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El pensamiento falsamente optimista puede derivar en trastornos / KATE TEER HAAR (FLICKR)

Positividad tóxica o negación del fracaso, la antesala de un trastorno mental

La pandemia y las redes sociales impulsan estas corrientes de pensamiento falsamente optimistas

Beatriz de la Rica
14 min

La positividad tóxica u optimismo extremo puede provocar patologías que desemboquen en un trastorno mental. La pandemia y las tecnologías instantáneas como las redes sociales han ayudado a que este tipo de pensamiento se popularice, en perjuicio de la salud mental de las personas que lo practican. Francisco Solano, psicólogo clínico y coordinador del Grupo de Trabajo Coaching&Mentoring del Colegio Oficial de Psicología de Cataluña, define el positivismo tóxico como “una distorsión cognitiva de la realidad. Es una visión exageradamente optimista que está muy cerca de estar viviendo una fantasía”.

Se trata de un optimismo engañoso porque se centra en las emociones positivas e inmediatas y bloquea las emociones negativas. Se puede llegar a fingir que todo está bien siempre. El doctor Solano advierte: “La búsqueda constante de la satisfacción inmediata, de querer estar bien continuamente, empieza formando una espiral mental que se transforma en un bucle y acaba en una patología, incluso en un trastorno. Esta distorsión cognitiva tiene una base muy fuerte de ansiedad y de estrés”.

Diferencias entre positividad y positividad tóxica

El optimismo o positividad es la actitud de querer buscar aspectos positivos de la realidad, sin alterarla. En cambio, el optimismo patológico o positividad tóxica se centra en los aspectos positivos o los finge para bloquear las emociones negativas. De esta manera se obtiene una visión sesgada y distorsionada de la realidad. “Las personas que niegan sus fracasos, no aceptan las experiencias negativas y no las reconocen como fuente de aprendizaje, están cayendo en esta trampa”, considera el facultativo. 

“Cuando la positividad es tóxica, además es adictiva. Y es adictiva por esa necesidad constante e intensa de encontrar algo que proporcione satisfacción inmediata”, expone Solano. Esta corriente de pensamiento erróneamente positiva también presenta la paradoja de que el individuo puede tomar el control sobre anhelos universales como el amor, la felicidad o el éxito, cuando no es cierto. De hecho, en la práctica resulta todo lo contrario: las personas tóxicamente optimistas acaban por delegar ese supuesto control al destino, al universo, a lo espiritual... Debido a esto, es fácil relacionar este tipo de ideas con teorías como la ley de la atracción que popularizó la frase “piensa en lo que quieres atraer”, a raíz de la publicación del libro de autoayuda El Secreto de Rhonda Byrne en 2006.

Las redes sociales impulsan corrientes de pensamiento falsamente optimistas / PIXABAY
Las redes sociales impulsan corrientes de pensamiento falsamente optimistas / PIXABAY

Nada que ver con la psicología positiva

El psicólogo insiste en que este falso positivismo “no tiene nada que ver con la psicología positiva de Martin Seligman”. La psicología positiva es una visión de salud, de equilibrio y de bienestar de la persona que trata de identificar y gestionar las emociones humanas. En esta corriente las experiencias negativas se reconocen como tal, y son motivo de aprendizaje. “No debemos silenciar las experiencias negativas porque aprendemos cuando las cosas cuestan y son difíciles. Este aprendizaje nos ayuda a madurar, a rectificar”, resume el doctor Solano.

En efecto, el optimismo o positivismo tóxico dista mucho de la psicología positiva del precursor Martin Seligman, psicólogo y presidente de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) entre 1996 y 2005. El profesor Seligman señala que la psicología positiva tiene tres objetivos: el primero, ocuparse tanto de las debilidades humanas como de sus fortalezas. El segundo es que debe encargarse tanto de construir fortalezas como de reparar daños. Y, finalmente, debe estar interesada en las mejores cosas de la vida, seguir con una plena vida normal, y estimular a los genios y grandes talentos. Otros expertos relacionados con la psicología positiva son Nancy Etcoff, Dan Gilbert o Mike Csikszentmihalyi.

Bloqueo de emociones negativas

Pretender que todo esté excelente y positivo siempre, por necesidad, puede llevar a bloquear emociones como la frustración, el malestar, el no aceptar un fracaso o no saber gestionarlo, entre otras. Según Solano, bloquear una emoción siempre trae un problema a continuación. “Imaginemos que un paciente ha perdido un familiar durante la pandemia. ¿Acaso no puede sentirse triste? ¿No es natural, humano o sano sentir pena y llorar por tus seres queridos?”, pone de ejemplo el especialista. Las emociones forman parte del ser humano y negarlas va en contra del principio básico de salud.

“Cuando vivimos alguna amenaza real o no, el cuerpo se tensa. Empieza a desarrollar conductas propias del estrés. Se pone en alerta y lleva la sangre a aquellas zonas que considera importantes para huir. Suben las pulsaciones, posibles taquicardias”, describe el facultativo y añade: “El metabolismo se acelera, simplemente porque te sientes mal y aquí es donde hay que gestionar esta emoción”. Prosigue el psicólogo: “No estar bien forma parte de la salud y de la realidad de la persona”. La psicología indica que lo verdaderamente importante es identificar bien las emociones y gestionarlas. No ocultarlas, taparlas o bloquearlas. “Cada vez que se tapona una emoción negativa o no se reconocen los propios sentimientos, en psicología siempre va a traer problemas”, confirma.

