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Joven estudiando online. Educación / Andrew Neel EN UNSPLASH

“La formación académica ya no es una garantía de éxito, como sí lo fue en el pasado”

Expertos en educación e infancia nos dan las claves para afrontar unos malos resultados escolares y que estos se conviertan en un motivo para esforzarse y no para tirar la toalla

8 min

Ha finalizado el curso y con él llegan las esperadas calificaciones escolares. Si éstas son positivas, todo será alegría y satisfacción. Si son negativas, se convertirán en un quebradero de cabeza para los estudiantes y en motivo de preocupación para sus familias.

La reacción de muchos padres al recibir las malas notas de sus hijos será enfadarse, sermonearlos o incluso castigarlos. No es, desde luego, lo más recomendable. Como padres, debemos afrontar ese bache “con sensatez, cordialidad y humor, jamás gritos ni mucho menos denigraciones o comparaciones, esas con las que se nos educaba a los niños del siglo XX. Lo más importante es hablar con los niños, empatizar con ellos, quererlos, darles apego seguro, autoestima y ejemplo de trabajo y coherencia”, considera Ángel Luis Guillén, director de Psicopartner.

Quitar hierro a las malas notas

“Es importante interesarnos por cómo se siente. Y tender una mano amiga. No somos el enemigo y no es así como debe percibirnos. Recurrir a una frase tan sencilla como “¿Cómo podemos ayudarte?” o “¿cómo podrías recuperar esta materia?” y escuchar, con una actitud de serenidad y empatía, puede acercarnos más a nuestros hijos y llegar a encontrar una solución efectiva. Nuestra prioridad es conecta, porque la brecha emocional puede llevar a la rebelión e incluso a que el niño tire la toalla. Para poder hacer frente al reto ha de sentirse alentado y sentir que se confía en él. Es importante que seamos ese lugar seguro al que nos gustaría acudir cuando las cosas no salen bien. Las madres y los padres tenemos mucho miedo a que nuestros hijos fracasen y es precisamente ese miedo el que muchas veces no nos permite ofrecer el apoyo que necesitan”, señala Isabel Cuesta, experta en disciplina positiva, y más conocida en Instagram como Una madre molona.

Para Alberto Solanas, fundador de Colegio Ingenio, es importante insistir en que obtener malos resultados escolares “no necesariamente indica que las cualidades del niño sean inferiores a las de sus compañeros”, indica Solanas. “Las diferentes pruebas académicas que se efectúan en las escuelas no miden la inteligencia en general, sino el dominio de unos conocimientos y habilidades concretos, referentes a unos programas de estudios preestablecidos, evaluados en un marco específico”, añade Solanas.

Nuevas profesiones

“Lo que nosotros proponemos a las familias es que separen la idea de que el éxito depende exclusivamente de las notas escolares. Muchas de las profesiones a las que se dedicarán el día de mañana hoy no existen. Así que, aunque los conocimientos son muy importantes, no perdamos de vista que nuestra actitud, más relajada y de confianza, dará mejores frutos que enfadarnos y ofendernos. No olvidemos que es importante prepararnos para la vida profesional, pero lo es aún más inculcarles buenos principios y valores. Imagina que llegas a casa con malos resultados en tu trabajo. ¿Qué te alentaría más? ¿Que te apoyen y que te tiendan la mano, por encima de penalizarte por tus errores, o que te reprendan, juzguen, critiquen, etc.?”, se pregunta Cuesta.

Niño estudiando. Educación
Niño estudiando. Educación

El castigo como método educativo no es la mejor opción. Estos expertos educativos lo consideran contraproducente. “El castigo es un acto de venganza que no ayuda en absoluto. En primer lugar, daña la autoestima y no alienta. Por lo que tendremos el peligro de que el niño cada vez se sienta más inútil e incapaz y el padre o la madre cada vez más frustrado. Está demostrado que el castigo ni educa, ni es pedagógico. Por lo tanto, debemos optar por crear un vínculo de confianza y buscar soluciones de forma conjunta”, recomienda la popular Una madre molona.

Crisis educativa sin precedentes

Porque en la mayoría de las ocasiones, las malas notas son sólo la punta del iceberg. “Debemos profundizar y preguntarnos, de dónde viene su desmotivación con los estudios”, opina la experta en disciplina positiva.

“En el mundo occidental vivimos una crisis sin precedentes en relación con la enseñanza. La formación académica ya no es una garantía de éxito, como sí lo fue en el pasado. Antes, una formación superior abría rápidamente las puertas de los mejores puestos en la administración pública o en las empresas. Ahora puede incluso suponer un obstáculo y constituir un motivo de infelicidad”, lamenta Solanas.

En cuanto al esfuerzo, “no se premia adecuadamente, porque han ido surgiendo nuevas formas más fáciles de ascenso social. En este sentido, los alumnos calculan muy bien hasta qué punto les merece la pena esforzarse, y piensan que con escasa dedicación pueden graduarse igualmente y llegar aparentemente al mismo sitio”, sostiene el fundador de Colegio Ingenio. “Sin embargo, este razonamiento es falaz”, matiza este profesional de la educación. “Porque el saber nunca sobra, sino todo lo contrario. Está bien estudiado que, en un mundo tan cambiante, cuanto más extenso sea nuestro conocimiento teórico-práctico, más flexibilidad tendremos y mayores probabilidades habrá de conseguir puestos de trabajo que nos satisfagan”, añade.

¿Refuerzo en verano?

¿Quiere decir todo esto que no es necesario reforzar en verano si las notas no han sido las esperadas? “Lo mejor es una doble orientación, que complemente una rutina diaria, con planteamientos de puro disfrute, abiertos y lúdicos, en los que el aprendizaje es indirecto y más entretenido”, aconseja Solanas.

Del mismo parecer es Cuesta. “Creo que las vacaciones son necesarias para descansar y para aprender de una manera más lúdica. No consiste en hacer dictados, sino en escribir cartas a mano a sus amigos, contar sus experiencias en un diario, leer libros atractivos en función de sus gustos, favorecer que investiguen sobre un tema concreto, proponerles ir al supermercado y que se encarguen de pagar y calcular cuánto les tienen que dar de vuelta, aprender a hacer recetas de cocina, visitar ciudades o lugares e investigar su historia, etc. Hemos cometido el error de convertir el aprendizaje en algo aburrido. El ser humano aprende a través de la experimentación, de la manipulación, de la observación, etc.”, concluye.