Ficha policial de Jeffrey Epstein

Ficha policial de Jeffrey Epstein EFE

Vida

Los chats con las chicas de Barcelona: la mecánica del control de Epstein a distancia

El análisis de las conversaciones de Skype del magnate con jóvenes instaladas en Barcelona expone un sistema de fiscalización diario mediante la gestión de cirugías, pruebas de obediencia y la reconversión de modelos en "asistentes"

Contenido relacionadoLa red de Jeffrey Epstein exploró Barcelona en busca de clases de sadomasoquismo

Llegir en Català
Publicada
Actualizada

Noticias relacionadas

Los miles de documentos desclasificados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos siguen arrojando luz sobre el funcionamiento interno de la red de Jeffrey Epstein en Europa. 

Si investigaciones previas han situado a Barcelona como uno de los nodos logísticos de su entramado —con facilitadores, agencias de modelos y supuestos "castings"—, el análisis de conversaciones privadas mantenidas por Epstein con jóvenes que residían en la capital catalana permite observar con mayor detalle cómo se ejercía ese control desde la distancia.

Las comunicaciones a través de Skype desde la cuenta personal "jeevacation" muestran una relación sostenida en el tiempo con varias jóvenes entre 2016 y 2017. 

No se trata de intercambios puntuales, sino de diálogos prolongados, en los que Epstein adopta de forma sistemática el rol de mentor, evaluador y proveedor económico.

Espera y dependencia

En estas conversaciones, Barcelona aparece como una ciudad de tránsito. Un lugar donde las jóvenes esperan visados, respuestas de médicos, oportunidades laborales o decisiones que, en última instancia, no dependen de ellas.

Epstein interviene en aspectos cotidianos —rutinas de entrenamiento, viajes, contactos médicos— y juzga decisiones personales

Un intercambio de julio de 2017 ilustra cómo un detalle estético menor se convertía en una herramienta para evaluar la obediencia.

Epstein había ordenado a una de las chicas que se quitara un piercing. Ella, ocupada con sesiones de entrenamiento físico que también le había asignado él, retrasó la gestión unos días.

La respuesta del magnate ante la demora fue cortar la comunicación y cuestionar su lealtad: "Han pasado dos semanas desde que te sugerí que te quitaras el piercing. Veo que no vas en serio. Así que buena suerte y te deseo lo mejor".

Captura de pantalla de un chat de Skype de Jeffrey Epstein con una joven residente en Barcelona

Captura de pantalla de un chat de Skype de Jeffrey Epstein con una joven residente en Barcelona Departamento de Justicia de EEUU

La reacción de la joven fue inmediata. Según el registro temporal del chat, en cuestión de minutos abandonó sus actividades, acudió a una tienda para retirarse el pendiente y envió una fotografía como prueba. "Hecho. No más piercing", escribió, disculpándose por no haber priorizado la orden.

Cuando considera que la joven no cumple sus expectativas, introduce reproches y dudas sobre su compromiso. Cuando percibe sumisión o urgencia, reaparece la promesa de ayuda.

Disciplina, culpa y recompensa

Las jóvenes, alojadas a menudo en apartamentos pequeños o compartidos —tal como reportaba su facilitador en la ciudad, Daniel Siad—, vivían en una situación de precariedad. Epstein cubría gastos puntuales, pero utilizaba esas transacciones para redefinir la relación.

Cuando una de las jóvenes le solicitó apoyo emocional en un momento de vulnerabilidad ("Solo necesito a alguien que crea en mí"), Epstein redirigió la conversación hacia el dinero, acusándola de utilizar el victimismo para obtener fondos. 

"No me estás pidiendo consejo ni que crea en ti de verdad, simplemente estás pidiendo dinero [...] Está bien por mí, pero no envuelvas el dinero en un 'no crees en mí'. Es algo que puedes decirle a la gente para que sientan pena por ti. Yo no siento pena", decía. Epstein cierra el argumento con una frase tajante: "You are merely asking for money… own it" ("Simplemente estás pidiendo dinero... asúmelo").

