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Imagen del Papa Francisco / EFE

La Iglesia resucita las rogativas frente a la sequía que azota a media España

Obispos, agricultores y seguros claman al cielo para que la lluvia remedie pérdidas millonarias en cereales y vides

7 min

Instituidas por San Mamerto de Viena en el 474, las rogativas pidiendo lluvia alcanzaron notoriedad como remedio nacionalcatólico a la pertinaz sequía franquista. Han vuelto. El año pasado recurrió a ellas el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella. Y llovió. Hace unos días el titular de Sevilla, Juan José Asenjo, ha liderado las oraciones y misas solicitando la intervención divina, al parecer con éxito, para hacer frente a una plaga que azota a media España.

El problema no llega a las dimensiones de la histórica sequía de 1981. Pero, a pesar de las prometedoras lluvias de esta semana, no se conocía otra igual desde los 90.  Sobre todo, en las dos Castillas, Aragón y Andalucía. Según cálculos del Ministerio de Agricultura, la recién constituida Mesa de la Sequía y las compañías de seguros, 520.000 hectáreas de cereal y 30.000 viñedo están sufriendo graves daños. La superficie total puede duplicarse si se tiene en cuenta la no asegurada.

A María y San Isidro

"Intensifiquemos la plegaria al Dios compasivo y misericordioso, pidiéndole que nos conceda el agua que tanto necesitamos", exhorta en una carta Asenjo, oriundo de Sigüenza y descendiente de humildes agricultores. De paso, apela a la solicitud del papa Francisco de que se haga un "uso solidario y responsable del agua".

Los prelados de otras diócesis castellanas también han trasladado el encargo a sacerdotes, religiosos, seminaristas y fieles, y les invitan a la celebración de misas y procesiones. Así lo están haciendo en las numerosas romerías y otras celebraciones de mayo, mes mariano por excelencia. Y este fin de semana, ante San Isidro Labrador, patrón de los agricultores antes que de los urbanitos madrileños.

A la virgen de la cueva

Fama le sobra a las peregrinaciones a la Virgen de la Cueva, la de la canción infantil 'que llueva, que llueva', en Altura (Castellón). Y parece que también efectividad, como mostró la última plegaria en 2014, impulsada en toda la diócesis por su obispo, Casimiro López.

Este año la rogativa más espectacular movilizó en León el pasado 1 de mayo a 70 pendones y miles de personas de la provincia y limítrofes. Los devotos acompañaron a la Virgen del Castro desde su santuario de Castrotierra de Valduerna hasta Astorga, con el beneplácito de su obispo, Juan Antonio Menéndez. Tras un largo recorrido, varias paradas y novenas, la talla permanecerá en la catedral hasta el 13 de mayo, antes de emprender los 18 kilómetros de regreso.

Filón meteorológico

La peregrinación se ha repetido nueve veces en las tres últimas décadas, según las actas catedralicias. Anotaciones como estas son un filón para las investigaciones meteorológicas. Tras analizar los registros de las catedrales de Toledo, Zamora y Zaragoza, un equipo del Instituto Geológico y Minero de España ha concluido que las épocas más secas de los últimos 500 años fueron entre 1600 y 1675 y la que va de 1711 a 1775.

Coincidieron con un mismo fenómeno atmosférico: el anticiclón de las Azores estaba en ambos períodos situado al noroeste de su posición promedio. Ello desplazó al norte el sistema atlántico de borrascas, dejando la Península fuera del alcance de los frentes lluviosos. Más o menos como actualmente.

"Hoy la mayoría de la gente ya no está por rogativas, cánticos y plegarias, aunque se seque el río entero. Antes, era normal", asegura Salvador Lara, agricultor de Jaraba. Recuerda una rogativa de dos días en 1962 y otra en la década anterior en el santuario de este pueblo zaragozano famoso por sus balnearios. 

Bajo sospecha

“Las rogativas no están por demás, pero si no llueve más que lo de esta semana, adiós cosecha. Los cultivos están en las últimas”, asegura Fernando Sánchez, de Aldehuela de Liestos (Zaragoza), portavoz de la plataforma ‘¿Quién seca nuestros campos?’, formada también por agricultores de Teruel, Guadalajara, Soria y Huesca. Su objetivo es luchar contra quienes sospechan que artificialmente se está impidiendo la lluvia sobre sus sembrados y el crecimiento de sus cosechas. 

Coinciden con agricultores de Tierra de Campos en culpar a los aviones turbohélices y rompe-nubes que esporádicamente sobrevuelan sus tierras y vierten productos químicos para abortar las precipitaciones. También denuncian la existencia en tierra de potentes cañones anti-granizo “siempre enchufados” con la misma finalidad. Han llevado su denuncia hasta el Congreso de los Diputados en busca de una regulación que ponga fin a lo que consideran un abuso y no una “leyenda rural”, como minusvaloran algunos.

Entre los posibles beneficiarios figuran las empresas relacionadas con el turismo y la energía solar, las productoras de lechugas, brócoli y hortalizas al aire libre que cuentan con sistemas de riego por goteo, o las compañías de seguros que quieren evitar el pago de las indemnizaciones por fuertes lluvias o granizadas. 

Una firma francesa ofrece bodas sin lluvia garantizada en la zona levantina desde 100.000 euros. "Mejor, por si acaso, que se casen antes de las rogativas", ironiza Miguel Martínez, párroco de quince pueblos en Zamora.

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