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Un camarero en un establecimiento de Barcelona / EP

La desigualdad salarial emerge tras el fin del escudo social

El agotamiento de las ayudas públicas y la escalada de la inflación amenazan el poder adquisitivo de los trabajadores

5 min

Durante la etapa más virulenta de la pandemia, las Administraciones pusieron en marcha un escudo social para atenuar el impacto económico de la crisis sanitaria. Pero con el fin de las ayudas públicas, la desigualdad salarial ha emergido con fuerza como uno de los principales desafíos en Cataluña y el conjunto de España. Ello pese a los buenos datos que reafirman la senda de recuperación de la comunidad catalana.

Esta es una de las conclusiones del último informe anual de la economía catalana en 2021 elaborado por la Consejería de Economía y Hacienda. El documento, presentado este lunes, sostiene que si bien en el primer trimestre de 2022 el índice de Gini tan solo se situó 0,4 puntos por encima del nivel de febrero de 2020, el fin de las transferencias públicas han devuelto el equilibrio entre salarios a la casilla prepandémica.

Pérdida de poder adquisitivo

Es decir, la nivelación que se había obtenido a través de ayudas y estímulos --el estudio calcula que se logró reducir en un 60% la desigualdad salarial-- se ha esfumado una vez que los programas públicos han concluido. A este contexto se suma la potencial pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores por el decalaje entre la evolución de los precios y los sueldos y el encarecimiento de la cesta de la compra.

Si en 2021 el aumento medio de las retribuciones fue del 1,42%, en línea con las contenciones marcadas por la urgencia económica, hasta abril de 2022 este incremento fue del 2,13% --si bien la mayor parte de convenios colectivos todavía están pendientes de renovación--. En cualquier caso, esta cifra está muy por detrás del 8,2% con que cerró el Índice de Precios de Consumo (IPC) en mayo. Una situación que ya adelantó Crónica Global y que va camino de perjudicar el bolsillo de los ciudadanos.

Trabajadores de la construcción en las obras de un edificio residencial / EFE
Trabajadores de la construcción en las obras de un edificio residencial / EFE

Brotes verdes

Pese a estos nubarrones, los datos recopilados en el informe apuntalan la senda de recuperación de la economía catalana. No solo en 2021, sino en los primeros tramos de 2022. Así, los turistas extranjeros en abril de este mismo año ya supusieron casi el 70% de los recibidos en 2019, mientras que las variables del mercado de trabajo en el ejercicio en curso registran cifras pre-Covid tanto en afiliación como ocupación. De hecho, se espera que la desocupación en 2022 sea del 10,4% y que en 2023 baje al 9,9%.

Uno de los grandes sustentos del progresivo recauchutamiento de la economía han sido las exportaciones. No solo han crecido las empresas exportadoras regulares, sino también las no regulares. Y lo han hecho tanto en números absolutos como en volumen de mercancías. En 2021, el Producto Interior Bruto (PIB) catalán creció un 5,8% tras un derrumbe del 11,7% del año anterior. Este rebote se situó seis décimas por encima que la media en toda España (5,1%).

Giró carga contra el Estado

Pese a las turbulencias inflacionarias y las derivadas por la guerra de Ucrania, el estudio reitera las previsiones de crecimiento para el PIB autonómico de un 4,9% en 2022 y un 2,9% en 2023. El consejero de Economía y Hacienda, Jaume Giró, ha reivindicado la "extraordinaria resiliencia" del tejido empresarial catalán.

Pero también ha vuelto a cargar contra el Estado por, a su juicio, el "déficit endémico de la financiación y una balanza fiscal igual de asfixiante". El conseller ha tirado del argumentario independentista para asegurar que esta situación "limita la capacidad del Govern de la Generalitat y, de rebote, condiciona el crecimiento y la expansión de las empresas en Cataluña".