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Trozos de carne ya cortados / Changyoung Koh en UNSPLASH

Los mitos más populares sobre la carne

No es necesario eliminar por completo este ingrediente de la dieta, basta con moderar su consumo semanal

Victoria Herrero
6 min

Nadie pone en duda que una alimentación completa y lo más equilibrada posible hace buena parte del trabajo para que el organismo goce de buena salud. Parte de esos hábitos más sanos, como reducir la ingesta de carne roja (especialmente), son algunas de las premisas para comienzar a cuidarse. Sin embargo, en pro de mejorar la dieta semanal, en ocasiones, se ponen sobre la mesa argumentos, o más bien mitos, alrededor de este grupo de alimentos que en algunos casos no son ciertos. 

Salvo que su consumo sea excesivo y sin control alguno, no hay nada malo en comer algo de carne (también roja) cada cierto tiempo y darse un capricho. Eso sí, para consumir con tranquilidad este tipo de alimentos primero hay que desterrar algunas falsas creencias que nada tienen que ver con la salud del comensal tal y como recuerdan desde Educarne, el primer centro de formación, desarrollo y dinamización del sector cárnico que cuenta con el aval y el apoyo de la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid. 

No es necesaria

La primera afirmación que no es real: "no es necesario". Este ha sido uno de los argumentos más repetidos por parte de aquellas personas que no comen nada de tipo cárnico. Ideologías o creencias aparte, lo cierto es que ningún alimento es hoy en día completamente indispensable dentro de lo considerado como una dieta saludable. Tampoco la carne, que tiene unos valores nutricionales importantes ya que aporta vitaminas del grupo B, además de minerales como hierro, zinc, selenio y fósforo, entre otros.

Por tanto, no se debe desterrar del plato por la simple idea de que es perjudicial. Lo que no es sano es comer demasiada carne, sobre todo la roja. Los expertos en salud y nutrición, como es el caso de la Fundación Española del Corazón (FEC), sí recomiendan tomar este grupo de alimentos y hacerlo unas tres veces por semana; preferiblemente de carnes magras como es el caso de pollo, pavo, conejo... que tienen menos grasa y cocinados a la plancha o hervidos. 

Contiene antibióticos

Otro error en el que no debe caer el consumidor y que atañe a la carne de pollo, la cual no contiene ni hormonas ni restos de antibióticos. En España está totalmente prohibido utilizar en los animales este tipo de sustancias artificiales para el engorde en la industria alimentaria. En este caso, hay que especificar, solo está permitido el empleo de ciertos medicamentos veterinarios en los casos en los que esté enfermo y respetando en todo momento los tiempos y directrices marcadas para que no quede ni rastro para el consumo humano. 

Es un mito eso de que a este tipo de carne se le inyecta agua. De hecho, tampoco está permitido ningún tipo de manipulación en el caso de la carne fresca. Lo que hace totalmente imposible que se introduzca líquido alguno en el alimento antes de consumirlo. 

Plato con carne de pollo / Sam Moqadam en UNSPLASH
Plato con carne de pollo / Sam Moqadam en UNSPLASH

¿Más color, mejor?

Otro de los mitos, cuando se va a la carnicería, guarda relación con el aspecto que presenta esa pieza en el mostrador. Y no, un color rojo más intenso o pardo no quiere decir que esa carne sea de mayor calidad o tenga más frescura que otra que esté en la bandeja de al lado. La única explicación que hay detrás de ese tono es el mayor o menor tiempo que la carne esté en contacto con el oxígeno, sobre todo cuando se trata de filetes que vienen en recipientes de plástico ya envasados. 

No son pocos, más allá de su aspecto, los que se preguntan (también tiene algo de dicho popular) si la carne picada que se vende en estos establecimientos o supermercados es realmente carne o bien un sucedáneo. La respuesta a esta duda puede estar en el etiquetado (cuando viene en paquetes listos para hacer la receta). Ahí se comprueba si se trata de un preparado que además lleva otra serie de ingredientes totalmente distintos y que se mezclan para añadirle sabor, así como otras sustancias para alargar su tiempo de conservación. 

Moderar su consumo

Una vez vistos los mitos, no viene del todo mal tener presente una serie de recomendaciones para hacer un consumo más saludable de este tipo de alimentos. Para no poner en riesgo la salud lo más recomendable es un filete pequeño de carne (de no más de 100 gramos) tres o cuatro veces por semana y alternar con otras alternativas que también aportan proteínas, como legumbres, huevos o incluso setas.

En el cuidado de la salud hay que prestar especial atención al apartado de los embutidos. Para las personas sin ningún tipo de patología de salud, los embutidos es mejor dejarlos para momentos puntuales debido a su alto contenido en sal, colesterol y ácidos grasos saturados.