Varios clientes de banca hacen cola ante las sucursales / CG

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La banca inunda a los inversores con 52.700 millones en dividendos desde el fin del veto del BCE

Las entidades se abonan a las recompras de acciones ante el descuento que presentan las cotizaciones sobre su valor en libros

Más información: La banca cotiza por debajo de su valor contable pese a invertir 16.000 millones en recompras

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El sector financiero ha sido uno de los principales protagonistas de los mercados durante el último trienio, en el que ha brillado especialmente en bolsa. El fin a la inédita pero larga etapa de tipos cero ha contribuido a disparar márgenes, beneficios y rentabilidades. Pero si algo ha atraído por encima de todo a los inversores a la hora de hacer una fuerte apuesta por los bancos ha sido la tormenta de retribuciones desatada a raíz de que el Banco Central Europeo (BCE) levantara el veto que impuso con la irrupción de la pandemia.

Desde entonces, los bancos españoles cotizados han distribuido entre sus accionistas unos 52.700 millones de euros. Un aluvión que ha llegado tanto en forma de dividendos en efectivo como a través de programas de recompras de acciones.

Un sistema este último ampliamente extendido en el tiempo en Wall Street pero cuya implantación en Europa no es tan acusada. Menos aun en España y en el sector financiero, hasta el punto de que en la mayoría casos se trataba de la primera vez que ponían en práctica esta operativa en una historia, en ocasiones centenaria.

El notable incremento de los dividendos ha venido derivado de la mejora de los beneficios pero también de los cambios en las políticas de retribución al accionista, que se han tornado más agresivas en buena parte de los casos.

El BCE levantará el veto a los dividendos de la banca en octubre / EP

El BCE levantará el veto a los dividendos de la banca en octubre / EP

Tras el estallido del Covid 19 y su fuerte impacto en las principales economías, el BCE centró sus esfuerzos en que no se repitieran episodios como los de la crisis financiera de finales de la primera década del siglo. No escatimó esfuerzos para que las entidades financieras de la eurozona dispusieran de barra libre para la concesión de créditos. Sin embargo, a cambio impuso más restricciones de tipo regulatorio para garantizar que los bancos reforzaran su capital

Por entonces, el panorama era de total incertidumbre y pocos se atrevían hacer pronósticos tanto sobre la duración de la crisis como sobre la magnitud de los daños estructurales que causaría en las grandes economías. 

Resarcirse tras las críticas

El veto a la distribución de dividendos acarreó no pocas críticas entre las entidades financieras, que sufrieron un serio correctivo bursátil en un momento más que complicado para las bolsas. 

Una vez que el BCE permitió de nuevo la remuneración a los accionistas, los bancos no han dudado en resarcirse de la anterior situación y recuperar el favor de los inversores a golpe de dividendos, recompras y amortizaciones. 

Onur Genç, consejero delegado de BBVA / EP

Onur Genç, consejero delegado de BBVA / EP

A partir de entonces, los consejos aprobaron revisiones al alza sus respectivas políticas de dividendos, en especial en lo concerniente al porcentaje del beneficio neto destinado a remunerar a sus socios ('pay-out', en el lenguaje bursátil). 

Así, BBVA pasó del 35% con el que contaba antes de la pandemia al 50%, que aun mantiene hasta ahora. Además, aprovechó parte del exceso de capital resultante de la venta de su negocio en EEUU para poner en marcha recompras de acciones, que también han llegado hasta la actualidad.

En el caso de Santander, tras el regreso de los dividendos a la banca fijó su pay-out en el 40%, distribuido prácticamente en partes iguales entre pagos en efectivo y recompras. Un año después, en 2023, el consejo liderado por su presidenta, Ana Botín, elevó esta proporción al 50%. Una medida que, además, ha coincidido con los dos beneficios más elevados de su historia, en términos absolutos. 

Cada una de estas dos entidades ha retornado a sus accionistas algo más de 18.000 millones de euros, bajo las dos modalidades citadas.

Logo de Caixabank en la torre KIO, hasta ahora sede de Bankia / EP

Logo de Caixabank en la torre KIO, hasta ahora sede de Bankia / EP

No se ha quedado atrás Caixabank. Su fusión con Bankia llegó en plena restricción por causa de la pandemia. El primer plan estratégico de la entidad resultante incluyó como puntos más atractivos un objetivo de retorno al accionista de 9.000 millones de euros (revisado posteriormente a 12.000 millones) y un primer y ambicioso programa de recompra de acciones por 1.800 millones. 

Al mismo tiempo, el consejo estableció una política de dividendos que establecía el reparto de entre un 50% y un 60% del beneficio neto. Hasta ahora, la proporción definitiva siempre se ha situado por encima del límite mínimo.

Por su parte, Banco Sabadell ha mejorado también su pay-out hasta dejarlo fijado en el 60%, el más elevado del sector. Y además, ha encontrado en la remuneración al accionistas un arma de excepción para convencerles de que la situación ideal para la entidad que preside Josep Oliu es seguir en solitario. Un escudo defensivo contra la OPA hostil lanzada por BBVA el pasado mayo.

La recompra de acciones anunciada la pasada semana llevará a la entidad a adquirir para su posterior amortización cerca de un 7% del capital en un periodo de doce meses. 

Requisitos regulatorios

Los principales ejecutivos del sector han justificado esta fórmula por el descuento que las cotizaciones bursátiles presentan en relación con sus valoraciones contables. Los bancos españoles lamentan con frecuencia que los notables requisitos regulatorios a los que deben hacer frente hacen que su precio en el mercado no refleje su verdadero valor ni incluso su potencial. 

Una circunstancia que les penaliza, sin ir más lejos, frente a los americanos. Además de ser un estímulo para atraer inversores, las recompras también se han revelado como una forma de hacer de la necesidad virtud y, además, de tratar de revertir la situación. La coincidencia generalizada es que, a falta de oportunidades claras en el mercado, la mejor inversión tiene como destino las propias entidades.