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Sede de Vall Companys, en Lleida / GOOGLE STREET VIEW

Vall Companys, un gigante con demasiados líos judiciales

El productor cárnico tiene algunos frentes abiertos desde que entró en Comapa, el quebrado rey del jamón

Gerard Mateo
6 min

Grupo Vall Companys es uno de los mayores de Europa en el sector agroalimentario. Sus cuentas reflejan un crecimiento sostenido en el tiempo. No tiene rival en su ámbito. Sin embargo, desde hace algunos meses, este gigante creado por José Vall y hoy gestionado por sus herederos, Josep, Óscar y Meritxell Vall, copa más titulares por los líos judiciales que por sus productos. En el centro de estos conflictos siempre figura el mismo nombre: Comapa, el rey del jamón, participado por Vall Companys.

La historia de Vall Companys se remonta a la segunda mitad de la década de 1950, cuando José Vall, eje vertebrador del grupo, compró la ilerdense Harinera La Meta. Con ella, se inició en el sector de los piensos y dio sus primeros pasos en el porcino –hoy por hoy su principal fuente de negocio–. Y no tardó mucho en iniciarse en el avícola. En 1970 fue cuando constituyó Vall Companys y, unos años después, Transegre, la tercera pata del grupo, dedicada a la logística. Desde entonces, el conglomerado no ha hecho más que crecer, expandirse y comprar otras factorías de distintos ámbitos.

El cambio de sede de Vall Companys

Vall Palou creó en 2001 el holding Inversiones Fenec para gestionar La Meta, Vall Companys y Transegre, de las que pendía otra treintena de subsidiarias. El conglomerado tenía la sede en Barcelona, pero en plena ebullición soberanista el dueño movió la estructura societaria a Madrid. Corría el mes de julio del año 2015. Para hacerlo, transfirió el 100% de Fenec a una nueva sociedad, Invaes, radicada ya en la capital del país. Esta se la repartieron a partes iguales sus herederos a partir de octubre de ese año, tras la muerte del fundador, y bautizaron esos despieces como Noma 2015, Cava Roure y Spirit Capital. Con ellos siguen controlando el gigante cárnico.

La facturación del grupo da buena cuenta de sus éxitos comerciales. En 2019, cerró con unas ventas valoradas en algo más de 2.000 millones de euros (de las que alrededor de la mitad provienen del porcino y, al menos una cuarta parte, de exportaciones, sobre todo a China), y el beneficio superó con holgura los 100 millones de euros. Guarismos que Vall Companys jamás había visto en su ya dilatada historia. Estos son algunos de sus datos de producción: 4,8 millones de cerdos, 80 millones de pollos, 2.100 granjas asociadas, 386.000 toneladas de carne de porcino, 164.000 toneladas de carne avícola, 13.000 toneladas de jamón curado y 13.000 toneladas de vacuno.

Sin embargo, se aprovecha de su tamaño y penetración en el mercado para determinar los precios de sus competidores (según algunos actores del sector, que se muestran alarmados), que tienen escaso margen de maniobra, y estar presente en toda la cadena de valor de la industria. Ha pasado de la cría y el sacrificio a proveer también a los supermercados. Es decir, ha logrado tenerlo bajo control, haciéndose imprescindible, condición esta que no se da en sus ganaderos.

Empiezan los problemas para Vall Companys

En paralelo a Fenec apareció Comapa, grupo que escaló en el sector hasta convertirse en el rey del jamón, algo que llamó la atención de Vall Companys. Al frente de Comapa estaba inicialmente Grup Les Pedreres, del empresario Blai Parés, que a finales del 2001 constituyó la matriz Osona Intensiva, y le transfirió el 100% de la jamonera. Vall Companys entró en Osona Intensiva en 2013 con una participación cercana al 30%, mientras una tercera sociedad, Fleku Treinta, administrada por los hermanos David y Jaime Álvarez Fra, se hizo con otra porción minoritaria del holding. Así, Les Pedreres mantenía el 42,61%; Vall Companys, el 29,84%; y Fleku Treinta, el 27,55%. Las grandes decisiones requerían del beneplácito del 75% de las acciones.

En 2019 todo comenzó a resquebrajarse, hasta el punto que la otrora gran comercializadora de jamón en el país entró en quiebra necesaria. Todo ello después de algunos escándalos sobre la procedencia y la calidad de algunos de sus productos, y después de que los socios mayoritarios despidieran a los hermanos Álvarez Fra acusados del previsible fatal desenlace. Para echarlos, Comapa argumentó una “negligente gestión” con “prácticas comerciales e industriales agresivas, no sostenibles” que pusieron “en riesgo la viabilidad empresarial de la compañía”. Sin embargo, la justicia ha sentenciado que los hermanos eran directivos de un nivel comercial sin atribuciones de dirección, por lo que considera estos despidos improcedentes y condena a la jamonera a indemnizarlos. Es decir, señala directamente a Blai Parés y a Vall Companys.

Vall Companys, ante el juez

Por si fuera poco, Fleku Treinta se ha querellado contra Les Pedreres ​y Vall Companys, a los que acusa de simular una falsa junta de accionistas en la que cambiaron los estatutos a sus espaldas para invalidar la condición del 75% de votos favorables (Les Pedreres y Vall Companys suman el 72,45%) necesarios para tomar las grandes decisiones con el fin de hacerse con el control de Comapa. Este caso está en los tribunales, pero las dos acusadas se han negado a declarar y piden su archivo y sobreseimiento.