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Un grupo de manifestante contra los toros se dirige a Pedro Sánchez tras intervenir en un acto del PSOE en protesta por el Toro de la Vega / EFE

PSOE, ¿qué hacemos con los toros?

El presidente capea la polémica de cada San Fermín en su propio partido entre animalistas y partidarios de los ‘espectáculos’ taurinos, diezmados en la última década

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Manadas sexuales aparte, animalistas y partidarios de la llamada fiesta nacional vuelven a la greña por San Fermín. Plantean al Gobierno un serio debate entre una cúpula protaurina o contemporizadora y ministros, bases y socios podemitas y catalanistas que defienden a capa y espada el fin de espectáculos con sangre y maltrato animal. Mientras, los festejos en plazas, según el Ministerio de Cultura, están perdiendo fuelle.

El propio presidente, Pedro Sánchez, nada y guarda la ropa cuando se le pregunta. “A mí no me van a ver en ninguna corrida de toros, pero la tauromaquia es cultura. Flaco favor hacen al debate quienes la vinculan con el maltrato animal”, aseguró en 2014 el entonces flamante secretario general del PSOE en el foro de Nueva Economía. La ambigüedad le acarreó un alud de críticas de los animalistas y de la Unión de Toreros.

Cúpula favorable

Dentro del Ejecutivo, como en muchas faenas sobre el albero, hay división de opiniones. La vicepresidenta, Carmen Calvo, se ha declarado “feminista, roquera y taurina”. “No tengo que pedir permiso ni perdón porque me gusten los toros”, dijo en una ocasión. Una afición compartida por otro peso pesado, José Luis Ábalos, ministro de Fomento, además de secretario de organización del partido. “Tengo un gran respeto sentimental a esta fiesta. Mi padre toreó de joven”, terció con un polémico tuit tras ser visto en una barrera de la plaza de las Ventas.

También se ha dejado ver el secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver, durante la Corrida de la Prensa que cerraba San Isidro, en compañía del rey, Felipe VI.

Ministros contrarios 

En una especie de cisma, la ministra de Transición Energética y Medio Ambiente, Teresa Ribero, y tanto el fugaz ministro de Cultura, Màxim Huerta, como su sucesor, José Guirao, se han mostrado abiertamente en contra de los toros y de “mejorar la protección animal”.

El mundo del toreo está expectante ante el titular de Cultura, departamento del que depende la Tauromaquia desde 2011. Todavía no se ha pronunciado con claridad, pero en 2016 mostró en público su rechazo a la caza durante la presentación de la plataforma Capital Animal, acto en el que igualó los derechos de los animales a los de los hombres.

La presidenta del PSOE, Cristina Narbona, tampoco es partidaria de las corridas de toros. Pero no aboga por suprimirlas totalmente sino que “gradualmente hay que evitar el momento sangriento” de la muerte del toro en el ruedo, para que la gente no sufra viéndolo. Una regulación parecida a la de Portugal o a la pretendida en el Gobierno balear presidido por la socialista Francina Armengol.

Cuestión de tiempo

Narbona, exministra de Medio Ambiente, presidenta del PSOE y pareja del superministro de Exteriores Josep Borrell, asegura que no sabe si dentro del partido hay una mayoría en contra de las corridas de toros. Pero está convencida de que “su desaparición es solo cuestión de tiempo”.

Los taurinos admiten con enfado el retroceso. Pero han visto como en poco tiempo las corridas han desaparecido en Canarias, Barcelona, último bastión de Cataluña tras Girona, Figueres, Tarragona y Sant Feliu, y en La Coruña, Palma, Vitoria