Se acabaron los canelones de Sant Esteve, el tortell de Reyes, los turrones y compañía. Enero ya está aquí y la carpeta de la Navidad vuelve al cajón. En una época de excesos, es normal haber comido de más y no hay razones para tener remordimientos. Le pasa a todo el mundo. La clave está en el equilibrio, el famoso yin y yang.
El ejercicio es vital para recuperar un estilo de vida saludable y existen deportes para todos los gustos. Es momento de engrasar la cadena, pues la bicicleta es una aliada perfecta para la cuesta de enero por su bajo impacto articular y alto consumo calórico. En estas líneas se proponen cuatro rutas sobre dos ruedas en Cataluña, ideales para reactivar el cuerpo, mezclar el reto físico con el paisaje y empezar el año rodando.
Fondo físico suave
La Vía Verde del Carrilet es el clásico que nunca falla para quienes buscan quemar calorías sin castigar las articulaciones. Con unos 40 kilómetros de trazado sobre el antiguo recorrido del tren, esta ruta ofrece una pendiente imperceptiblemente favorable si se hace en dirección al mar. Es el escenario ideal para una sesión de "cardio" constante, permitiendo mantener un ritmo estable que activa el metabolismo sin picos de esfuerzo agónicos.
Vía verde del Carrilet
El premio visual es la transición del paisaje: se empieza entre los bosques mediterráneos del macizo de las Gavarres y se termina sintiendo la brisa salada de la Costa Brava. Llegar al puerto de Sant Feliu de Guíxols tras un par de horas de pedaleo constante regala una sensación de logro y desconexión absoluta, cambiando el asfalto urbano por el horizonte marino.
Llano infinito
Para los habitantes del área metropolitana que no quieren coger el coche, el Delta del Llobregat es un oasis de tierra compacta y caminos llanos. Esta red de senderos, que serpentea entre el río y los espacios naturales protegidos, permite un entrenamiento de resistencia pura. Al no existir desnivel, la clave aquí es la cadencia: mantener un pedaleo alegre y continuo que hace sudar la camiseta casi sin darse cuenta.
Ruta en bicicleta por el Delta del Llobregat
Rodar por aquí ofrece un contraste sorprendente. A pocos kilómetros de la ciudad, el paisaje se transforma en humedales, miradores de aves y playas solitarias de invierno. Es una ruta perfecta para oxigenar los pulmones y limpiar la mente, con el sonido de los aviones y el mar de fondo, lejos del caos de los semáforos y el tráfico del centro.
Cambios de ritmo
Perderse entre viñedos es la mejor opción para quien busca un entrenamiento interválico natural. La comarca del Alt Penedès, con epicentro en Vilafranca o Sant Sadurní, ofrece una red infinita de caminos rurales asfaltados y pistas de tierra. No hay grandes puertos de montaña, pero sí un terreno "rompepiernas" de constantes subidas y bajadas cortas que obligan al corazón a trabajar con intensidad variable.
Sant Sadurni d'Anoia
En enero, las viñas descansan mostrando unos tonos ocres y desnudos que transmiten una calma especial. Pedalear entre masías y bodegas, con la silueta de Montserrat vigilando a lo lejos, convierte el esfuerzo físico en un paseo sensorial. Es el entorno ideal para recuperar la explosividad y la fuerza en las piernas disfrutando del silencio del campo.
Aire de montaña
Si lo que se busca es frío para espabilar el cuerpo y la mente, la Ruta del Ferro i del Carbó, en el Ripollès, es la respuesta. Este trazado histórico de unos 12 kilómetros (ida) presenta un "falso llano" que pica constantemente hacia arriba. La subida es suave pero continua, exigiendo un esfuerzo sostenido que se agradece al notar cómo el aire puro del prepirineo llena los pulmones.
Ruta del Ferro i del Carbó
El recorrido avanza paralelo al río Ter, rodeado de vegetación y vestigios del pasado industrial de la zona. Es una inmersión total en la naturaleza que culmina en Sant Joan de les Abadesses, ofreciendo después el regalo de un descenso rápido y divertido de vuelta a Ripoll. Una dosis de montaña exprés para borrar cualquier rastro de letargo navideño.
Kilómetros de terapia
Al final, estas rutas ofrecen algo más valioso que la simple quema de calorías: la libertad de movimiento. Enero suele ser un mes de restricciones y listas de tareas, pero la bicicleta nos permite cubrir distancias y cambiar de escenario con rapidez. Sentir el viento en la cara y sumar kilómetros es la mejor manera de transformar los propósitos de Año Nuevo en una experiencia vital, convirtiendo la "cuesta de enero" en un repecho que se supera mejor a golpe de pedal.
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