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Anorexia, uno de los trastornos alimentarios: una manzana mordida se ve 'gorda' en el espejo / EUROPA PRESS

La operación bikini del verano, un nido de trastornos alimentarios

Los estereotipos sociales y la falta de horarios ponen en una situación difícil a los pacientes de estas enfermedades

Esther Figueroa
7 min

La operación bikini que miles de españoles realizan cada año para lucir un buen físico en las playas o las piscinas puede desencadenar en trastornos de la conducta alimentaria (TCA). El motivo es que esta operación promueve dietas o cambios en la alimentación sin un control médico que pueden evolucionar hasta convertirse en una enfermedad mental. La Fundación FITA señala que durante el periodo estival las consultas por este tipo de patologías aumentan un 25% porque la gente pone atención en su peso.

Los estereotipos sociales favorecen la aparición de los problemas alimentarios, ya que estos apuestan por una imagen de belleza muy centrada en un peso bajo. Por ello, un bajo peso puede ser un síntoma vinculado a trastornos mentales como la anorexia. En esta línea, el Instituto Nacional de Estadística (INE) señala que el 3,54% de las mujeres adultas tiene un peso insuficiente. El problema recae en que cuando se habla de una pérdida de peso esta se centra en el ganar en estética, pero no en salud. “Cuando hablamos de peso, este debería ser un aspecto relacionado con la salud y no con la presión social o la visión estética”, destaca Sara Bujalance, psicóloga y directora de la Asociación contra la anorexia y la bulimia (ACAB).

El verano, un gran enemigo

Los pacientes se sienten extremadamente expuestos durante el verano porque se muestra más el físico y existe una presión social por lucir el cuerpo durante los meses más calurosos del año. “El verano provoca que determinadas sintomatologías de los pacientes se disparen como, por ejemplo, la ansiedad por el cuerpo y las comparaciones con otras personas”, explica Bujalance. Y destaca: “El peso es el síntoma más visible, pero solo es la punta del iceberg y en este se encuentran situaciones como el problema con la gestión de las emociones o una baja autoestima”.

Durante la época estival, aparte del intento de pérdida de peso rápida, “la falta de una estructura concreta en horarios y en actividades preestablecidas es una situación difícil de manejar para las personas que sufren un TCA”, asegura Anna Folch, psicóloga del centro ITA Argentona. Los especialistas expresan que un paciente con un perfil perfeccionista y autoexigente necesita estar continuamente realizando actividades útiles, incluso durante la época estival, en la que los horarios son mucho más flexibles y relajados.

Una mayor detección en verano

El verano, pese a que puede ser una época desencadenante de problemas alimentarios, también puede ser una salvación. Durante el estío, los trastornos mentales se detectan más. La principal razón es el aumento del tiempo que los padres pasan con los jóvenes, que favorece que los adultos descubran malos hábitos alimenticios y consulten a los especialistas. Buscar ayuda profesional es el primer paso para superar un trastorno mental, ya que sin ayuda de ningún tipo es muy difícil lograrlo.

Según un estudio de la Asociación contra la anorexia y la bulimia, un 23% de los adolescentes con edades comprendidas entre los 12 años y 14 años han hecho dieta para adelgazar sin control médico, una situación que puede desencadenar en un TCA. Por su parte, la Asociación para el Estudio de la Conducta Alimentaria (Aetca) detecta que, en los últimos cuatro años, los TCA han incrementado un 15% en menores de 12 años; un dato alarmante porque, para los expertos, los jóvenes son uno de los colectivos más expuestos. En Cataluña, 28.000 personas de este segmento sufren anorexia y bulimia.

La repercusión del Covid-19

La crisis del coronavirus, con especial atención en la reclusión, ha provocado que las consultas a la ACAB se hayan triplicado en comparación con el año anterior. Durante el período del 13 de marzo al 21 de junio, la asociación ha atendido 1.431 peticiones de todo tipo, desde atención telefónica hasta los correos electrónicos. El 99,1% han sido mujeres y solo el 0,9% restante, hombres. La media de edad es de 24 años.

El aislamiento ha puesto a prueba la motivación de los pacientes para la superación de la enfermedad, sobre todo, por la imposibilidad de realizar terapias presenciales con la frecuencia adecuada. Esto ha provocado que haya tenido lugar un empeoramiento de los síntomas y, por lo tanto, un aumento de la demanda de ayuda. “Desde la asociación prevemos un aumento y agravamiento de los casos y es por este motivo que el seguimiento y acompañamiento después del confinamiento es más necesario que nunca”, señala la psicóloga Bujalance.

Modo de tratamiento integral

¿Pero cuál es la mejor manera de tratar un TCA? Un estudio científico de la Universidad de Barcelona y la Universidad de Sheffield demuestra el beneficio de las estrategias asistenciales interdisciplinares como el modelo Itamed que utilizan los centros ITA especialistas en salud mental. Un método que no está centrado únicamente en los síntomas, sino también en el malestar psicológico y que aborda todos los ámbitos afectados por la enfermedad. Esta estrategia de tratamiento permite trabajar con los pacientes el ámbito psicológico, social, familiar y nutricional para conseguir una recuperación total.

Según el estudio, este modo de tratamiento integral muestra una mejora muy significativa tanto para los síntomas alimentarios como para el malestar psicológico que subyace a estos síntomas. “Todos los pacientes con TCA que se tratan en ITA están bajo este modelo y tratamos unos 1.200 pacientes al año. De estos, aproximadamente un 70%-75% se recuperan, según el año”, explica Antoni Grau, director clínico de ITA especialistas en salud mental.

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