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Un perro escondido por los fuegos artificiales / Mike Burke en UNSPLASH

Perros y fuegos artificiales: sus miedos y cómo protegerlos

Lo mejor en estos casos es acompañarles y tratar de tranquilizarles mientras dura el ruido ensordecedor

Victoria Herrero
5 min

Lo que para algunos son unos bonitos juegos de luz, sonido e imagen en el cielo, para los dueños de mascotas y sus perros puede ser un rato no demasiado agradable. Así ocurre con los fuegos artificiales, un espectáculo de pólvora y pirotecnia que les puede provocar una sensación de miedo, y con el cual la ansiedad y el temor se apoderan de ellos.

Cuando esto sucede, y hasta que cesa por completo ese estruendo, el perro permanece nervioso, busca un lugar donde esconderse (normalmente bajo la cama o una mesa) y reclama la protección de su dueño o las caricias de éste. Pero también hay canes que no paran de temblar e incluso corren sin un destino fijo con el riesgo que esto supone para luego encontrarlo. En este artículo se darán una serie de pautas que puede dar el veterinario para calmar a estos animales cuando haya fuegos artificiales. 

Un miedo atroz

Según diversos estudios, más de la mitad de los perros tienen miedo a la pirotecnia, lo mismo que a todo tipo de sonidos demasiado fuertes o incluso a los días de tormenta. Un temor que suele explicarse por la agudeza de los sentidos de los animales, que hacen que perciban esos sonidos con una mayor intensidad que los humanos. Algo que no es una mera anécdota y que conviene atajar correctamente para que no se convierta en una fobia mucho más grave para la mascota. Un miedo que no solo desarrollan perros, sino también mascotas pequeñas y aves. 

De lo contrario, esto puede derivar en que el animal desarrolle episodios de ansiedad acompañados de taquicardias, hiperventilación e incluso, tristemente, que en los peores casos pueda llegar a sufrir un paro cardíaco. Pero, antes de que nada de esto ocurra, y por el bien del animal, conviene seguir una serie de recomendaciones que harán mucho por su bienestar psicológico (y físico, al fin y al cabo) en este sentido. 

Personas disfrutando de los fuegos artificiales /Kevin Davison en UNSPLASH
Personas disfrutando de los fuegos artificiales / Kevin Davison en UNSPLASH

Consejos para tranquilizarles

Si se puede, el primer consejo es evitar estar con el perro en un lugar donde haya fuegos artificiales o se estén tirando petardos. Pero si no se puede, las mejores recomendaciones pasan por meterse en casa y cerrar puertas y ventanas para que el ruido se note menos y el animal esté más tranquilo. Además, una manera de distraerlo durante esos momentos es poner algo de música para apaciguar el sonido ensordecedor de la pirotecnia o darle sus snacks o comida favorita.

¿Y darles medicación? Quizá algunos piensen que todo se arreglará si le dan al animal un tranquilizante, sobre todo si éste se basa en una composición con feromonas. No es que sea un remedio muy adecuado, y solo se podría recurrir a él si nada de lo anterior funciona y si se lo recomienda el veterinario. Pero, de todas formas, un sedante no le quitará ese miedo por arte de magia para siempre. Lo más acertado es seguir algunos de los consejos antes mencionados y darle esa tranquilidad y la compañía que necesita y busca en su amo. 

¿Y con terapia?

Quizá esta sea una de las preguntas que se hagan muchos de los dueños de mascotas en este tipo de situaciones. Saber si hay algún tipo de terapia con la que se pueda revertir la conducta del animal en esos momentos y que no sufra dicho miedo. Sin embargo, estos tratamientos suelen ser muy complicados y no dan con la solución perfecta en la mayoría de los casos. Eso sí, este tipo de entrenamientos psicológicos solo pueden realizarse por un adiestrador o una persona especializada. 

¿En qué consisten estas terapias? Lo que se hace con estos ejercicios, que no siempre dan resultado, es emplear una serie de técnicas que favorecen la desensibilización del animal, con lo que se puede ayudar a que éste pase del miedo a una sensación agradable en esos momentos de pavor. Dicho de un modo más sencillo, ir acostumbrando al perro a los ruidos poco a poco. Pero, lo dicho, se trata de algo complicado de lograr.