Sociedad infantilizada y tecnologías instantáneas

La popularización de este fenómeno es un evidente indicador del alto nivel de ansiedad y frustración que hay en toda la población. El doctor Solano afirma que “la sociedad actual se ha infantilizado muchísimo y lleva años extendiendo la cultura de lo inmediato. La gente solamente quiere pasarlo bien y parece que la otra realidad no existe”. Y advierte de que la búsqueda de la felicidad ya es un error en su propia formulación, al igual que lo es querer ser perfecto. “Porque la felicidad no es un estado permanente. Se confunde el estar bien la mayor parte del tiempo con ser feliz, y esto genera frustración. La felicidad en sí no debería ser un objetivo, pero sí deberían serlo la salud y el bienestar”, aclara. “Alguien que busca la felicidad está abocado a vivir con un nivel de ansiedad bastante alto. En consecuencia, está abocado a trastornos”, y continúa: “Desde el punto de vista clínico, son personas que tienen muchas dificultades para gestionar las emociones negativas”.

La transformación tecnológica de las últimas décadas ha contribuido a la idea de que todo ha de ser instantáneo. Al utilizar la tecnología todo resulta rápido y al momento, una dinámica que, según el experto, estamos empezando a sincronizar y a adaptar en los hábitos de vida. Solano define este hecho como “ansiedad pura”. “Esto es el mismo impulso que buscar esa felicidad de forma constante, rápida e intensa”, reitera y precisa que tras ello, podemos encontrar “un comportamiento ansioso, que en el futuro probablemente será una patología”.

Mujer triste ante el mar
Mujer triste ante el mar

Más ansiedad por la pandemia y las redes

El psicólogo Francisco Solano también es miembro de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés (SEAS), ubicada en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Explica Solano que se ha observado una aceleración de estos comportamientos a partir de la pandemia del Covid-19 y el aumento de horas invertidas en el consumo de redes sociales. “Aunque ya existía la cultura de la satisfacción inmediata, la situación se ha agravado por la falta de relación social y la ansiedad provocada por la pandemia”.

La relación social es fundamental para el equilibrio y la salud del ser humano. Cuando existe una falta de relaciones sociales se tiende a sustituir por satisfacciones inmediatas, que finalmente es lo que busca el optimismo tóxico. Por este motivo, no podemos sustituir las relaciones sociales humanas por las redes sociales, ya que muchas veces influencers y famosos están siendo positivamente tóxicos sin saberlo. Puesto que en redes se expone el lado positivo y los momentos más felices de la vida de una persona, y se obvian los problemas que tienen en mayor o menor medida. El consumo continuo de este tipo de contenido falsamente optimista puede llegar a afectar a la autoestima y autoaceptación de la audiencia.

La verdadera salud

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como “un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. Así, para obtener una verdadera salud, debemos poner el foco en el pensamiento, las emociones y las relaciones sociales que tenemos, no solo en el cuerpo. Frente a la ansiedad y la frustración actual, este especialista considera que “el camino es identificar las emociones y preguntarse a uno mismo: ‘¿Qué siento, qué pienso y qué quiero hacer respecto a ello?’”. Este ejercicio es la manera más sencilla de devolverle el poder a la persona para que pueda tomar su propia decisión y el control de su comportamiento. “Este es el mejor sistema para que nadie se deje manipular, ni frustrar y pueda dirigir sus pensamientos”, insiste el psicólogo.

Normalmente para identificar las emociones debe haber un mínimo de reflexión y requiere que alguien nos ayude a pensar. Los mecanismos y procesos de pensamiento, emoción y conducta funcionan igual para todas las personas. Existen múltiples emociones y todas tienen nombre: tristeza, alegría, amor, rabia, miedo, etcétera. Solano aconseja: “Debes poner un nombre de emoción a lo que sientes. Si yo me siento triste lo importante es que sepa reconocer el sentimiento de tristeza, reflexionar sobre el porqué, y darme tiempo a sentir esta emoción antes de pasar a otra cosa”.

Educación emocional

“No es que nos falte educación acerca de salud mental, sino que nos falta educación acerca de la persona”, corrige Solano en referencia a la educación emocional. El terapeuta especifica que una persona es el conjunto de pensamiento, emoción y conducta. Y declara: “Desgraciadamente la educación emocional es algo que se ha ignorado durante décadas, y afortunadamente, este siglo tenemos que aprender a manejar nuestras emociones, simplemente para disfrutar de nuestra vida y vivir con calidad”.

Por este motivo en algunas escuelas se está empezando a trabajar en el ámbito de la educación emocional, para que los niños y niñas puedan identificar sus emociones y sentimientos, y ponerles nombre. “El sentido de la educación de las personas tiene que ver con formar niños que luego sean adultos brillantes. Tiene que ver con ayudar a las personas a ser conscientes de las experiencias que les pasa, independientemente de si son negativas o positivas. Ese es el sentido de la experiencia y de la salud, y de formar personas equilibradas”, concluye.