Contenedores en el puerto de Barcelona, en una imagen de archivo

Contenedores en el puerto de Barcelona, en una imagen de archivo EUROPA PRESS

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La policía apenas incauta el 10% de la droga que entra por el Puerto de Barcelona

La caída de una red con 13 detenidos y más de una tonelada intervenida destapa una nueva estructura criminal oculta en el muelle

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El último golpe al narcotráfico en el Puerto de Barcelona vuelve a dejar una cifra impactante: 1.254 kilos de cocaína intervenidos, 13 detenidos y dos investigados.

La operación, desarrollada por la Guardia Civil y el Servicio de Vigilancia Aduanera, ha permitido desarticular una organización criminal dedicada a la importación de droga por vía marítima.

Un éxito operativo, sin matices… al menos en la superficie.

Imagen de un agente de la Guardia Civil en el Puerto de Barcelona

Imagen de un agente de la Guardia Civil en el Puerto de Barcelona Europa Press

Y es que bajo ese resultado se esconde una realidad mucho más incómoda: solo se intercepta entre el 8% y el 10% de la cocaína que entra por el puerto de Barcelona. “Siendo generosos”, matizan fuentes policiales consultadas por Crónica Global.

El cálculo es tan crudo como revelador: basta multiplicar lo incautado por el 90% que nunca llega a detectarse para hacerse una idea del volumen real del negocio.

Los mecanismos de la 'cara B'

La investigación de la Benemérita ha permitido identificar todos los niveles de la organización. Desde quienes aportaban la logística —camiones, remolques— hasta los trabajadores portuarios encargados de facilitar el movimiento de contenedores dentro de la terminal.

En el último escalón, los llamados “rescatadores”: individuos encargados de extraer la droga oculta entre la mercadería legal.

Una estructura que, lejos de ser original, confirma, una vez más, los mecanismos de la ‘cara B’ del puerto.

Vista aérea del Puerto de Barcelona

Vista aérea del Puerto de Barcelona Europa Press

“Está peor de lo que pensamos”

Las fuerzas de seguridad llevan tiempo advirtiéndolo, pero ahora lo dicen sin rodeos: la situación ha empeorado.

“No basta con interceptar contenedores. El problema es más profundo”, explican fuentes expertas en crimen organizado. Y ponen nombre a ese problema: la corrupción.

Parte del cargamento de cocaína que se encontró en un contenedor con destino Barcelona (imagen de archivo)

Parte del cargamento de cocaína que se encontró en un contenedor con destino Barcelona (imagen de archivo) Guardia Civil

Hay corrupción. Mucha. Y no se está atacando con la contundencia que se necesita”, subrayan.

Recuerdan, además, que tras la caída de grandes redes europeas que operaban con aplicaciones encriptadas —como las desmanteladas en Francia—, salieron a la luz numerosos casos de connivencia en puertos estratégicos. “Barcelona no es ninguna excepción”.

El diagnóstico, pues, es demoledor: “Han llegado a abrir contenedores a escasos metros de nosotros. Esto no se esconde. Es un secreto a voces”, sentencian las voces consultadas.

La ley del silencio

Las mismas fuentes insisten en un matiz clave: "Por supuesto, no todos los trabajadores portuarios están implicados. Ni mucho menos. Pero sí reconocen un clima marcado por la presión y el silencio.

“La mayoría son profesionales honestos, pero saben que, por su bien, deben callar”. La ‘omertá’ —la ley no escrita del silencio— se ha convertido, según estas voces, en una norma tácita en la operativa diaria del puerto.

Imagen de archivo del Puerto de Barcelona

Imagen de archivo del Puerto de Barcelona GALA ESPÍN Barcelona

Albaneses y búlgaros

El control de esa economía sumergida se lo reparten, a grandes rasgos, dos grandes actores: organizaciones búlgaras y redes albanesas.

Estas últimas tienen una posición especialmente relevante en la cadena logística internacional, con conexiones directas con puntos de salida como el puerto de Guayaquil, en Ecuador, una de las principales puertas de la cocaína hacia Europa.

Tras el asesinato de David Caballero, alias ‘Bubito’, en noviembre de 2024, otros grupos han intentado abrirse paso en este tablero.

Entre ellos, organizaciones serbias que buscan su espacio en un negocio multimillonario. El resultado: un escenario cada vez más tensionado. Aunque “hay mercado para todos”, ironizan las fuentes, esa fragmentación también alimenta la violencia.

La cocaína decomisada en un operativo en Cataluña

La cocaína decomisada en un operativo en Cataluña

Un problema enquistado

El reto, reconocen los investigadores, es mayúsculo. El crimen organizado ha evolucionado hasta convertirse en una estructura empresarial sofisticada, con recursos casi ilimitados.

“Funcionan como empresas. Tienen incluso sus propios departamentos de I+D”, explican. Su objetivo es claro: adelantarse a los controles policiales.

“Cuando una mercancía pasa por el escáner, ellos ya han estudiado antes cómo sortearlo”.

En ese contexto, la lucha contra el narcotráfico en el puerto de Barcelona se convierte en una carrera desigual. Una en la que cada golpe policial, por importante que sea, apenas araña la superficie de un problema mucho más profundo.

Contenedores de mercancías en el muelle de descarga del Puerto de Barcelona

Contenedores de mercancías en el muelle de descarga del Puerto de Barcelona David Zorrakino - Europa Press

De hecho, el actual mandato del presidente del Puerto de Barcelona, José Alberto Carbonell, arrancó ya bajo la sombra de este escenario, coincidiendo su primer día con el asesinato del estibador David Caballero.

Un problema que, según las fuentes consultadas, lleva demasiado tiempo enquistado. Y que, en ocasiones, se evita afrontar con toda su crudeza porque hacerlo implica asumir una realidad incómoda: el puerto no solo es una infraestructura clave para la economía… también lo es para el crimen organizado.