Un mensaje de Jeffrey Epstein en una captura de pantalla de una de sus conversaciones de Skype

Un mensaje de Jeffrey Epstein en una captura de pantalla de una de sus conversaciones de Skype Departamento de Justicia de EEUU

Nada en estas conversaciones ocurre de forma espontánea. El patrón se repite con claridad en los distintos hilos analizados.

Epstein establece condiciones, señala fallos y retira momentáneamente su apoyo. Después, cuando la joven expresa angustia o miedo a perder la oportunidad, vuelve a ofrecer ayuda.

La ayuda económica no aparece como un gesto altruista, sino como el resultado de haber superado una prueba de obediencia. La relación se estructura así en torno a una pedagogía de la culpa, en la que Epstein se reserva la autoridad moral y práctica.

El cuerpo como activo supervisado

El control no se limita a los desplazamientos o al dinero. Uno de los elementos más delicados que emerge de las conversaciones es el control ejercido sobre el cuerpo de las jóvenes. 

Epstein interviene en decisiones médicas, recomienda cirujanos, evalúa resultados y condiciona su apoyo a que se sigan determinados tratamientos o modificaciones corporales.

Las conversaciones incluyen discusiones detalladas sobre operaciones estéticas, tamaños de implantes, técnicas quirúrgicas y plazos de recuperación. 

Captura de pantalla de una conversación entre una joven residente en Barcelona y Jeffrey Epstein

Captura de pantalla de una conversación entre una joven residente en Barcelona y Jeffrey Epstein Departamento de Justicia de EEUU

El magnate desconfiaba de los servicios médicos locales. Cuando una de las chicas le explicó que había visitado a tres cirujanos en Barcelona y ninguno le convencía por precio o confianza, Epstein descalificó su estancia en la ciudad: "Estás perdiendo el tiempo en Barcelona. Es barata, no es sana y es estresante".

Su solución consistía en derivarlas a sus propios contactos médicos en Brasil o Nueva York. En los mensajes, Epstein da instrucciones precisas: "Envía tus datos bancarios. Ve a Brasil. Recoge precios de aerolíneas, la operación, etc.".

De modelo a asistente

Muchas de las jóvenes llegaban a Barcelona con expectativas de trabajar en la industria de la moda. En los chats, Epstein se dedica a desmontar sistemáticamente esas aspiraciones para ofrecer una alternativa dentro de su propia organización.

En julio de 2017, fue explícito con una de ellas sobre la inviabilidad de su carrera: "El negocio del modelaje ya no es lo que era. No hay dinero y tiene poco futuro... lo siento. Has esperado demasiado. El tren ya ha salido de la estación".

Inmediatamente después de cerrar esa puerta, Epstein introducía la oferta laboral que realmente le interesaba: "Asistente, 20-24 años".

Captura de pantalla de una conversación de Skype entre Daniel Siad y Jeffrey Epstein

Captura de pantalla de una conversación de Skype entre Daniel Siad y Jeffrey Epstein Departamento de Justicia de EEUU

En los mensajes siguientes, describe el perfil buscado: jóvenes organizadas, dispuestas a viajar y con capacidad para tratar con "la aristocracia" empresarial o política.

La estrategia consistía en invalidar el proyecto vital de la joven para presentar el puesto de "asistente" como la única salida viable y lucrativa. 

Siad y la vigilancia

Estas conversaciones no se producen en el vacío. Encajan con la estructura ya documentada en otros archivos del caso Epstein, que sitúan a Barcelona como un centro de captación y gestión en Europa.

Tal como revelaron investigaciones previas de el Diari Ara, el franco-argelino Daniel Siad, afincado en la ciudad, actuaba como facilitador para Epstein, enviándole imágenes, perfiles y contactos de jóvenes modelos. 

En las conversaciones analizadas, Epstein menciona en varias ocasiones que ha tenido que "rastrear" a una de las jóvenes "a través de Daniel", lo que refuerza la existencia de un entramado coordinado.

El concepto de "assistant", recurrente en los Epstein Files, aparece también en estos diálogos como una posible salida profesional, vinculada a viajes internacionales y entrevistas con su entorno.