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El cura Custodio Ballester, en una de las marchas de los veteranos de la Legión Española / CG

El cura ultra: “No es un castigo, es una promoción intelectual”

Sostiene que podrá seguir celebrando misas y agradece al arzobispo la medida para así tener la oportunidad de acabar su tesis

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Custodio Ballester, sacerdote de la iglesia de la Inmaculada Concepción de L’Hospitalet del Llobregat, ha sido apartado tras la sucesión de quejas de los asistentes a su parroquia por sus discursos marcados, básicamente, por hacer apología del franquismo.

El cardenal y arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, le ha concedido un permiso de ausencia para que abandone su puesto habitual en la iglesia del municipio barcelonés. Algo que para muchos es un castigo, consecuencia de sus posturas en las que acusaba a los homosexuales de pecadores y criticaba a otros sacerdotes de no condenar al colectivo.

Año sabático

Sin embargo, para él es una actitud de su superior eclesiástico por la que debe dar gracias. En declaraciones a Crónica Global, Custodio Ballester ha asegurado que “no es un castigo, es una promoción intelectual”. El arzobispo, según él, ha decidido premiarle ofreciéndole “un año sabático” para dedicarse a sí mismo y a finalizar su tesis.

“El arzobispo me dijo ‘Mira, la situación es tal que necesito apartarte de la iglesia un tiempo”, sostiene el cura de L’Hospitalet. Explica, agradecido, que la primera idea de Omella era enviarle al Instituto Bíblico de Jerusalén. “¿Tú sabes lo que es? ¡Es el más prestigioso!”, se jacta.

La conversación continuaba con el cardenal asegurándole: “Te saco de la parroquia, pero te doy un prestigio intelectual”. El problema es que Ballester tiene que hacerse cargo de su madre, de 81 años, que no tiene quién se quede con ella si él se ausenta. “Tengo una hermana, pero ella está superocupada con su familia”.

No está suspendido

Pero que vaya a pasar un año sabático no quiere decir que esté suspendido, por lo que el sacerdote podrá continuar celebrando misas en su próximo destino, “allá donde esté”. Y, pasado ese tiempo, tampoco sabe si podrá regresar a la Inmaculada Concepción. “Dentro de un año, volveré a hablar con el arzobispo”.

Insiste en que la medida tomada por las altas esferas de la Iglesia en Barcelona no son una reprimenda (“Se lo he pedido yo, no es un castigo, sigo siendo sacerdote”) y lamenta que “la gente critique sabiendo lo que saben, pobres”.

Durante este año, Custodio Ballester se centrará en finalizar su tesis sobre “la escatología que es el juicio final”. De cuando “todo acabe y Jesús vuelva para repartir castigos y gloria”, paradójicamente, a quien lo merezca.

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