Oriol Alba, secretario general de la patronal Cecot
Oriol Alba (Cecot): "Cataluña fue un polo industrial sin tener grandes recursos. Hoy puede volver a serlo, pero falta visión"
El secretario general de la patronal vallesana analiza los desafíos estructurales que marcan la agenda económica actual, desde la revolución tecnológica hasta la necesidad de aumentar la industria o el impacto del envejecimiento demográfico
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Oriol Alba es secretario general de la patronal catalana Cecot, una organización con sede en Terrassa que agrupa a más de 45.000 empresas y 150 colectivos empresariales. En un momento de profunda transformación mundial, analiza en una entrevista concedida a Crónica Global los desafíos estructurales que marcan la agenda económica actual: desde la urgencia de una reforma administrativa y la integración de la IA, hasta el impacto del envejecimiento demográfico en el estado del bienestar.
Este joven directivo defiende la reindustrialización y el valor añadido como las únicas vías reales para recuperar el poder adquisitivo de los ciudadanos y asegurar la competitividad de Cataluña en la carrera tecnológica global. Además, tiene la hoy rara costumbre de ser optimista. Por ello, pese a su crítico análisis, considera que la región catalana puede recuperar el impulso económico que antaño la convirtió en uno de los núcleos más prósperos del mundo. Solo falta una pizca de visión a largo plazo. Y también algo de autoestima.
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El año pasado se marcaron como objetivo avanzar en la reforma de la Administración. ¿Qué han conseguido?
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Hace un año firmamos un acuerdo con 300 entidades que provocó la reacción del Govern, que ha creado una comisión de expertos en la que trabajamos en tres ámbitos. Ahora queremos avanzar hacia una dirección pública profesional basada en la meritocracia, simplificar los trámites urbanísticos y ambientales para desencallar inversiones y consolidar la Ventanilla Única Empresarial para reducir la burocracia.
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En 2026, ¿cuáles serán los principales dolores de cabeza para las empresas asociadas a la Cecot?
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Nos mantenemos en un "optimismo moderado", porque nuestras empresas muestran una buena actividad económica, mejoras laborales y más facturación, pero el mundo es complejo y propenso a disrupciones. La primera preocupación es la dificultad de encontrar trabajadores cualificados para cubrir miles de vacantes, pues hay que estructurar estrategias de captación de talento, retención y fidelización de personas. La segunda es la creciente inseguridad jurídica en el ámbito laboral, pues el Ministerio legisla de espaldas al diálogo social tradicional articulado entre sindicatos, patronales y, obviamente, la administración. Propuestas como la reducción de jornada, que se han tomado de forma unilateral, nos preocupan. Los agentes sociales hemos aportado estabilidad económica y paz social desde el inicio de la democracia española hasta ahora.
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¿Algo más?
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El gran debate es preguntarnos qué estructura económica queremos para Cataluña, España y Europa… En esta ecuación es importante hablar de tecnología, IA, robotización, automatización... Es prioritario para la economía que las empresas y las pymes industriales aprendan a producir y a generar riqueza con esos mecanismos. Y esto deben hacerlo, por un lado, por la escasez de trabajadores que hay y, por otro, para no perder comba en esta carrera tecnológica mundial.
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¿La tecnología destruirá empleo?
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¡Al contrario! Permite situar el factor humano allí donde es específicamente necesario y genera nuevos puestos de trabajo. Es una grandísima oportunidad. Además, en un momento de envejecimiento de la población, una de las palancas de sostenibilidad del Estado del bienestar es la robótica y la IA. Debemos ser capaces de generar riqueza para poder repartirla entre una población muy envejecida. Si eso no lo hace una máquina, no lo hará nadie.
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Pero será un gran reto adaptar todos los trabajos.
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No es la primera vez en la historia que ocurre. Siempre que hay una disrupción tecnológica, hay una generación que se ve afectada. Hay que ayudarlos con formación, orientación profesional y reubicación de talento. La situación actual es diferente a antaño, eso sí. En las revoluciones tecnológicas anteriores solían verse afectados trabajos más manuales, que a priori se entendían como de menor cualificación. Ahora, la IA puede afectar a perfiles altamente cualificados, como a un arquitecto, un ingeniero o un abogado. En cambio, muchos trabajos manuales serán indispensables. Será imposible hacer la revolución tecnológica e implementar toda la industria 4.0 sin electricistas o mecánicos.
