Menú Buscar
Pásate al modo ahorro
Mural de Marilyn Monroe en el Museo Erótico de Barcelona / CG

El Museo Erótico de Barcelona, un anzuelo para el turismo

El reducido tamaño de las salas, el exceso de elementos y la risa enlatada de la audioguía privan al visitante de poder sumergirse por completo en el erotismo que promete

10 min

Frente al concurrido Mercado de San José, popularmente conocido como La Boquería, en plenas Ramblas de Barcelona, se erige el Museu de l’Eròtica. La galería está emplazada en la primera planta de un edificio discreto y que pasaría desapercibido a los ojos de los turistas si no fuera por una Marilyn Monroe que, haciendo honor a La tentación vive arriba, atrae a los viandantes desde el balcón meneándose con el vestido blanco que la convirtió en el mito erótico por excelencia. 

Entre la calle y la estrecha escalera que da acceso al museo, pequeños grupos de jóvenes, todos ellos extranjeros, hacen cola emocionados para acceder a la exposición erótica más grande de España. “El museo, que es partner del de Ámsterdam, lleva más de 25 años abierto” y muestra más de 800 obras de arte erótico de un amplio abanico de disciplinas artísticas, explica Sarah Rippert, la gerente desde hace poco más de tres meses.

Seis originales de Miró

Los visitantes pueden seguir un recorrido cronológico por el mundo del erotismo a través de las reducidas estancias, desde la prehistoria, pasando por Grecia y Roma, hasta los iconos sexuales más recientes como Marilyn Monroe o John Lennon y Yoko Ono

En la sala dedicada al arte clásico, se confunde la obra original del catalán Antoni Miró expuesta en un rincón entre las réplicas de pinturas de la época romana y la Marilyn que sirve como anzuelo para los turistas de Las Ramblas. Se trata de la Suite Erótica, una serie de seis platos de cerámica y de aguafuertes que el artista creó en 1994 y que evoca el arte erótico de la Antigua Grecia. “Antes estaban expuestos en el Museo de Arte de Cataluña, pero por ser arte erótico los retiraron” y terminaron en Las Ramblas, explica Rippert. 

Cerámicas de Antoni Miró expuestas en el Museo Erótico de Barcelona / CG
Cerámicas de Antoni Miró expuestas en el Museo Erótico de Barcelona / CG

Picasso y el erotismo

No son las dos únicas piezas originales de reconocidos artistas españoles que alberga este museo. En él se pueden encontrar otras dos obras de Pablo Picasso --que preside la sala con un jarra de cerveza y con una pizarra en la que se ofrecen bebidas-- y que quedan deslucidas en una zona compartida con las réplicas de su compañero Salvador Dalí

Además de ser el pintor más prolífico de la historia, con unas 13.500 pinturas y 100.000 bocetos, en la obra de Picasso subyace una fuerte influencia del erotismo. El Museo Erótico de Barcelona expone dos de las litografías originales de la serie Suite 347, compuesta por 347 grabados eróticos. “Descubrió los placeres del erotismo en los burdeles del barrio Gòtic de Barcelona a los 13 años. La mujer fue una pieza clave en sus pinturas”, explica Rippert, que recuerda que cuando murió con 91 años dejó como última obra inacabada el desnudo de una mujer. 

Litografía de Pablo Picasso en el Museo Erótico de Barcelona / CG
Litografía de Pablo Picasso de la serie 'Suite 347' en el Museo Erótico de Barcelona / CG

Las primeras referencias

Las obras de los tres maestros de la pintura se entremezclan con filias sexuales, récord Guinness y filmes en una línea cronológica que queda desdibujada y convierte la visita en una experiencia un tanto confusa, con múltiples piezas que carecen de descripción y que están sin datar. 

