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El idioma es un mapa de la historia de sus hablantes. Si un madrileño quiere decir que algo está muy lejos, dirá sin dudarlo que está "en el quinto pino". Es el estándar geográfico para la lejanía en gran parte del país.

Sin embargo, si un barcelonés quiere expresar esa misma distancia, utilizará una frase muy distinta. Su origen no tiene nada que ver con la botánica, ni con los árboles, ni con citas románticas.

Origen macabro

La traducción literal al castellano ya da una pista de su oscuridad: se tiene que ir a la "quinta forca" (la quinta horca). No se trata de un eufemismo.

Ciudad de Barcelona

Esta expresión hace referencia a una ruta de la muerte real que atravesaba la Barcelona de hace tres siglos, conectando el centro con la periferia más absoluta.

Ciudad amurallada

Para entenderlo hay que viajar al siglo XVIII, tras la Guerra de Sucesión. Por aquel entonces, la ciudad vivía encerrada en sus murallas y las ejecuciones eran un espectáculo público.

La justicia de la época, bajo el control de las nuevas autoridades borbónicas, creía en el castigo ejemplarizante. No bastaba con ejecutar al condenado; había que hacerlo visible en los accesos de la ciudad.

Mapa del terror

Por ello, las autoridades distribuyeron las horcas de piedra en puntos estratégicos de entrada y salida. Había cinco principales situadas de menor a mayor distancia del centro.

Acceso al Mercado de San Josep de Barcelona, conocido como La Boquería Cedida

La primera estaba en el Pla de la Boqueria, en plena Rambla. Era la más céntrica y visible para los habitantes de la ciudad vieja, sirviendo de advertencia inmediata.

Las otras ubicaciones

La segunda miraba al norte (Portal Nou), la tercera al sur (Creu Coberta, en Sants) y la cuarta hacia el mar (camino del cementerio del Poblenou). Pero la peor, sin duda, era la quinta.

La "quinta forca" estaba situada en el extremo norte, en el actual barrio de la Trinitat Vella. Concretamente, se alzaba en el llamado Turó de la Trinitat.

Excursión penosa

Ir desde el centro de la ciudad amurallada (Ciutat Vella) hasta allí era una auténtica excursión. El camino era largo, de unos siete kilómetros, polvoriento y cansado.

Cuando se ejecutaba a alguien allí, la comitiva judicial y los curiosos tenían que caminar horas. De esa fatiga y pereza nació la expresión: "Això està a la quinta forca".

Contraste capital

Hoy, cuando un abuelo catalán la usa, solo se queja de la distancia. La versión de Madrid es mucho más amable y romántica.

"En el quinto pino" viene de los árboles del Paseo de Recoletos, plantados en tiempos de Felipe V, donde las parejas quedaban en el último (el quinto) para besarse sin ser vistos.

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