Nuria Sellarés, ambientóloga
Nuria Sellarès, ambientóloga: "Los bosques de ribera son imprescindibles para la salud de nuestros ríos"
La investigadora del CERM explica que estos bosques no solo funcionan como filtro natural que depura el agua, sino que también sirven de refugio climático y hábitat para numerosas especies
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Nuria Sellarès creció en Torelló (Osona), donde el río Ges confluye con el Ter, y aunque de niña fue una apasionada de las plantas y los bichos, la orilla de los ríos quedaba fuera de su zona de investigaciones infantiles.
“En los ochenta y noventa, tanto el Ges como el Ter bajaban muy contaminados, sus aguas tenían unos colores horribles”, recuerda esta ingeniera técnica agrícola y licenciada en Ciencias Ambientales que lleva 20 años trabajando en el Centre d’Estudis dels Rius Mediterranis (CERM).
La organización, vinculada a la Universitat de Vic-UCC y al Museu del Ter, tiene como objetivos monitorizar la calidad del agua de los ríos catalanes, así como investigar, preservar y recuperar los ecosistemas fluviales.
“En nuestra cultura los ríos fueron concebidos durante siglos como un lugar para verter residuos o como una amenaza, dado el peligro de inundaciones, de ahí el estado deplorable de nuestro patrimonio fluvial durante tanto tiempo”, explica la investigadora, que actualmente lleva a cabo el proyecto Riberes del Ter, centrado en la recuperación de los bosques de ribera, también llamados bosques de galería.
Restauración
El proyecto incluye acciones destinadas a la eliminación de especies invasoras (como la acacia y el negundo), la plantación de especies vegetales autóctonas y la mejora de la conectividad fluvial, mediante la restauración de islas fluviales y la reconexión de brazos secundarios.
“El cauce del Ter, igual que el del Llobregat, está plagado de esclusas”, indica, refiriéndose a las obras hidráulicas utilizadas para derivar el agua de los ríos a las fábricas mediante canales.
Muchos peces
En el Ter hay una esclusa cada 800 metros de media. “Las esclusas impiden que algunas especies se muevan arriba y abajo libremente a lo largo del río, provocando concentraciones de peces de una misma especie en un mismo tramo, lo que puede afectar su alimentación y reproducción”, explica.
Entre estas especies, figuran el barbo de montaña o la anguila, un pez que nace en el mar de los Sargazos, cruza el Atlántico y después sube río arriba, por lo que tendría que encontrarse en todos los tramos de los ríos catalanes. “Sin embargo, al toparse con esclusas y pantanos, no alcanzan ni siquiera el tramo medio del Ter”, señala.
Concienciar
Desde el CERM, por otro lado, se encargan también de llevar a cabo tareas de investigación, difusión y educación ambiental para lograr la colaboración de ayuntamientos locales y concienciar a la población de la importancia de preservar los ríos y sus ecosistemas.
“Los bosques de ribera son imprescindibles para la salud de nuestros ríos. Funcionan como un filtro natural: retienen sedimentos, absorben nutrientes y ayudan a depurar parte de la contaminación que proviene de actividades humanas”, explica la investigadora, cuyo trabajo implica concienciar a propietarios de fincas agrícolas colindantes al Ter de la importancia de mantener una línea de árboles en la orilla para que sirvan de frontera de los nutrientes de los abonos.
Persistencia
“Es un trabajo de hormiguita, hay que ganarse poco a poco la confianza de la gente, pero cuando lo consigues es muy gratificante”. En 20 años han logrado cambiar algunas dinámicas. Ahora cuentan con el apoyo de la Agencia Catalana de l’Aigua para llevar a cabo proyectos de custodia fluvial y con la colaboración de ayuntamientos como el de Manlleu, Les Masies de Voltregà y Vic.
Este último ha apostado por un paquete de acciones medioambientales para mejorar el ecosistema fluvial urbano. El proyecto Riberes de Vic, ya casi finalizado, tiene como objetivo restablecer la conectividad fluvial de los ríos Mèder y Gurri a su paso por el núcleo urbano y recuperar la vegetación de ribera.
La investigadora del CERM Nuria Sellarès
Cambio climático
Las intervenciones incluyen el derribo de muros y esclusas, la construcción de rampas para peces y la renaturalización de las riberas, potenciando la vegetación autóctona y reduciendo el riesgo de inundaciones, al tiempo que se crea una nueva zona verde integrada en la ciudad y abierta al uso ciudadano.
"Los bosques de ribera, si están en buen estado de conservación, pueden actuar como refugio climático en verano", añade Sellarès, recordando la necesidad de adoptar medidas frente al cambio climático. "No podemos olvidar que hace cuatro años atravesamos un periodo de sequía severa y que puede volver".
Situación crítica
Los desastres provocados por la climatología extrema —lluvias intensas y sequías— han obligado a ayuntamientos y autoridades a tomar conciencia de la situación, en algunos casos irreversible, como haber construido en zonas inundables.
"Desde las lluvias del invierno de 2025, la calidad del agua de nuestros ríos ha mejorado. Pero habría que establecer umbrales de vertido para los periodos de sequía, cuando los caudales disminuyen. Los vertidos de una depuradora no pueden ser los mismos cuando el caudal es bajo, porque al río le cuesta más poder absorberlos".
Acciones
En cuanto a las tareas de preservación, destaca la necesidad de frenar la expansión de especies invasoras, como la robinia o la caña, y replantar con árboles frondosos y maduros, como el fresno o el aliso común. No es sencillo: nuestros bosques han sido muy explotados y “resulta difícil encontrar ejemplares de más de 30 años”, destaca.
Entre las acciones de educación y difusión, desde el CERM insisten en la organización de actividades colectivas, con la participación de entidades, universidades, ayuntamientos y ciudadanía, destinadas a la mejora de los ríos.
También a tomar conciencia de cómo algunas malas praxis en nuestro día a día —tirar toallitas en el inodoro, verter residuos en el fregadero, dejar excrementos de animal cerca de la orilla del río o abandonar fauna exótica en su cauce— tienen un impacto negativo en la salud de las aguas fluviales.
"Mucha gente, con toda la buena voluntad del mundo, viene al río a liberar la tortuguita del acuario sin saber que se trata de una especie invasora", concluye.