Daniel Gascón, autor de 'La muerte del hipster'

Daniel Gascón, autor de 'La muerte del hipster' PABLO MIRANZO

Creación

Daniel Gascón celebra a Manny Farber

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No es que lo haya tratado mucho, pero nunca vi a Daniel Gascón (Zaragoza, 1981) en una posición de petulancia. Y mira que sus realizaciones, amplias, multidisciplinares, algo dispersas, como traductor –y no de cualquiera sino de los mejores escritores anglosajones--, escritor de ficciones hilarantes (Un hípster en la España vacía, La muerte del hipster) o agridulces y conmovedoras (Entresuelo, La edad del pavo), guionista de cine, director de Letras Libres, profesor, dibujante de chistes en los que el somero dibujo sólo cuenta como vehículo para la idea, columnista (en El País y en El Heraldo de Aragón) y hasta tuitero, se lo permitirían. Si yo tuviera sus dotes y su patrimonio intelectual me consideraría habilitado para ir gritando por las calles “miradme, capullos, aquí estoy yo”.

Pero él, no. Cosas raras de la vida. Está en el mundo como si en realidad la cosa no fuera con él, que acabase de levantarse de la cama, se ha mirado al espejo y ha decidido: “bah, hoy tampoco me afeito”. En fin, tiene esos aires de sabio despistado y somnoliento que tan mal se corresponden con su hiperactividad. Y con su bendito sentido del humor, incesante, punzante hasta la herida pero desinteresado, au dessus de la mêlée. Y esa carencia de egolatría (por lo menos aparente) y esa suma de conocimientos sólidos basados en una educación académica rigurosa, en la lectura, en el escepticismo velocísimo, en el détachement y la honestidad del pensamiento hacen de él una de las más gratas inteligencias de Madrid. (Y créame el lector si le digo que Madrid no es el poblachón manchego que dijo Gil de Biedma, aquí no todo es Ayuso, ni Puente, aquí te encuentras en cada esquina un pistolero más rápido que tú).

Cuando leo a Gascón, a veces me detengo a pensar en él (porque su enigma me llama la curiosidad) y me digo que si esa inteligencia y esas dotes las hubiera puesto al servicio de un partido político, ya hace años que hubiera hecho una gran carrera periodística y autoral. Sería un siervo utilísimo para cualquier jerarca o institución. Pero resulta que le gusta darse el lujo –el más grande de los lujos, para un intelectual— de la independencia. En fin, esto sólo lo imagino, pues sólo lo conozco de verle en un bar cerca de Las Vistillas, presidiendo las animadas presentaciones y debates que convoca cada mes con motivo de la salida de cada número de Letras Libres.

Gascón es autor además de un lúcido ensayo sobre el procés, para el que acuñó el término que luego haría fortuna El golpe posmoderno. Aragonés, vive en Madrid, ama su tierra natal y defiende sus derechos pero sin incurrir en nacionalismo. El otro día presentaba en Las Vistillas el último número de Letras Libres y aproveché para invitarle a participar en esta columna. Al día siguiente me envió por mail su preferencia:

“Me gusta mucho la pintura de Manny Farber, pintor y crítico estadounidense. Me encantan cuadros como Domestic Movies o From the Mid-Eighties, tienen algo cotidiano y humilde, a la vez estridente y alegre, entre el bodegón y el collage. Creo que Farber, cuando no podía pintar, se dedicó a los dibujos y los collages. También me hace gracia que Farber sea en algunos ámbitos más conocido como crítico de cine, y en particular su distinción entre arte termita y arte elefante. Dio clase de cine y a veces les ponía a los alumnos las películas inconexas o al revés, o les pedía en el examen que hicieran un storyboard de una secuencia. Cuando buscábamos con la editora Diana Zaforteza una portada para mi libro de cuentos La vida cotidiana, pedimos a la pintora Clara Huete que hiciera una ilustración a la manera de Farber, al que admiraba: una mesa de trabajo, con unos objetos dispersos, con detalles cotidianos que se vuelven un poco irreales. Me habría gustado que los cuentos, y otros relatos que he escrito más tarde, se parecieran a sus cuadros, con elementos tomados de la vida corriente pero a la vez exagerados y alocados, y en una perspectiva aparentemente realista pero imposible”.

Cuadro 'From The Mid-Eighties' de Manny Farber

Cuadro 'From The Mid-Eighties' de Manny Farber

Cuando uno celebra a un autor que le gusta, lateralmente habla de sí mismo. Éste es el sentido de esta serie de artículos. Emmanuel “Manny” Farber (1917-2008) fue un artista y escritor norteamericano al que Susan Sontag consideraba “el crítico de cine más vivo, inteligente, y original que este país haya jamás producido”. Roma locuta, causa finita. En cuanto a su obra pictórica, Gascón la define con precisión, y quien esté interesado en saber más de ella puede consultar en la web de la Quint Gallery’s.