El antes y el después de Javier Berzas: las heridas en el hospital y en la actualidad

El antes y el después de Javier Berzas: las heridas en el hospital y en la actualidad Crónica Global

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Javi, el policía de Piera apaleado por tres okupas: “Llegué a pensar que lo mejor era morir”

La víctima relata en primera persona el calvario tras la agresión, su recuperación y la batalla judicial que ha tenido que afrontar

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Hubo momentos en que pensé que lo mejor habría sido morir”.

Aunque hoy Javier Berzas, el agente de la Policía Local de Piera que casi muere apaleado por unos okupas en L’Hospitalet de Llobregat, celebra que la justicia le ha dado la razón y que pronto será reubicado en su puesto de trabajo, el camino hasta aquí ha sido largo, costoso y lleno de obstáculos.

Las heridas que sufrió el policía agredido en L'Hospitalet

Las heridas que sufrió el policía agredido en L'Hospitalet Cedida

Los primeros meses estuvieron marcados por una profunda frustración. Sus agresores quedaron en libertad, las lesiones lo mantuvieron postrado en una cama durante semanas y llegó a escuchar que las graves heridas que había sufrido podían considerarse “simples lesiones”.

Ha sido un camino muy duro, para mí y para mi familia. Llegué a pensar que, si hubiera muerto, todo habría sido más fácil, sobre todo para mi mujer y mis hijos”, recuerda en conversación con Crónica Global.

"Es policía, matadlo"

Berzas recuerda con una nitidez que estremece cada detalle de la tarde del 20 de febrero de 2023.

Había acudido fuera de servicio al antiguo bar de sus padres, en L'Hospitalet de Llobregat, tras el aviso de unos vecinos de que varios okupas habían irrumpido en el local.

Mientras llamaba a la policía para pedir apoyo, fue la mujer del grupo quien lanzó la orden: “Es policía, matadlo”.

A partir de ahí, empezó la lluvia de martillazos y machetazos. “Sabía que me estaba muriendo”, recuerda.

Secuelas de por vida

Llegó al hospital con dos arterias seccionadas, una importante pérdida de sangre y un pronóstico crítico. Durante esos minutos, llegó incluso a despedirse de la vida, convencido de que no sobreviviría.

Finalmente logró salir adelante, aunque con secuelas de por vida. Tiene reconocido un 33% de discapacidad, especialmente por la pérdida de movilidad y sensibilidad en las manos, y ha tenido que someterse a cerca de una veintena de intervenciones quirúrgicas.

Imagen de archivo del exterior de la Ciudad de la Justicia

Imagen de archivo del exterior de la Ciudad de la Justicia Europa Press

Sin embargo, el primer gran mazazo llegó al conocer que sus agresores habían quedado en libertad con medidas cautelares.

Unas medidas que incumplieron de forma reiterada y que acabaron derivando, cerca de un año después, en su ingreso en prisión provisional.

La pesadilla laboral

Pese al bajón físico y emocional de los primeros meses, Berzas logró rehacerse por él y por su familia y se marcó un objetivo claro: volver a ser policía. “No me podía permitir perder mi trabajo”, recuerda.

El primer año tras la agresión —entre febrero de 2023 y febrero de 2024— estuvo centrado en la recuperación física. Sin embargo, cuando se reincorporó, la realidad no fue la esperada.

Según relata, se encontró asignado a turnos de calle pese a sus limitaciones físicas. “Yo pedía por favor que no me mandaran, porque no podía dar un buen servicio”, relata. “Estaba poniendo en riesgo mi seguridad y la de terceros”.

Además, ha tenido que encadenar varias intervenciones quirúrgicas posteriores, lo que le ha obligado a alternar periodos de trabajo con nuevas bajas médicas.

“Te sientes abandonado”

Ante esta situación, solicitó el pase a la segunda actividad: una figura prevista en la Ley de Policías Locales para aquellos funcionarios que ven mermada su capacidad operativa.

La negativa del ayuntamiento de Piera y de sus superiores a concederle este derecho le llevó a abrir un segundo frente judicial y recurrir por la vía contencioso-administrativa para reclamar su reconocimiento.

Imágenes cedidas de Javier Berzas tras la agresión con la comisaría de la Policía Local de Piera en el fondo

Imágenes cedidas de Javier Berzas tras la agresión con la comisaría de la Policía Local de Piera en el fondo Crónica Global

Berzas asegura que fue en ese momento cuando empezó a sentirse “abandonado” por la Administración.

Te tratan como si fueras el enemigo”, lamenta. “Llega un momento en que, aunque sabes que no es así, sientes que están más cerca de los que te han hecho esto que de ti”.

Victoria reciente

El pasado 23 de marzo, tal y como avanzó Crónica Global, el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 11 de Barcelona estimó su recurso y obligó al ayuntamiento a tramitar su pase a segunda actividad.

El agente había solicitado en dos ocasiones —en octubre de 2023 y en primavera de 2024— el acceso a esta situación, pero el ayuntamiento optó por una vía alternativa: declararlo “apto con restricciones”.

Calle Cotonat de L'Hospitalet de Llobregat, donde sucedieron los hechos

Calle Cotonat de L'Hospitalet de Llobregat, donde sucedieron los hechos Google Maps

La magistrada rechazó de plano esta actuación y subrayó en la sentencia que la segunda actividad es un derecho estatutario, con un régimen propio y más garantista, y que no puede ser sustituida por medidas de prevención de riesgos laborales.

La causa penal sin fecha

Cabe recordar que antes de abrir el frente contencioso-administrativo, se inició la vía penal contra los presuntos agresores. Un procedimiento que, tres años después del ataque, sigue sin fecha de juicio.

De los tres implicados —dos hombres y una mujer—, dos de ellos ingresaron en prisión provisional un año después de la agresión, tras incumplir las medidas cautelares de comparecencia. El tercero, aunque está identificado, continúa en paradero desconocido.

Fachada del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) y de la Audiencia de Barcelona, donde se celebrará el juicio penal

Fachada del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) y de la Audiencia de Barcelona, donde se celebrará el juicio penal David Zorrakino Europa Press

Ahora, la causa se acerca al límite máximo de prisión preventiva, lo que genera preocupación en la víctima y su entorno. La defensa de Berzas trabaja para que se prorrogue la medida ante el riesgo de fuga.

El agente reconoce que esta situación le inquieta, especialmente ante la posibilidad de que sus agresores puedan quedar en libertad antes de la celebración del juicio.