No obstante, consigue hacer un repaso por el erotismo y la sexualidad desde la perspectiva antropológica, pero también lúdica, artística e histórica. El sexo, es innegable, ha interesado desde siempre al ser humano. Las primeras referencias se remontan al paleolítico, con pinturas y figuras fálicas como símbolo de la masculinidad y la excitación sexual. De hecho, las réplicas de los primeros consoladores que recoge este museo son de la Edad de Piedra

Del arte clásico al Kamasutra

En Grecia y Roma, explica el museo, el sexo se vivía con libertad --y libertinaje-- y la infidelidad estaba plenamente aceptada. Especial relevancia tiene en este espacio la ciudad de Pompeyadesaparecida en la erupción del Vesubio del 79 d.C., que contaba con más de 25 prostíbulos señalados con falos grabados en los muros y pavimentos de sus calles y que todavía se conservan hoy. En el Museu Eròtic de Barcelona se pueden observar las reproducciones de algunos de los frescos que, en el principal lupanar de Pompeya, anunciaban los servicios y especialidades de las prostitutas. 

Un falo grabado en el suelo señala un burdel en Pompeya /  CG
Un falo grabado en el suelo señala un burdel en Pompeya /  CG

La exposición dedica también especial atención a Asia, a las geishas y, en concreto, al Kamasutra. Este manual, escrito por Vatsyayana entre los siglos II y IV en la India, cuenta con su propia sala. En ella, esculturas y pinturas recrean las 64 posturas acrobáticas que pretenden conseguir la “unión ideal del hombre y la mujer y que reflejan la perfección del universo”. 

La sala de los Borbones

A su lado, el museo guarda en una habitación roja, de ambiente más sórdido, el rincón del sadomasoquismo. En sus paredes se narra la historia del marqués de Sade, que dio nombre al término sadismo por sus conocidas prácticas sexuales y que fue encarcelado, primero, y enviado a un psiquiátrico, después, por envenenar a varias prostitutas durante una orgía. Su legado no deja indiferente a nadie.

Obra de la serie 'Los borbones en pelotas' / CG
Obra de la serie 'Los Borbones en pelotas' / CG

Muy cerca, en un cuartito negro de reducidas dimensiones, que genera un ambiente más íntimo, se expone una serie de obras dedicadas a la familia real española. En ella se aprecian caricaturas pornográficas de los Borbones, que también sirven de sátira contra el sistema político de la época isabelina. En una pared, los visitantes pueden ver las que se consideran las primeras películas porno de creación española, rodadas en los años XX en el Barrio Chino de Barcelona, el Raval. “Son películas de Alfonso XIII, abuelo del actual monarca”, asegura la gerente. “Quería tener siempre consigo a su amante favorita, así que pidió rodar varios vídeos porno que siempre llevaba con él a sus viajes”. La mayor parte de las cintas fueron destruidas durante el franquismo, excepto las tres que conserva el museo. 

“Más vibradores que tostadoras”

No es una casualidad que el mismísimo Alfonso XIII --que según el museo participó en la dirección y en la grabación de esas cintas-- eligiera el Raval como escenario de sus películas. A principios de siglo, el Paralelo y el Barrio Chino albergaron un gran número de burdeles y cabarets y fueron símbolos de la cultura erótica. De hecho, Barcelona llegó a contar con su propio Petit Moulin Rouge, muy similar al de París. 

Vitrina en la que se exponen los primeros vibradores eléctricos / CG
Vitrina en la que se exponen los primeros vibradores eléctricos / CG

El museo lo cierra una sala dedicada al placer femenino, en la que se expone lencería, corsés y vibradores de principios de siglo, que no se asemejan en absoluto a los actuales. Inicialmente, confirma la gerente, tenían un uso medicinal. “Cuando una mujer sufría de ansiedad, jaquecas o insomnio era diagnosticada como ‘histérica’”. Para curar ese mal, los médicos aconsejaban alcanzar el “éxtasis”, o el orgasmo, y masturbaban manualmente a sus pacientes. Hasta la llegada de los primeros vibradores eléctricos, a finales del siglo XIX. “Se popularizaron tanto que en 1917 había más vibradores en las casas estadounidenses que tostadoras”, asegura Sarah Rippert con gracia. La explicación frente a la caótica vitrina, repleta de cacharros expuestos sin demasiado cuidado, genera un ambiente divertido. Es lo único que los visitantes, en su mayoría jóvenes turistas extranjeros, deben esperar. El exceso de luz, el reducido tamaño de las salas y la risa enlatada de la audioguía privan al visitante de poder sumergirse por completo en el erotismo que promete.