Marinelli

Marinelli GALA ESPÍN Terrassa

Creación

Marinelli, artista renacentista: "Al aceptar que soy un camaleón, asumí que puedo crear arte en cualquier lugar"

Con tan solo 28 años, se ha hecho un hueco en la comunidad artística y ya proyecta futuras exposiciones en Terrassa, Múnich y, hasta, en Nueva York

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Marinelli es una artista de 28 años que lleva toda la vida dedicándose a esto, de pintar: al arte. Aunque a tiempo completo y profesionalmente, tan solo lleva un año y medio, y compartiéndolo con la crianza de sus dos hijos pequeños. Poco tiempo libre y demasiadas experiencias para una emprendedora que ha conseguido consagrarse, en este mundillo, en tan poco tiempo.

Crónica Global ha podido escuchar su historia, de primera mano, desde como fueron sus inicios hasta el día de hoy.

Cuándo saliste del colegio, ¿qué estudiaste y como empezaste a enfocarte en este ámbito?
Tenía muy claro que quería ser artista, pero lo cierto es que tenía un problema de identidad, de qué quería hacer y cómo. Sabía que me encantaba el arte, así que hice bachillerato artístico. Probé con varias cosas, aunque yo sabía que me gustaba, también, el marketing y las ventas, pero sentía que tenía que elegir una sola cosa y eso me agobiaba muchísimo. Hasta el día de hoy que elegí ser Marinelli, y soy como un camaleón --quiero ser todas las cosas a la vez--.
¿Y tu nombre artístico a qué se debe? ¿Cómo lo elegiste?
Viene de mi nombre, de Marina, porque el amor de mi adolescencia me llamaba así y le cogí mucho cariño hasta el punto de que para mí representa como un alter ego artístico. En el mismo logo hay tres puntos, que representan mis valores fundamentales de trabajar: técnica, emoción y simbología. Creo que ningún artista es capaz de ser bueno si no tiene el conocimiento para hacerlo, si no transmite la emoción adecuada y si no tiene el significado suficiente como para que la gente se pueda vincular a lo que hace.
Marinelli con sus obras

Marinelli con sus obras GALA ESPÍN Terrassa

Cuando empezaste a pintar, ¿en quién te inspirabas?
Me gustaban grandes artistas, incluso los que no eran tan conocidos, como Egon Schiele, que para mí fue una inspiración absoluta. Sus trazos, la pureza que tenía, lo que me transmitía y que, al final, eran obras muy incompletas. Y, también, esa espontaneidad y esa frescura de cuando, una obra, a veces la tienes a medias, pero dices: 'aquí ya no hay nada más que tocar porque la frescura que transmites es la buena'.
¿Qué es lo que tú sientes cuando pintas? ¿Intentas que el espectador cuando vea la obra, también, sienta lo mismo que tú cuando la has pintado?
Cada artista tiene sus propias inspiraciones, sus propias vivencias y sus propias sensaciones. Entonces, también, me parece muy bonito que cada espectador pueda llegar a sus propias conclusiones y se vincule con la obra a través de tus propias experiencias.
A lo largo de tu trayectoria has pasado por distintas etapas personales y creativas. ¿Hubo algún periodo más sombrío en el que tus cuadros perdieran esa luz que hoy los define?
Hubo un momento de inflexión en mi vida, hace dos años, en el que vi que todo lo que estaba haciendo no me estaba llevando a ningún sitio y empecé a deprimirme. Estaba en un trabajo, que no era para mí, quería estabilidad y estar tranquila. No tenía clara mi identidad, ni como artista ni como persona, y eso me llevó a hacer trazos más negros. 
Es decir, ¿no le ponías ningún color?
No le ponía nada de nada. Yo siempre he pintado como superimpresionista, de hecho me considero una artista renacentista: canto, toco el piano, me gusta la interpretación, hago voces de doblaje...
¿Se puede llegar a vivir, realmente, de esto?
Antes lo combinaba con otros trabajos, pero me frustraba mucho sentir que la gente me decía que era mi hobby porque no lo era: era y es mi proyecto de vida. Entonces, ¿se puede vivir del arte? Depende de lo buen comercial que seas. A la gente no le gusta esta palabra, pero creo que cualquier empresa funciona o no dependiendo de lo vendedor que puedas llegar a ser. En mi caso, tuve un golpe de suerte cuando conocí a Toni Pérez y coincidimos hasta el punto en el que acabé en un evento privado de Patricia Emerald, haciendo una ponencia.
¿Por qué te defines como artista renacentista?
Porque allá donde haya arte estoy yo. Cuando acepté que Marinelli es un camaleón, acepté que no quería tener un estilo fijo, que no quería fidelizarme a una técnica, que podía crear arte en cualquier sitio, en cualquier ubicación, en cualquier espacio y sobre cualquier material.
Marinelli con sus obras

Marinelli con sus obras GALA ESPÍN Terrassa

¿El arte es apto para todos los bolsillos?
Yo creo que cualquier persona que aprecie el arte es capaz de costeárselo. Hay artistas emergentes, más consolidados, u otros que sus pedidos no bajan de 15.000 euros, pero creo que cualquiera se lo puede permitir si quiere invertir en esto. Hoy en día estamos en un mundo en el que una persona que gana 1.000 euros se gasta 100 en el Shein o yéndose un fin de semana a Andorra. Vamos gastando de 100 en 100 euros en cosas banales y muy consumistas; entonces, ¿hasta qué punto realmente estamos valorando lo que perdura y lo que mantiene la cultura viva? Si tuviéramos la conciencia suficiente como para apreciar las cosas que antes se valoraban, yo creo que sí, que se lo podrían permitir.
¿A cuánto están tus obras, ahora mismo?
 Actualmente, no bajan de unos 2.000 o 3.000 euros, las más pequeñas. Es cierto que todo artista, cuando empieza, tiene ganas de ver su proyecto funcionar y hasta que no empiezas a crear un nombre, todo es mucho más inestable y el caché es otro. Aun así, yo animo a cualquier artista que está empezando que luche por ello.
¿Cuáles son tus próximos proyectos?
Ahora estoy muy enlazada con Patricia Emerald, que se dedican a hacer eventos 'off market' de lujo. Por otra parte, en primavera, se viene un evento muy chulo donde vamos a hacer una especie de galería para poder mostrar y vender mis obras. Además, en 2027, se están preparando varias exposiciones y es posible que tengan lugar en Nueva York, en Múnich y en Terrassa -que es mi ciudad- y no hay dinero en el mundo que pueda pagar el cariño que le tengo.