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Durante años, el termalismo en Cataluña ha estado ligado a nombres históricos como Caldes de Montbui, La Garriga o Sant Hilari Sacalm. Sin embargo, un hallazgo realizado hace casi dos décadas bajo el subsuelo metropolitano podría cambiar este mapa por completo. 

A apenas diez minutos de Barcelona, Santa Coloma de Gramenet se prepara para explorar el potencial de unas aguas termales descubiertas de forma casi accidental y que ahora aspiran a convertirse en el eje de una futura ciudad termal.

El proyecto, impulsado por el Ayuntamiento de Santa Coloma, ha entrado recientemente en una fase decisiva tras la reactivación formal de los estudios técnicos necesarios para validar el recurso. 

El objetivo es claro: comprobar si estas aguas pueden convertirse en uno de los principales motores de transformación urbana, económica y energética del municipio.

El hallazgo

El punto de partida de todo se encuentra bajo tierra y no tiene un origen turístico, sino técnico. El hallazgo se produjo en 2004, durante las obras de perforación del túnel de la Línea 9 del Metro de Barcelona.

Los trabajos sacaron a la luz bolsas de agua caliente con temperaturas cercanas a los 60 grados centígrados.  Aquella aparición inesperada llamó la atención de los equipos técnicos y abrió una oportunidad de crear una nueva ciudad termal.

Viabilidad

Desde entonces, el proyecto ha atravesado distintas fases de análisis y planificación, pero no ha sido hasta ahora cuando el consistorio ha decidido avanzar de forma decidida. 

La clave es confirmar científicamente la viabilidad, calidad y sostenibilidad del recurso antes de cualquier explotación a gran escala.

El paso más reciente ha sido la aprobación del inicio de la licitación para la construcción de dos pozos de investigación hidrogeológica, una fase considerada crucial. 

Según el calendario previsto, la adjudicación de las obras se resolverá en el primer trimestre de 2026, lo que permitiría comenzar las perforaciones ese mismo año.

Dos pozos

Cada pozo tendrá una función distinta. El primero estará destinado a un análisis químico exhaustivo del agua durante un periodo de doce meses. 

Se tomarán muestras mensuales que serán analizadas por laboratorios especializados con el objetivo de obtener el reconocimiento oficial de agua mineromedicinal, un sello que debe otorgar la Generalitat y que resulta imprescindible para cualquier desarrollo termal.

Más allá del turismo termal

El segundo pozo será más profundo y ambicioso. Alcanzará entre 200 y 500 metros y permitirá medir con precisión la temperatura real del acuífero, el caudal disponible y la capacidad de recarga.

Desde el Ayuntamiento insisten en que el proyecto no nace únicamente con una finalidad turística. De hecho, las primeras aplicaciones previstas para estas aguas calientes están relacionadas con el abastecimiento y la climatización de equipamientos públicos, como centros educativos y deportivos, aprovechando su energía térmica para reducir el consumo energético convencional.

Este enfoque inicial sitúa el proyecto en el ámbito de la transición energética urbana, una prioridad creciente para muchas ciudades del área metropolitana. El uso de recursos naturales locales permitiría, además, reducir costes y emisiones a medio y largo plazo.

Paralelamente, vuelve a cobrar fuerza una idea que ya se planteó en fases anteriores: la construcción de un gran centro lúdico-termal en la zona de Can Zam, junto al parque y el pabellón deportivo. 

Can Zam, ciudad termal 

Este complejo, que se desarrollaría en fases posteriores, podría incluir piscinas termales, espacios para tratamientos de bienestar y, eventualmente, zonas de alojamiento.

La ubicación no es casual. Can Zam cuenta con buena conexión de transporte público y se encuentra en un punto estratégico del municipio, lo que facilitaría su integración en la vida urbana y su proyección metropolitana.

Transformación urbana

La alcaldesa de Santa Coloma, Mireia González, ha subrayado que el proyecto “ofrece grandes oportunidades para crecer como ciudad”.

Mientras el primer teniente de alcalde, Toni Suárez, ha señalado que existe la posibilidad de convertir el municipio en “un gran polo de atracción en el contexto metropolitano”.

De confirmarse el potencial del acuífero, Santa Coloma podría situarse en un escenario inédito: el de una ciudad termal contemporánea, integrada en el área metropolitana de Barcelona, con usos energéticos, sociales y turísticos combinados.

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