Manifestación contra Manuel Bravo, dueño del local del Banc Expropiat, en 2016

Manifestación contra Manuel Bravo, dueño del local del Banc Expropiat, en 2016 Cedida

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Así es la guerra abierta en la familia propietaria del Banc Expropiat

Los Bravo Solano, empresarios conocidos en Barcelona, están a trompazos tras amasar un colosal patrimonio inmobiliario en la ciudad

12 marzo, 2024 00:00

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Es la guerra secreta entre los dueños del llamado Banc Expropiat, la célebre casa okupa del barrio de Gracia de Barcelona que zarandeó los últimos días del alcalde Xavier Trias (CiU) y los primeros de Ada Colau (BComú). Los dueños del local, la familia Bravo Solano, están a la greña tras amasar un colosal patrimonio inmobiliario en la ciudad. 

Muestra de esa pelea es el juicio que se sigue en la Audiencia Provincial de Barcelona hasta el miércoles, y que avanzó este medio. En el mismo está acusada F.L., la actual pareja de Francisco Bravo Rodríguez, el empresario y decano de la familia que ha conseguido un patrimonio destacado ubicado tanto en la capital catalana como en las urbes de sus alrededores. 

Un conjunto de bienes que se sitúan en torno a los 70 millones de euros, según señalan desde el sector. La pugna familiar es por el control de los activos.  

Padre contra hijo

La acusación particular de la causa que ha llegado a los tribunales la ejerce su propio hijo, Manuel Bravo Solano, y su exmujer, Isabel Solano. Los mismos interlocutores señalan que ambos se han alineado contra los intereses de Bravo Rodríguez. 

Los Mossos d'Esquadra, ante el Banc Expropiat en Barcelona

Los Mossos d'Esquadra, ante el Banc Expropiat en Barcelona EFE

Colaboran desde una sociedad inmobiliaria en la que participan ambos, Niki Gestión. Ambos han acusado a la actual pareja de Francisco Bravo de intentar estafarles 8,7 millones de euros por la venta de unos terrenos industriales situados en la llamada gran Barcelona. 

"Hay una guerra secreta"

Este medio se ha dirigido a Manuel Bravo para que aportara su versión, sin éxito. Fuentes cercanas al padre sí la han dado. Aseguran que el empresario "labró un imperio inmobiliario desde una humilde posición de emprendedor en el sector de la noche", ya que operaba discotecas muy conocidas en Barcelona. 

Desde ese punto de partida, invirtió en activos o bienes raíces de uso tanto residencial como suelo o naves industriales. Señalan que su portfolio es variado. 

Camelot y Gambrinus

Entre otras, en el sector de la noche catalana se le recuerda por ser el dueño de Camelot, una de las discotecas más populares de Barcelona en los años 70. Cerró en 1995, cuando dejó paso a la icónica Salvation, dedicada al público gay. Hoy es Arena Experience, la última apuesta de Marcos Nespral, sobrino del desaparecido Aladino Nespral

La gamba de Gambrinus, en el Passeig de Colom de Barcelona

La gamba de Gambrinus, en el Passeig de Colom de Barcelona Cedida

Asimismo, Francisco Bravo también operaba Gambrinus, el restaurante-club situado en el paseo de Colón y que ha legado la escultura del gambón gigante de Javier Mariscal en el litoral de la capital catalana. 

Inmobiliario

Desde el trampolín de la noche catalana, el septuagenario emprendedor amasó el patrimonio que ha generado la pugna familiar. También tenía interses en el transporte por carretera en su Andalucía natal. 

Bravo se alió también en su momento con la familia Sutorras, unos constructores catalanes con intereses en el arrendamiento de activos al por mayor. El negocio floreció al calor de la expansión de la industria inmobiliaria antes del crash de finales de los 2000. 

Cisma familiar

En la década de 2010 llegó la gran zozobra. Por motivos que se desconocen, la familia Bravo, que entonces ya atesoraba un importante cartera de activos, se rompió en dos. Por un lado, Francisco Bravo Rodríguez y su nueva pareja. Por el otro, Isabel Solano, su exesposa, y Manuel, el hijo de ambos. 

Masía de Can Roldán, en Sant Joan Despí

Masía de Can Roldán, en Sant Joan Despí Cedida

Esta ruptura "se produjo a mediados de los 2010", insisten desde el entorno del empresario. Desde aquel momento, Manuel e Isabel dejaron de asistir a los memorables cumpleaños que Bravo padre celebraba en la masía de Can Roldán, La Pequeña Venecia, su cuartel general en Sant Just Desvern (Barcelona). 

Procesos judiciales

A lo largo de los últimos años, incluso en algún momento los Bravo han intentado acercar posturas, aunque los movimientos en este sentido han sido sin éxito. Las dos partes se han enrocado y, finalmente, la pugna ha llegado a los tribunales.

Fuentes conocedoras de los procedimientos abiertos han alertado de que Bravo padre "se quedó compuesto y sin casi nada", aunque lo ha recuperado poco a poco en los tribunales. 

Las mismas voces insisten en que la causa por estafa que se juzga esta semana en la Audiencia Provincial de Barcelona "es una entrega más de la guerra que mantiene la familia y que no cuentan a nadie por motivos evidentes: es una crisis familiar con muchos activos en juego". 

El hijo, 'machacado' por los okupas en 2016

En esta larga pelea, hubo un punto de máxima tensión. Fue en mayo de 2016, cuando los Mossos d'Esquadra, siguiendo una orden judicial, desalojaron el llamado Banc Expropiat de Gracia. La casa okupa había sido tomada por los antisistema en el mandato de Xavier Trias (CiU) como alcalde de la capital catalana. Irrumpieron en los bajos de un inmueble de oficinas inmobiliarias cerradas que había comprado Antartic Vintage SL, operada por Bravo hijo e Isabel Solano.  

Incidentes en uno de los días de protesta del Banc Expropiat en Barcelona

Incidentes en uno de los días de protesta del Banc Expropiat en Barcelona Cedida

El desalojo derivó en seis días de disturbios en Barcelona y un escrache en la oficina de Manuel Bravo en Paseo de Gracia, que contuvieron los Mossos d'Esquadra. Era la misma oficina donde iba siempre Bravo padre, pero de la que también fue apeado según los mismos interlocutores.

La pugna familiar había estallado de forma paralela al conflicto en las calles de Barcelona. Nueve años después, la disputa ha escalado hasta su cénit, cuando llos Bravo se han visto las caras en la Audiencia Provincial.