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el cerebro elige a los amigos y amigas / PIXABAY

El cerebro selecciona a nuestros amigos

Las personas que consideramos que nuestros amigos perciben el mundo de una forma semejante a la nuestra

3 min

La amistad es uno de los sentimientos afectivos más fuertes entre dos personas. Los vínculos que nos unen a aquellos que consideramos amigos responden a gustos similares, aficiones en común, pensamientos en sintonía y, en general, a una percepción del mundo semejante. Sobre esto último es en lo que se ha centrado un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de la Universidad de Darthmouth, Estados Unidos.

Los resultados de este estudio revelan que podemos saber quiénes son nuestros amigos simplemente observando la respuesta neuronal que tienen bajo un mismo estímulo o en un mismo contexto. Para determinarlo, el grupo de investigadores realizó un experimento reuniendo a un total de 279 estudiantes de posgrado.

La relación de amistad de estos estudiantes se midió mediante una encuesta online, utilizando sus respuestas para crear vínculos de amistad precedentes. Después de este primer punto, se escogieron 42 voluntarios y se dio paso a la muestra de una serie de vídeos de diferentes temáticas. Mientras, se medía la actividad cerebral de los participantes con respecto a la imagen que estaban visualizando. Los resultados no decepcionaron. Se cumplía el patrón de que aquellas personas con una relación de amistad más estrecha presentaban unos estímulos similares. 

Los vínculos sociales nos definen

La revelación de este estudio aproxima nuestra necesidad de crear vínculos sociales con las personas que nos rodean. Según Thalia Wheatley, profesora de Psicología y Ciencias del Cerebro en Dartmouth e investigadora principal del Dartmouth Social Systems Laboratory, “el ser humano es una especie social que necesita vivir su vida en conexión con la del resto. Si queremos comprender cómo trabaja nuestro cerebro, necesitamos entender primero cómo opera en conjunto, es decir, cómo una mente puede dar forma a otra”.

En este sentido, los vínculos afectivos que creamos y que consideramos aleatorios o inconscientes podrían tener desde ahora una razón lógica, teniendo en cuenta nuestra predisposición hacia estímulos similares con personas de nuestro círculo cercano.