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Imagen de una representación de 'Doña Francisquita' en el Liceu / CA. BOFILL

Deconstruyendo a 'Doña Francisquita'

El Liceu ha programado tres zarzuelas en 30 años, y siempre ha sido la misma, una obra del maestro catalán Amadeu Vives i Roig

Toni Olivé
18.11.2019 11:16 h.
4 min

Zarzuela en el Liceu no es algo que se prodigue mucho. De hecho, ésta ha sido la tercera vez que se ha programado una zarzuela en los últimos 30 años y las tres, curiosamente, ha sido la misma obra, la obra maestra del maestro de Collbató Amadeu Vives i Roig, Doña Francisquita.

En esta ocasión la versión es realmente libre, se mantiene la música, pero prácticamente se eliminan los diálogos, saltando en el tiempo en cada acto. Una idea rompedora de Lluís Pascual, mal recibida en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y sin embargo con buena acogida en el Liceu, con lleno en todas las funciones y largos minutos de aplausos al terminar la función.

De menos a más

La idea va de menos a más, con un primer acto algo carente de ritmo, pero mejorando en cada acto, con una escenografía muy bonita en el tercer acto y un final espectacular. El fandango con la mítica Lucero Tena a las castañuelas hace vibrar, lo mismo que la versión fenomenalmente bailada o el coro final. Que uno de los fundadores del Orfeò Català y autor del Cant del Poble, encargo del president Macià para ser el himno de la República Catalana, escribiese piezas tan reconocibles como música española como el Fandango de Doña Francisquita debería hacernos pensar sobre nuestra actual cerrazón. Parece que hace cien años la gente era más abierta que ahora.

El tenor Celso Albelo roza la perfección, al igual que Ana Ibarra como la Beltrana. No acaba de entenderse el reparto de días entre las dos sopranos, prodigándose la titular, María José Moreno, un día menos que el primer tenor, algo que no suele ser habitual. La orquesta y coros correctos, si bien la sonoridad del segundo acto parecía afectada por el decorado. Y el director de la orquesta un poco obsesionado por retenerla en varios pasajes por temor a tapar a alguno de los cantantes. Pero el resultado del conjunto es de al menos notable alto, con pasajes sobresalientes.

Los complejos españoles

La Zarzuela es una de tantas muestras de lo poco que nos queremos los españoles. Nos parece fantástico escuchar ópera en francés, italiano o ruso, pero en español nos da reparo. Por ese complejo de inferioridad que nos domina en casi todo, la zarzuela ha ido languideciendo, pareciendo algo no solo menor sino algo anticuado. Un ejercicio de modernización como el realizado por Lluís Pasqual le viene muy bien a un género que necesita un impulso decidido.

Han sido solo seis funciones, pero todas casi al completo y con una retransmisión a 170 cines españoles y 40 internacionales, alguno en Rusia, lo que supone un gran esfuerzo de difusión de una obra inmortal. Ojalá rencuentre su hueco un género que es un tesoro cultural del que no nos sentimos lo suficientemente orgullosos y que sería una pena perder.

El Liceu necesita abrirse más a lo que le gusta al público, necesitamos más zarzuela, como también necesitamos más ballet o recuperar la costumbre de programar una vez al año a Wagner, señal de identidad del Liceu.