Bad Bunny está en boca de todos. Es el nuevo referente mundial y la cara popular visible que enfrenta las políticas de Trump. Y, sobre todo, es una estrella de la música.
Hace menos de un mes, el puertorriqueño hacía historia en los premios Grammy al llevarse, entre otros, el premio a la mejor grabación del año y, hace menos de una semana, arrasaba de vuelta con su show en la media parte de la Super Bowl.
La emisión de ese momento fue vista por más de 128 millones de espectadores, y otros tantos millones la han reproducido en diferentes redes sociales. Poco parece quedar ya de aquel Bad Bunny que, en 2017, pisaba España por primera vez, presentando su música.
Lo hizo en escenarios pequeños, como en la sala Moon de Valencia, que el 5 de abril de aquel año lo vio debutar en escenarios españoles. No fue hasta el verano siguiente que el cantante de Nuevayol pisó Cataluña.
Discoteca de referencia
Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre real del artista, no entró a tierras catalanas por Barcelona, sino por Lleida. La discoteca Biloba, que también vio debutar a otros artistas latinos como Rauw Alejandro, Don Patricio o Quevedo, fue el escenario elegido.
Fue un 28 de septiembre de 2017. El artista actuó en una sala cuya capacidad es inferior a 4.000 personas. Por aquel entonces tanto daba; lo importante fue el resultado: las entradas para el show se agotaron de inmediato, en tres días.
Primeros pasos
Aquel concierto, hoy casi mítico para quienes estuvieron, fue el comienzo de una aventura que nadie esperaba. Solo esos primeros fans que acudieron allí vieron un talento que más tarde descubrirían millones de personas en todo el mundo.
El conejito malo todavía no había publicado su primer álbum, X 100pre, el trabajo que consolidaría su salto a la primera línea global. Sin embargo, ya sonaban fuerte sus primeros sencillos Soy Peor, Diles o Tú No Vive Así, que corrían por YouTube, SoundCloud y redes sociales.
Bad Bunny en Biloba de Lleida
No eran himnos de nada, no era Tití Me Preguntó, Amor Foda, La Noche Sin Pies o Café con Ron, pero su música ya se había convertido en banda sonora habitual de clubes y fiestas. Era un nombre al alza en la escena urbana latina.
El formato fue directo y sin artificios: duración ajustada, contacto estrecho con el público y un repertorio basado en los temas que lo habían impulsado desde Puerto Rico a las listas de reproducción de medio mundo.
Una sala visionaria
Quienes lo vivieron recuerdan aquel momento como una actuación cargada de energía, con un Bad Bunny todavía más cercano, sin la distancia que imponen los grandes recintos. Era un momento en el que se podía estar a pocos metros del escenario.
¿Pero qué hacía Bad Bunny en Lleida? En realidad, todo. Por aquellos años, Biloba se había especializado en detectar artistas con potencial antes de su explosión definitiva.
Quién actuó aquí
“Llevamos 20 años en este sector y 10 en Biloba. Los promotores nos contactan para traer artistas que todavía no han despuntado, y nosotros confiamos en nuestro olfato”, asegura el CEO de Bonöbo, Xavier Bosch, a los medios.
Por el club han pasado nombres como Quevedo, Rauw Alejandro, Mora o Don Patricio antes de llenar grandes aforos. Bad Bunny se sumó a esa lista en 2017, cuando todavía era, para muchos, una promesa más del trap latino.
Anuncio de la actuación de Bad Bunny de 2018 en Biloba
No pidió nada más que un buen hotel y un coche que no fuera el Mercedes habitual que la discoteca ponía a sus artistas. Bad Bunny quiso llegar al escenario en un Range Rover 4x4. Y así fue.
El éxito y la buena acogida fueron tales que el puertorriqueño repitió experiencia un año después. En julio de 2018, ya con un caché tres veces superior, el cantante volvió a Biloba para un segundo concierto que confirmó la velocidad de su ascenso.
Segunda vez en Lleida
Esta vez la expectación era mayor, el público más amplio y la presión mediática más intensa. Bosch recuerda una anécdota que resume el cambio de escala: “Tras esa segunda actuación, tuvo que salir corriendo de la discoteca apenas acabó la última canción. ¡Suerte que nos pudimos hacer unas fotos con él antes del concierto!”.
Para quienes estuvieron aquella noche de 2017 en Biloba, la sensación es casi la misma. Por un lado, pueden decir que vieron a Bad Bunny en su primera vez en Cataluña, cuando todavía no llenaba estadios ni encabezaba festivales.
Por otro, muchos coinciden hoy en una reflexión que da sentido al título del álbum y a todo un momento generacional: “Debí tirar más fotos”.
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