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El mundo, ahora, cambia más rápido que antes...
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La carrera es muy acelerada. En el siglo pasado, los tiempos de adopción de las tecnologías disruptivas como la radio, la televisión o internet eran mucho más lentos. Ahora, aparece ChatGPT o herramientas similares y en pocas semanas todo el mundo las usa. Hay una carrera tecnológica brutal, sobre todo liderada por China y Estados Unidos, y Europa se ha quedado en tierra de nadie. Por ello, es imperativo que empresas y Gobierno se alineen, porque las nuevas tecnologías deben implantarse tanto en las grandes corporaciones como en las tiendas de barrio.
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El PIB crece, pero no lo hace el PIB per cápita. ¿Qué está ocurriendo?
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Es muy fácil que el PIB crezca cuando crece la población. Que no lo haga el PIB per cápita significa que nos estamos empobreciendo. Es un espejismo estadístico que no refleja la capacidad económica de la ciudadanía. El poder adquisitivo se ha visto estancado, o incluso reducido en los últimos años.
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Pero los políticos dicen que España va bien.
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Cataluña y España se han mostrado como una de las economías que más han crecido en los últimos dos años, muy por encima de la media europea, pero impulsadas por una doble combinación: el incremento poblacional y, en menor medida, por efecto de los Next Generation. Pero el PIB per cápita, la riqueza real de las familias, lleva 20 años estancado. Cataluña era una de las regiones que estaba por encima de la media europea, y ahora estamos en la media o un poquito por debajo, y eso que han entrado en la UE países de la Europa del Este, que tienen menor brío económico. El diagnóstico es muy preocupante.
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¿Qué nos ha pasado?
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Nuestra estructura económica está perdiendo atractivo y competitividad respecto a lo que está sucediendo en el mundo. Este es el resultado de un conjunto de malas políticas económicas acumuladas, sobre todo, durante los últimos 10 o 15 años. Esta manera de gobernar de espaldas a las empresas, con mensajes contra la generación de riqueza o contra la industria es lo que nos ha traído hasta aquí. Hemos tenido una Administración poco favorable a la generación de actividad económica.
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¿Y ahora qué hacemos?
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Nuestra recomendación para cualquier gobernante, ya sea un alcalde de un municipio o el presidente de un país, es que defina exactamente un plan de estímulo económico que permita construir una economía de más valor añadido y generar riqueza para, después, actualizar y modernizar los mecanismos de distribución de ese mismo capital.
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Es interesante que hable de modernizar. ¿Tan atrás nos hemos quedado?
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Somos herederos de una economía industrial en la que los mecanismos de distribución de riqueza eran principalmente dos: los impuestos y los sueldos y salarios. Pero ahora somos los padres de una nueva economía digital donde este modelo no tiene por qué seguir siendo igual de válido. Ahora hay empresas tecnológicas capaces de generar mucha riqueza con una ratio mucho menor de trabajadores y, por lo tanto, necesitamos nuevos elementos para distribuir ese capital. A la vez, debemos ser capaces de generar una economía de mucho más valor añadido, más industrializada, innovadora, diversificada e internacionalizada para tener capacidad de mejorar la vida de las personas. Y no hace falta ir muy lejos: las economías que mejor salieron o reaccionaron tras el Covid fueron aquellas que tenían más industria y capacidad estratégica para reaccionar ante una disrupción de tal calibre.
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¿Y aún estamos a tiempo de reindustrializar Cataluña?
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Claro. Las economías más industrializadas, más dinámicas, más internacionalizadas, con espíritu emprendedor y con capacidad innovadora son las que, a priori, mejor podrán afrontar el siglo XXI. ¡Y a Cataluña todo esto le es propio! Tanto por nuestra herencia y tradición como por nuestra situación actual económica y geográfica, la capacidad que tenemos de generar talento o las posibilidades innovadoras. Tenemos todos los elementos para ser una región ganadora. Falta creérselo, impulsarlo y desplegar políticas y una capacidad institucional que lo acompañe.
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¡Necesitamos industria! Y, una vez la recuperemos, ya debatiremos todos los atributos que sean necesarios y propios de estos tiempos: una industria sostenible, inclusiva, responsable, con valores de compromiso en la lucha contra el cambio climático, de gobernanza, etcétera. La economía terciarizada nos está llevando a un país de bajos salarios y de mayor precarización laboral.
