En el corazón del Barrio Gótico, entre el bullicio de los turistas y las tiendas de recuerdos, se esconde un oasis de paz inesperado.
Basta con cruzar el umbral de la Catedral de Barcelona para que el ruido de la ciudad se apague. Sin embargo, el silencio del claustro se rompe a menudo por un sonido peculiar.
Guardianas con plumas
No son cánticos gregorianos ni el eco de las campanas, sino el graznido potente de unas aves que campan a sus anchas.
Se trata de las famosas ocas de la Catedral. Son blancas, impolutas y ruidosas, y habitan el estanque central rodeadas de palmeras y magnolios.
La cifra exacta
Lo que muchos visitantes pasan por alto es que su número nunca varía. Siempre hay exactamente 13 ejemplares, ni uno más ni uno menos.
Las 13 ocas de la Catedral de Barcelona
Esta cifra no obedece a razones de espacio ni a la casualidad biológica. Es un homenaje matemático cargado de simbolismo religioso y trágico.
La leyenda de la niña mártir
Las ocas están ahí para honrar la memoria de Santa Eulàlia, la antigua patrona de Barcelona antes de la llegada de la Mercè.
Según la tradición, Eulàlia era una joven cristiana que vivía en lo que hoy es el barrio de Sarrià durante la época romana.
Pastora de las afueras
La historia cuenta que la niña tenía una debilidad especial por los animales. Se dedicaba a pastorear ocas en las fincas de su familia, a las afueras de la muralla romana.
Tres ejemplares de las ocas de la Catedral de Barcelona
Su amor por estas aves es el primer motivo por el que, siglos después, la Catedral decidió acogerlas en su interior como símbolo vivo de la santa.
Trece años, trece torturas
Pero el número 13 hace referencia directa a su final. Eulàlia tenía solo 13 años cuando fue denunciada por profesar la fe cristiana durante la persecución de Diocleciano.
Se negó a renunciar a sus creencias ante el gobernador romano Daciano. Como castigo, fue condenada a sufrir 13 martirios terribles, uno por cada año de su corta vida.
El horror del martirio
La leyenda detalla castigos espantosos. Desde ser encerrada en un barril lleno de clavos y cristales (que rodaron cuesta abajo por la actual Baixada de Santa Eulàlia) hasta la quema en la hoguera.
Finalmente, fue crucificada en una cruz en forma de aspa (cruz de San Andrés), que hoy es el emblema principal de la Catedral y de la diócesis barcelonesa.
Un sistema de alarma eficaz
Más allá de la leyenda, la presencia de ocas en recintos sagrados o militares tiene una explicación práctica que se remonta a la antigüedad.
Las ocas son animales extremadamente territoriales y poseen un oído finísimo. Ante la presencia de extraños, reaccionan con graznidos estridentes y agresividad.
Vigilantes contra ladrones
En la Edad Media, y siguiendo la tradición romana de las ocas del Capitolio, estas aves funcionaban como una alarma biológica perfecta.
Su misión terrenal era alertar a los sacerdotes y guardianes si entraban intrusos o ladrones en el claustro durante la noche para robar las joyas del templo.
La cripta bajo el altar
La conexión entre las aves y la santa es física y espiritual. Mientras las ocas vigilan arriba, los restos de Santa Eulàlia descansan pocos metros más abajo.
El cuerpo de la mártir se encuentra enterrado en la cripta de la Catedral, ubicada justo debajo del altar mayor, en un espectacular sarcófago de alabastro.
La rivalidad de las patronas
Santa Eulàlia fue la patrona única de Barcelona hasta el siglo XVII. Fue entonces cuando la Virgen de la Mercè ganó protagonismo tras, como dice la leyenda, salvar a la ciudad de una plaga de langostas.
Hoy comparten el título de copatronas. De hecho, se dice que cuando llueve durante las fiestas de la Mercè, son las lágrimas de Eulàlia, que llora de celos por haber sido olvidada.
Un atractivo turístico mundial
Actualmente, las 13 ocas son, junto con la Moreneta, los iconos más venerados de Cataluña. Se han convertido en un imán para las cámaras de viajeros de todo el mundo.
El claustro no solo es un lugar de oración, sino un escenario vivo. Allí conviven la historia de una muerte trágica con la belleza de un estanque que rebosa vida.
Tradiciones que perduran
Cuidar de estas aves es una responsabilidad sagrada para el Cabildo. Si alguna oca muere por enfermedad o vejez, es reemplazada de inmediato para mantener la cifra mágica.
Así, el graznido de las 13 guardianas sigue resonando cada día. Es el recordatorio eterno de que Barcelona no olvida a la niña que desafió a Roma hace 1.700 años.
