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Los martes no son días de mercadillo. Muy pocos se celebran este día, al menos, en Cataluña. Por eso son muy conocidos.

El caso más típico es el de Sant Adrià de Besòs (Barcelona). El Mercat d’Encants se instala cada semana y reúne una oferta muy variada en un mercado ambulante que acumula más de nueve décadas de historia.

La actividad se concentra durante la mañana y convierte el entorno de la avenida de les Corts Catalanes en uno de los puntos habituales de comercio ambulante del municipio.

Actualmente, diferentes directorios especializados sitúan el número de puestos por encima de los 300. La variedad es precisamente una de sus características.

Qué se vende

Entre los productos que se pueden encontrar aparecen frutas, verduras y hortalizas, además de ropa, calzado, bolsos, cinturones, flores, plantas, menaje, droguería, mercería, bisutería y diferentes productos de alimentación.

El mercado tiene una historia mucho más larga que la de su actual ubicación. Los primeros antecedentes documentados se remontan a 1934, aunque la documentación patrimonial apunta que la tradición podría ser todavía anterior.

El parón de la guerra

Dos años después, en 1936, a causa de la Guerra Civil, se realizó el primer padrón para regular la actividad.

En aquella época, las paradas se instalaban alrededor del mercado municipal y en la calle de Bogatell.

Con el paso del tiempo, el mercadillo fue ampliando su espacio y llegó hasta la avenida de Joan XXIII.

El emplazamiento generaba problemas para la circulación y en 1978 se estudió la posibilidad de trasladarlo a la Rambleta.

Nuevo emplazamiento

El cambio no llegó entonces. Finalmente, en 1983, el pleno municipal aprobó el emplazamiento que acabaría convirtiéndose en el actual, bajo el puente de la antigua autopista A-19.

El lugar donde se celebra actualmente es una de las particularidades más reconocibles del Mercat d’Encants.

Destino final

Las paradas ocupan el espacio bajo el puente de la autopista, en el entorno de la avenida de les Corts Catalanes.

La documentación patrimonial describe puestos pequeños, de entre dos y cuatro metros, y destaca la continuidad del mercado durante más de ocho décadas.

La actividad se mantiene cada martes durante todo el año, salvo cuando la jornada coincide con un día festivo. En ese caso, la celebración se adelanta a la víspera.

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