Jorge Javier Vázquez tiene dos frentes. Uno de ellos es la defensa férrea de Rocío Carrasco tras la confesión de los maltratos que sufrió por parte de Antonio David y su hija, el otro es la guerra abierta contra Isabel Pantoja.

El catalán está convencido de que está en el bando correcto en los dos casos. En todos los programas en los que participa saca las uñas contra todo el que ponga en duda el testimonio de Rociito. El tema pantojil lo tenía apartado, pero la reaparición televisiva de la folclórica ha provocado que le dedique unas palabras.

El regreso de Isabel

La cantante presentó el pasado viernes, junto con el resto del equipo, el nuevo talent de Telecinco en el que participa como jurado. En el acto lució una sonrisa de oreja y una figura esvelta, casi preocupante por su delgadez. De su boca no salió ni una palabra acerca de la polémica con su hijo, Kiko Rivera, sólo algunos dardos.

Ha sido un año difícil, duro, extraño y fatídico para miles de personas entre las que me encontraba yo”, reconocía antes de desmentir que ella nunca estuvo “recluida”. “Yo estaba en mi casa cuidando a mi madre que es lo más grande que tengo en mi vida”, subraya.

Críticas de Jorge Javier

Estas palabras no han gustado mucho al presentador de Badalona que le reprocha que “sigue aferrada al estilo Pantoja y exhibe la misma marca de ayer, de hoy y de siempre”. Con lo bueno y, sobre todo, con lo malo que ellos supone, a su parecer.

“Si hubiera salido diciendo que para ella ha sido un año de mierda --sí, de “mierda”-- porque se ha peleado con su hijo, nos habríamos postrado a sus pies”, reconoce. Pero el no vio que fuera así. “Gestualidad lenta y afectada, miradas intimidatorias, suspiros de España, frases ampulosas con poco fuste. Lo de siempre”, detalla. “La pandemia y la ruptura con su hijo no ha hecho ni la más mínima mella en ella”, sentencia.

Reproches

JJ lamenta que la artista sea “fiel a su estrategia carpetovetónica, no deja traslucir ni un ápice de debilidad, y eso la hace cada vez más lejana e incomprensible”. Y no ayuda “un numeroso séquito que se encarga de darle de beber y alimentar continuamente su inabarcable ego”, como el de la presentación, apunta.

“Echo en falta que de vez en cuando se le rompan las costuras del alma en directo. Pero de verdad, sin aspavientos propios de tonadillera tardofranquista”, señala. Cree que es “inalterable” en su acepción más negativa. Y concluye con un mensaje directo: “Es la constatación de que no te importa más que tu mismidad, y eso es agotador para una misma y sus circunstancias”.