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¿Podemos atraer inversiones con una fiscalidad tan elevada como la que padecemos?
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Hoy en día sufrimos una presión fiscal altísima. Estos impuestos no están orientados a incentivar o generar nada, sino que son simple y llanamente recaudatorios. Pero, si seguimos así, firmaríamos esta fiscalidad dentro de unos años, porque desgraciadamente el horizonte pinta todavía peor.
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¿Peor?
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Es complejo. Ante el reto demográfico que tenemos, cada año se jubilan más personas que las que entran en la población activa. Cada vez menos cotizantes deben mantener ya no solo a los jubilados, sino también a los desempleados, los menores de edad, los incapacitados, los enfermos y a todas las personas dependientes del sistema público. En esta proyección a futuro, esto se agravará aún más por el envejecimiento de la población y la falta de natalidad. La receta fácil que han practicado en las últimas décadas es apretar cada vez más a la clase trabajadora, a los autónomos, al pequeño empresario y a los empresarios en general. La sostenibilidad del Estado del bienestar se mantiene a base de asfixiar a todos estos colectivos. Si esta sigue siendo la receta, se generan desincentivos, no solo al trabajo sino a la atracción de nuevas iniciativas empresariales y a la captación de inversión extranjera. Por eso en la Cecot decimos que, si seguimos así, dentro de 20 años miraremos atrás y pensaremos que vivíamos en un paraíso fiscal.
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Si no se soluciona el problema del envejecimiento de la población, todo el sistema está en entredicho…
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Hay un riesgo de quiebra de la sociedad del bienestar por una tensión en las finanzas públicas. Hay algunas palancas a activar: fomentar la natalidad, que es difícil. Luego, el acceso a la vivienda es clave, porque si los jóvenes no se emancipan, no tienen estabilidad laboral ni habitacional y, por lo tanto, no pueden iniciar sus familias. Y, también, la inmigración. La necesitamos para complementar esta fuerza laboral que no ha nacido y no existe en Cataluña. Pero presenta retos importantes; ya no solo culturales, sino en la capacidad que tengamos de absorber a estos recién llegados: vivienda, movilidad, infraestructuras en general, que no las tenemos aún preparadas.
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Pero los inmigrantes también envejecerán algún día.
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Sí, es lanzar el balón hacia adelante. Es un recurso inmediato, pero no es la solución. Para mí, la prioridad máxima y urgente es una revolución tecnológica y digital para incorporar esta tecnología y así poder seguir teniendo la capacidad de generar economía y riqueza.
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Tanto usted como el presidente de Cecot, Xavier Panés, repiten por activa y por pasiva que esta situación compromete el Estado del bienestar.
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Que la sociedad del bienestar está en peligro es matemática pura, solo hace falta comprobar la proporción de personas que viven del sistema respecto a las que trabajan y cotizan. Es demoledor que entren cada día más personas en la jubilación que en el mercado laboral. Y si eso ocurre de forma continuada durante 20 años, ¿dónde vamos? No hay un único instrumento que lo solucione todo. Yo siempre digo que si quieres hacer buena música tienes que tocar muchas teclas.
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¿Cuáles son esas palancas?
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Debemos hablar de una política migratoria inteligente, con contratación en origen, orientada al trabajo y captación de talento. Debemos hablar de retrasar la edad de jubilación, tener un debate responsable sobre cuál era la esperanza de vida cuando se estableció y cuál es ahora. Debemos hablar de jubilación activa, de jubilación reversible, de flexibilidad laboral. También de formación a lo largo de la vida, de orientación profesional para cambiar de ámbito laboral o de reinsertarse. Debemos hablar de conciliación real y de adecuación de los horarios escolares a los del trabajo.
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También hay medio millón de catalanes viviendo fuera.
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Ese retorno es indispensable. Algunos catalanes se marcharon porque aquí no tenían salida profesional, muchos durante la crisis financiera de 2008, y han hecho su vida en otros países. Sería muy inteligente crear programas para recuperar ese talento; que vuelvan con los conocimientos y capacidades adquiridos por todo el mundo, dándoles facilidades para que trabajen en nuestras empresas o inicien actividades propias aquí. Ese colectivo reunido representaría hoy, por volumen, la segunda ciudad más grande de Cataluña.
