse en clanes, una cultura profundamente tribal que muestra un desprecio por la vida propia y la del otro. La vida para ellos no vale nada. Ese es el código principal en una mara: no es el individuo, es la suma de las partes. Y hay muchos ejemplos de grupos criminales que son hijos de toda la rabia, de muchas rabias.

--¿El cine puede llegar a concienciar y alertar de toda esta rabia y problemas sociales?

--Yo creo que, de entrada, el cine puede contribuir a visibilizar estos espacios en los márgenes. Y nosotros, los autores y autoras que tenemos la motivación de acercarnos a estos universos distintos, tejemos y construimos puentes, la posibilidad de crear puentes con algo muy desconocido. Al menos mientras se ve la película. Creo en eso, pero no creo que haya que pedirle al cine la responsabilidad del cambio. Eso es ilusorio y un poco ingenuo en todo caso. Pienso que la única manera de salir de este embudo en el que estamos como planeta es si todos los sectores y todas las disciplinas comenzamos a alumbrar estos marcos que están en la oscuridad. Si todos comenzamos a prender nuestras lámparas la suma puede generar algo. Pero no podemos decir que el cine nos va a transformar para nada, como tampoco lo va a hacer solo la política, ¿verdad?