Berto Romero no para pero, como todo ser humano, necesita su válvula de escape. La tiene. Cuando la presión de la gran ciudad y las giras aprietan, el humorista vuelve a sus orígenes para cargar pilas.
Su refugio está en Cardona, una localidad de poco más de 5.000 habitantes marcada por una historia medieval que todavía permanece en sus calles, su castillo y sus edificios históricos.
El catalán ha nacido y se ha criado allí y no ha querido olvidar sus orígenes. De ahí que Cardona siga siendo un lugar al que volver. Aquí conserva sus raíces más profundas. Como la propia ciudad.
La fisonomía de la localidad conserva buena parte de su carácter medieval, con calles empedradas, plazas porticadas y edificios que recuerdan el pasado de la villa.
Un castillo de película
El gran emblema que corona este refugio es su imponente castillo del siglo IX. Esta fortaleza militar, considerada una de las grandes construcciones del románico catalán, domina el entorno desde lo alto de una colina.
Este espacio sirvió de escenario para el rodaje de la célebre película Campanadas a medianoche.
Qué se filmó aquí
Las filmaciones tuvieron lugar en la Colegiata de Sant Vicenç y en el propio Castillo de Cardona, cuya silueta entre las brumas matinales aportó una atmósfera especial a la cinta de Orson Welles.
El director estadounidense aprovechó también las estancias interiores de la fortaleza para recrear la Abadía de Westminster.
La arquitectura exterior y el templo británico tienen poco que ver, pero los espacios interiores permitieron transformar el castillo en uno de los escenarios de la película.
El castillo es uno de los grandes complejos fortificados del territorio de Barcelona. Su emplazamiento en lo alto de la colina explica también uno de sus sobrenombres: el castillo de las nubes.
Cómo es la fortificación
La silueta de la fortaleza aparece en ocasiones rodeada por la niebla baja. La colina alcanza los 585 metros de altitud y las condiciones climáticas de la zona favorecen este efecto.
En la actualidad, parte de las antiguas dependencias de la fortaleza se han transformado en un parador nacional, lo que permite alojarse dentro de un conjunto histórico que conserva buena parte de su estructura.
Qué ver en Cardona
El interés histórico no se limita a la cumbre. A los pies del castillo se despliega el casco antiguo, configurado por calles estrechas, plazas porticadas y palacetes vinculados a siglos de historia.
Muchas de estas edificaciones sufrieron los asedios y batallas de la Guerra de Sucesión de 1714, mientras que las grandes residencias señoriales reflejan la importancia económica que tuvo la explotación de la sal.
En el entramado urbano destaca la iglesia de Sant Miquel, construida durante el siglo XIV.
Su ábside poligonal de siete lados y su nave única custodian la imagen de la Mare de Déu del Patrocini, trasladada desde Marsella en 1423.
La iglesia
La capilla gótica de Santa Eulàlia, perteneciente a la misma época, complementa el patrimonio religioso de la villa.
Los accesos y plazas articulan buena parte de la vida del casco antiguo. El portal de Graells representa la única entrada principal de la antigua muralla que se mantiene en pie y conduce hacia la plaza del Mercat.
El mercado
La zona del mercado conserva sus porches y recuerda la función comercial que tuvo esta parte de Cardona durante siglos.
La plaza de la Fira sigue siendo uno de los principales puntos de reunión de la localidad.
Vías como Sant Joan y Sant Miquel conservan viviendas adosadas con fachadas de piedra y balcones de hierro forjado, integradas en el entramado medieval que mantiene la localidad.
Más allá de la monumentalidad del castillo y del casco antiguo, Cardona guarda otro de sus grandes elementos patrimoniales: el Valle Salino.
Las minas de Cardona
En este espacio se encuentra la Montaña de Sal, una formación geológica que alcanza más de 120 metros de altura visible y que convierte el paisaje en uno de los más singulares de la localidad.
La montaña forma parte de un enorme depósito de sal acumulado durante millones de años. Bajo la superficie, el yacimiento se prolonga hasta unos 2.000 metros de profundidad.
El refugio de Berto
Las lluvias y la erosión modifican progresivamente las formaciones salinas, mientras que el antiguo conjunto minero permite recorrer parte de las galerías excavadas en el interior de la montaña.
Para Berto Romero, sin embargo, el valor de este lugar está también en lo cotidiano. Aquí no hay alfombras rojas ni flashes, sino vecinos que lo conocen desde la infancia y un entorno ligado a sus primeros años.
Noticias relacionadas
- El pueblo medieval ideal para recorrer a pie que enamoró a Picasso: 2 estancias, un olivo de 2.000 años y un estudio de creación
- Gran festín alemán con codillo, ensalada de patata, bretzels y cervezas de litro hasta el 11 de octubre en Cataluña
- El mercadillo semanal ideal para visitar cada domingo: 400 paradas, bisutería y 10.000 visitantes
