El Govern ha confirmado la destitución del mayor de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluís Trapero (Badalona, 1965). Aunque el alto mando policial puede continuar dentro del cuerpo en otro puesto, su sustitución por Josep Maria Estela supone una degradación para el que fuera un hiperlider dentro de la fuerza regional de seguridad. 

La nueva cúpula de Mossos d'Esquadra encabezada por Josep Maria Estela / MOSSOS

En efecto, el primer mayor de la historia de los Mossos cierra una trayectoria cuando menos polémica al frente de una fuerza que componen 17.361 policías en Cataluña. Un currículum rodeado de ruido sobre todo desde que Trapero alcanzara el máximo puesto en el escalafón policial en abril de 2017, un año funesto en la política catalana. 

Paella con Puigdemont y Rahola

Trapero se encaramó aquel ejercicio al cénit de su carrera profesional tras una larga trayectoria en el campo de la seguridad pública. Pero por el camino pagó el precio de acercarse en demasía al nacionalismo catalán. Lo hizo de forma simbólica, primero, al cometer un error de bulto y acudir a la paella veraniega que organiza anualmente la tertuliana Pilar Rahola en su chalé de Cadaqués (Girona) en 2016. 

La presencia del máximo responsable policial --en aquel momento ya era comisario jefe de Mossos-- en un guateque con el expresident Carles Puigdemont, entre otros, despertó recelos y dudas sobre su independencia profesional. En 12 meses de infarto, Trapero fue nombrado oficialmente mayor en primavera de 2017 y pilotó a los Mossos durante la gestión de los atentados yihadistas de agosto de aquel año en Barcelona y Cambrils (Tarragona). 

Héroe del nacionalismo

Posteriormente a los salvajes ataques en furgoneta, el alto mando se volvió a dejar querer por el nacionalismo. Lo hizo ciñéndose a la lengua catalana en las explicaciones posatentado, lo que generó incluso una línea de camisetas independentistas con una respuesta suya a un periodista internacional: "Bueno, pues molt bé, pues adiós". 

Camiseta con el rostro del mayor de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluís Trapero, de Samarretes-Cat / CG

Sin solución de continuidad y desde aquella atalaya, Trapero lidió con el referéndum ilegal de secesión del 1 de octubre de 2017. El papel de los Mossos fue duramente cuestionado, pues en muchos colegios electorales, los policías autonómicos se limitaron a enviar a los ya famosos binomios, dejando a las unidades de orden público de Policía Nacional y Guardia Civil el incómodo papel de desactivar a las masas que protegían las mesas electorales. 

Imputado

El rol de Mossos el 1 de octubre de 2017 fue algo más que discutido. La juez Carmen Lamela, primera instructora de la macrocausa del procés, apreció indicios delictivos en la conducta del mayor y lo envió a juicio. Junto a él, se sentaron en el banquillo el exdirector de los Mossos Pere Soler, el ex número dos de Interior César Puig y la intendente Teresa Laplana

En octubre de 2020, el tribunal especial falló. Absolvió a los cuatro de presuntos delitos de sedición y desobediencia, al no ver probado el papel colaborados de los Mossos d'Esquadra en el órdago secesionista de 2017. 

Equilibrios

Aunque no se devengaran responsabilidades jurídicas, las decisiones de Trapero dejaron tocada la imagen de Mossos d'Esquadra ante el resto de policías y la ciudadanía, así como ante un independentismo al que antes el mayor se había acercado sin disimulo. En el plano policial, no se perdonó que la fuerza pública regional dejara la mayoría de cargas policiales del 1 de octubre a los otros dos cuerpos, pese a que las tres fuerzas actuaban en teoría bajo un mando unificado

La sala de la Audiencia Nacional durante la declaración de Trapero / EFE

La absolución judicial tampoco congració al mayor --fue destituido en aplicación del artículo 155 en Cataluña-- con el nacionalismo radical. Trapero había tratado de trazar algunos equilibrios al declarar en la Audiencia y el Tribunal Supremo, donde se juzgó a los exconsellers del Govern y a los Jordis por rebelión y malversación por los hechos de 2017, que sus hombres tenían un plan para detener a Carles Puigdemont y que él mismo estaba dispuesto a ejecutarlo. 

Restituido

Como ha ocurrido con otras figuras, en este caso políticas, la virulencia del procés devoró el perfil elevado que había adquirido Trapero. Su papel dejó mal sabor de boca a los partidarios de las distintas opciones territoriales en Cataluña. Junts maniobró y le tendió un guante en noviembre de 2020, cuando lo restituyó como mayor tras su absolución en la Audiencia Nacional. Trapero volvía a la cumbre tras el levantamiento del 155. 

Antes, no obstante, el también excomisario había dejado claro en su única entrevista hasta ahora en TV3 que si se repitieran los hechos de 2017, los Mossos d'Esquadra "deberían cumplir la ley", como asegura que hicieron en plena tormenta soberanista. 

Viajes a Madrid

El mayor siguió tejiendo la red de equilibrios que le habían permitido ser el primer funcionario público en ocupar el cargo de mayor de los Mossos d'Esquadra en Cataluña. Cuidó más su imagen pública, restringiendo sus contactos con los medios, aunque se sumió en otra crisis en verano de 2021, cuando Crónica Global publicó en exclusiva que se había desplazado en secreto a Madrid. 

En la capital, Trapero despachó en el Palacio de la Zarzuela, el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional, tribunal en el que él mismo se había sentado en el banquillo de acusados un año antes. El policía viajó sin informar a su superior político, el consejero de Interior Joan Ignasi Elena, precisó este medio. A la postre, esa metedura de pata ha sido demasiado y ha terminado poniendo fin a la carrera del efectivo policial. Al menos en la cúpula de los Mossos.