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Hablemos de inmigración.
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La política migratoria no puede ser un tabú. Tenemos que decir que nuestra economía necesita que vengan nuevas personas para trabajar, pero esta inmigración debe estar orientada al trabajo, que es un elemento de integración clarísimo. Las personas que vienen a Cataluña lo hacen por necesidad, buscando una vida mejor, huyendo de situaciones duras, de conflictos o crisis. Quieren ganarse la vida y tener un futuro. Y nosotros debemos transformar ese deseo en oportunidades reales, dotándoles de un trabajo. Para que eso ocurra, tenemos que analizar cuáles son los puestos de trabajo que podemos absorber y cuáles son los perfiles demandados para poder ir a sus países de origen a buscarlos. Una vez aquí, es necesaria una formación personalizada o una adecuación de sus conocimientos y competencias.
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En una reciente entrevista en este medio, el empresario Pau Vila alertaba sobre el modelo actual de pensiones, en el que, según él, los nuevos jubilados ya ganan más que la mayoría de trabajadores.
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Es un tema a veces impopular, pero por responsabilidad debemos abordarlo. Los jubilados representan un colectivo cada vez más numeroso, lo que genera una insostenibilidad de la sociedad del bienestar. Actualmente, el déficit de ese modelo se cubre con apalancamiento, con deuda pública. Pero ello genera un conflicto intergeneracional, porque lo que hace es trasladar a las futuras generaciones –seguramente a quienes hoy tienen 20, 30 o 40 años– el coste de pagar las necesidades de hoy. Es imperativo que como sociedad reflexionemos sobre cómo mantendremos el sistema de pensiones sin seguir asfixiando a la clase trabajadora con más impuestos. En este sentido, vuelvo a la base: es indispensable que reformulemos la estructura de nuestra economía hacia una de mayor valor añadido, mayor productividad y mayor riqueza para poder distribuirla.
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¿Y favorecer el ahorro privado puede ser una solución?
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En el ámbito fiscal aún se pueden generar muchos incentivos para que, sectorialmente a través de los convenios laborales, se incluyan elementos de incentivo al ahorro por parte de empresas y trabajadores. Culturalmente, hay mucho camino por recorrer en la disciplina del ahorro y la inversión dentro de las familias. Hay otras economías que lo tienen mucho más interiorizado, pero aquí siempre hemos entendido que el Estado se haría cargo de la jubilación; también porque venimos de una tradición donde seguramente tenías un trabajo para toda la vida y la casa en propiedad ya pagada. Esa fórmula hoy está en entredicho. Cualquier lector que tenga menos de 50 años haría muy bien en prestar atención a su economía y empezar a planificarla desde ahora mismo.
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Para acabar: ¿hay motivos para el optimismo en Cataluña?
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Por supuesto que los hay, solo hay que ver cómo somos los catalanes. Las personas son el más importante y diferencial elemento para generar prosperidad. La Cecot tiene la sede en Terrassa, que es uno de los corazones industriales del sur de Europa y, a priori, no teníamos ni las materias primas necesarias, ni los recursos energéticos, ni estábamos situados sobre un pozo de petróleo ni sobre una fuente de carbón. Y, aun así, conseguimos generar una de las regiones más industrializadas y avanzadas del mundo. ¿Por qué? Hay una cultura y unas personas que tenían la capacidad innovadora y emprendedora necesarias para hacerlo posible. Por lo tanto, ahora podemos hacerlo de nuevo.
- ¿Tenemos los ingredientes para ello?
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Yo creo que el futuro pertenece a aquellas economías que tienen una capacidad industrial manufacturera que esté de acuerdo con el nuevo signo de los tiempos. Es decir, una industria más orientada a los valores del siglo XXI, más sostenible e inclusiva. A Cataluña todo esto le es propio: tenemos centros tecnológicos, una base industrial muy potente, una economía orientada al mundo, una base de talento y universidades y un atractivo que debemos saber jugar, con una situación geográfica espléndida. Debemos ordenar todos estos ingredientes para hacerlo posible. Fuimos un gran polo industrial sin grandes recursos y podemos volver a serlo, pero nos falta visión y autoestima. California ha sido la región más rica del mundo los últimos 50 años y es una playa al lado de montañas y desierto. ¿A nosotros qué nos frena?